La visita de Nada Surf

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Por Eduardo Moraleda Mazo.

 

Llegamos tarde, cuando estaban acabando su actuación Waters, los teloneros. La verdad es que lo lamento ya que, los dos temas que nos dio tiempo a escuchar, sonaron muy bien. Sus guitarras eran contundentes e iban directas al público y la gente parecía disfrutar. Tengo que oírlos más despacio, me sorprendieron.

 

La cola antes de entrar era considerable y la noche junto al Manzanares fría, pero eso no importaba. En los aledaños se vendía merchandising no oficial y las clásicas cervezas de toda la vida. Y por fin, dentro de La Riviera, una nueva oportunidad de ver a mi grupo de referencia, ni más ni menos que unos revitalizados Nada Surf, presentado su nuevo álbum, The Stars are indifferent Astronomy. No puedo negar que soy muy fan y quizás me deje llevar por la parcialidad, pero creo que de eso se trata, de contar cosas de forma apasionada sobre eventos apasionantes.

 

Los Nada Surf dan sus primeros pasos en Brooklyn, Nueva York en 1992 y desde ese momento a Matthew Caws (guitarra y voz), Ira Elliot (ex los Fuzztones a la batería y voz) y Daniel Lorca (bajo y voz), les han colgado varias etiquetas que van del rock alternativo al electro pop, pasando por el power pop, indie y hasta grunge. Da igual, hay que oírlos para comprobar la razón por la que, como se suele decir, no tienen desperdicio.

Venían del festival Turborock para tocar tres días de febrero en Santiago de Compostela, Madrid y Barcelona. Un fin de semana agotador para una banda que se encuentra en plena promoción de su décimo disco, el séptimo de estudio. Además contaron el apoyo de lujo del magistral guitarrista Doug Gillard y la trompeta de Martin Wenk, de Calexico, que estuvo tremendo. Esa es la esencia del directo, añadir a la coctelera nuevos matices y novedades que no aparecen en el álbum. De verdad, enormes.

 

¡Buenas noches!

 

Mi nivel de exigencia hacia ellos es máximo, por eso al principio del concierto las expectativas no se cumplieron. Es posible que por el sonido, no del todo bueno, o por nuestra cercanía a la banda. El caso es que poco a poco, con cada paso que dábamos hacia atrás, fueron entrando en faena a medida que iban sonando Happy Kid, Teenage dreams, Weightless, Jules and Jim, 80 windows, When I was young, The way you wear your head o la bestial Hi-speed soul donde el publico ya llevaba tiempo completamente entregado. Demostraron que viven su etapa más dulce en directo con dos horas de grandes momentos.

 

No podía faltar su particular guiño y homenaje a Mercromina, orgullo patrio, con la versión de Evolution antes de dar paso a los bises. Hasta dos veces tuvieron que volver, con Daniel Lorca emocionado con sus orígenes y Matthew Caws muy conectado y dicharachero con el público, y si se me permite la licencia, flipando. Me hizo mucha gracia esa expresión suya medio güiri medio vallekana de “¡Que fuerte!” en referencia al publico, estaba encantado y nosotros con ellos.

 

Del primer bis cabria destacar la emotividad vivida con Always love, un himno personal y de muchos de los que me rodeaban y que durante unos instante nos transportó a otro tiempo y otro lugar.

En el segundo no podía faltar ese temazo llamado Popular, un clásico de la banda e imprescindible para entender su música, potente y electrizante. Y para concluir que mejor manera que con todo el mundo cantando ese “¡Ooooooooooooooooooooooh, fuck it!,  I’m going to have a party!”, de Blankest year.

¡Buenas noches y hasta siempre!

 

No, no estábamos jorobados (por no ser más explicito) y nos habíamos pegado una gran fiesta ¡Grande el rock independiente, power pop, electro pop o como lo queramos llamar! ¡Enormes los Nada! ¡Always love!

 

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