César Vallejo, 120 años como si fuera ayer

Por Adán de Maríass.

 

Como no había Registro Civil en 1892 en Santiago de Chuco, provincia del Departamento de La Libertad, César Abraham Vallejo Mendoza no pudo ser inscrito por sus padres don Francisco de Paula Vallejo Benítez [nacido en 1840] y Doña María de los Santos Mendoza Gurrionero [nacida en 1850] en el Acta de Nacimientos.

 

 

Nace César Vallejo el 16 de marzo de 1892 [fecha actualmente discutible no aceptada por los vallejólogos] el último de once hermanos, sus rasgos mestizos se deben a que sus abuelas fueron indígenas chimú y sus abuelos sacerdotes gallegos mercedarios. Desde niño sus padres lo motivaron para el sacerdocio; de allí se explican las constantes referencias religiosas en sus versos. La madre anhelaba que su hijo sea papa, obispo o santo, porque en las fiestas religiosas de su pueblo él iba muy ceremonioso con el bello estandarte al lado del cura y del alferado; le gustaba mucho ser el estandartero del pueblo.

 

Los estudios primarios los realiza en el Centro escolar Nº 271, y los estudios secundarios en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco [1905-09], donde destaca como un notable alumno. En 1911 viaja por primera vez a Lima para matricularse en la Facultad de medicina de San Fernando pero luego abandona ese propósito. Estudia en la Universidad de Trujillo y egresa como Bachiller de la Facultad de Letras en 1915, con su tesis “El romanticismo en la poesía castellana”. En agosto de 1918 muere su madre doña María de los Santos. En 1919 aparece su primer libro de poemas titulado Los Heraldos Negros sin el esperado prólogo del ilustre Abraham Valdelomar. Luego pasó 112 días en una cárcel de Trujillo al ser acusado por incendiario y participar en disturbios políticos; fue absuelto el 26 de febrero de 1921.

 

Regresa a Lima, donde en el año de 1922 gana un concurso de cuentos, con su relato: «Más allá de la vida y de la muerte». El dinero de este premio le ayuda a imprimir Trilce, su segundo poemario que cumple 90 años de haber sido publicada, y libro fundamental de la poesía vanguardista hispanoamericana.

En marzo de 1923 se publica su primera obra narrativa: Escalas melografiadas y dos meses después Fabla salvaje. En junio de 1923 compró un pasaje de barco a París [el vapor Oroya] con la intención de regresar después pero el destino se lo impidió, y nunca más pudo regresar a su patria. Un mes después llega a Francia, con graves problemas económicos y de salud. En 1924 muere su padre. Sus ingresos —insuficientes— provenían del periodismo y de traducciones. Vallejo vivía aquí y allá en hoteles míseros, tanto así que en las peores ocasiones dormía algunas horas en el metro de París hasta que lo cerraban a la una de la mañana, luego a deambular como si fuera un espectro por toda la ciudad hasta que amanezca y pueda salir de entre las sombras, viviendo de los pocos fondos que le llegaban del Perú por sus colaboraciones periodísticas. En el año de 1929 se casa con Georgette Philippart, quien lo acompañará hasta el final de sus días, y a quien llamaba cariñosamente ‘Hirondelle’, golondrina en francés.

 

El 7 de marzo de 1931, apareció su única novela El tungsteno. Se inscribió en el Partido Comunista Español. Años más tarde la Guerra civil española lo conmovería tanto que escribe España, aparta de mí este cáliz, y también su extraordinario libro Poemas humanos.

 

El humor es connatural en Vallejo y las anécdotas son muchas, una de ellas es que él siempre vestía su clásico terno plomo, hasta que uno de esos días se presentó ante sus amigos con un terno de color negro, entonces sus amigos le gastaron una broma diciéndole «estás de luto César» y él les respondió con sutil ironía «sí, es que ha muerto mi terno plomo».

Otra anécdota es que Vallejo les comenta a sus amigos que es tan fuerte el calor veraniego que le ha quitado hasta el hambre, y él con su característico humor negro añade diciendo «felizmente».

 

Se le veía cada vez menos a Vallejo y también escribía menos, «si no hay editores que quieran publicar mis obras para qué voy a escribir». Su obra en prosa incluye también el interesante cuento Paco Yunque.

 

Desde el domingo 13 de marzo  en que empieza su fatal decaimiento hasta las 9 y 20 de la mañana de un viernes santo 15 de abril de 1938, exactamente 34 días de empezar a padecer de una enfermedad misteriosa tal vez a causa de encontrarse sumamente debilitado, muere en la clínica Aragó; cuatro días después es enterrado.

 

César Vallejo, poeta de conmovedora intensidad y altura, quien muchas veces fue secuestrado por feroces penurias, y quien tuvo en la inteligente espontaneidad del humor otra manera de sentirse dentro de la vida misma. Lo imagino muy lejos escribiendo sus poemas, luchando contra la infame adversidad que le borra los versos creados, y él tesoneramente volviéndolos a escribir, mientras el implacable tiempo vuelve a pasar delante de él como si le advirtiera que la vida tiene un tránsito muy fugaz.

 

Pensar que la fecha de muerte de César Vallejo [los heraldos negros que nos manda la muerte] veintidós años después es la fecha de mi nacimiento, mientras él muere un viernes santo, yo nazco la madrugada de un viernes santo a este valle de lágrimas a donde yo nunca dije que me trajeran.  

 

2 respuestas a César Vallejo, 120 años como si fuera ayer

  1. La coincidencia de mi foto con la del ilustre Vallejo, ante la gran puer-ta de Brandenburgo(qué pequeñito me siento, y qué atrevido soy),solo pue-de ser eso, querido amigo y gran poeta: una feliz coincidencia, y nada más. En cambio lo tuyo(no importan los años posteriores),de nacer cuando él muere,no es una coincidencia. Es la misma mano magistral evitando a toda costa que la gran puerta de la poesía, desde el otro lado del umbral, se cierre para siempre. Gracias Adán de Mariass, por ilustrarnos una vez más con tus artículos.

    Fernando Mena López
    23 julio 2014 at 15:50 pm

  2. Adán de Mariass: lo tuyo con Vallejo,de nacer cuando él muere (no importan los años posteriores),no es una coincidencia. Es la misma mano magistral evitando a toda costa que la gran puerta de la poesía, desde el otro lado del umbral, se cierre para siempre. ¡Celebremos esto! Y gracias por ilustrarnos,por acercarnos esta vez a Vallejo.

    Fernando Mena López
    23 julio 2014 at 16:03 pm

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