No leas esto

 

Por Facundo Calbó Leyes.

 

No leas esto. No es un truco que he ideado para llamar tu atención, no es un eslogan publicitario con trampa y cartón, tampoco un gesto ingenioso de mi columna de opinión para que, de hecho, hagas lo contrario de lo que te exhorté a hacer. Así que, va en serio, te doy el mejor consejo que te puedo dar: no sigas leyendo.

 

No te rías pensando que es una contradicción escribir y pedirte que no leas. Quiero las dos cosas porque, a decir verdad, no entiendo esa manía que tiene la gente de creer que lo que ellos opinan sobre nada le importa a alguien. Hoy, quien más o quien menos, se ha creado un blog personal con la ilusión de expresar sus dichas y desdichas diarias sobre temas como: cocina, amor, música, libros, pintura, astronomía, gimnasia, adelgazamiento, cine, papiroflexia, maquillaje, termodinámica, blogs, etc. A excepción de algunas pocas, esas páginas son obsoletas para cualquiera. No habrá más que revisar el número de comentarios y visitas que reciben para comprobar que las cifras giran siempre en torno al cero.

 

Yo no tengo esa manía. Estoy seguro de que a nadie le importa lo que yo opine sobre nada, ni sobre filosofía (acabando la carrera de filosofía) ni de música (siendo guitarrista desde que tenía 14 años). Tanto es así que no hallo en mí ganas de que me leas ahora. Déjame insistir en aquello que ya he dicho más arriba: no leas esto.

 

Lo que pasa con los millones de aficionados a la escritura, a la redacción de ideas y pensamientos, de curiosidades y particularidades, se da en idéntica escala que la creación artística en cualquiera de sus dimensiones. En España cada año se llegan a recibir miles de nuevas maquetas, elepés o cedés de gente cuya música rara vez importa algo. La pretensión de estos músicos prematuros es la misma que la de los escritores: ser escuchados o ser leídos, que la mirada se pose ante ellos por el máximo tiempo posible. Entiendo que es así porque tienen la manía, mencionada ya, de creer que lo que ellos componen o escriben le importa a alguien. Por otro lado, no será necesario aclarar la mediocridad que impregna casi la totalidad de estos productos, teniendo la certeza de que sus autores no se rendirán, más bien todo lo contrario, seguirán grabando sus canciones o blogueando, no haciéndonos falta alguna.

 

Por lo que a mí respecta no tengo nada que decir. Ni siquiera tengo la calidad suficiente como para no decir nada con palabras rimbombantes o retorcidas como hace la mayoría (es la especialidad de nuestros días). No tengo un tema único del que hablar, le he dado vueltas y nada, no aparece. A pesar de que en esta revista estoy en una sección sobre pensamiento, sigo sin tener muy claro que pueda pensar algo y que a alguien le importe. Aun así, aquí estoy, escribiendo.

 

Si sigues sin creer, después de tantas palabras, que escribo sin interés de que me leas, haré un último esfuerzo. He mencionado una manía de nuestra época que afecta a los creadores, quedó claro, pero ésta tiene su contrapartida: los lectores, oyentes y observadores. ¿Tan poca estima tienen a su tiempo para poder desperdiciarlo? Son mirones que van fisgoneando los cadáveres que son casi todos los blogs o revistas, o casi todos los elepés y maquetas inservibles que hay en la red y fuera de ella. Para mí son voyeurs de lo mediocre. Con tantas cosas buenas por hacer, por leer y por oír, están aquí o allí; no se entiende. En todo caso (como presiento que sigues leyendo) mientras tú quieras ser voyeur de lo vulgar yo exhibiré palabras medianas ya que, detrás de todo esto, mi única ambición es la de aprender a no ser un escritor pobre, sino algo más, a la de no ser un músico mediocre sino algo más.

 

No deberías haber leído hasta aquí, te avisé. Para otras ocasiones, si las hubiera, recuerda que por mucho que lo finja no te voy a contar algo que realmente merezca la pena ser contado. Al menos no por ahora. Puede ocurrir que con el tiempo le tome el pulso a la escritura y que, incluso, encuentre algo grande que decir. Quizás, en el futuro, escriba un texto que no sea mediocre y del que esté orgulloso de que se lea. De ser así, habrá sido, en parte, gracias a que me leyeras hoy sin yo quererlo.

 

Hasta entonces, como es sabido, una sola golondrina no hace verano.

Una respuesta a No leas esto

  1. Por mi nombre sabrás quien soy, he caido, he sido debil y a pesar del título de este texto, LO HE LEIDO. ¿Me hace ser un voyeur de lo bulgar?.
    Efectivamente todos expresamos nuestras ideas sin que a nadie le importe, pero eso no es lo malo, lo peor es expresar lo que sabes que a nadie importa y sentirte tan importante como si el mundo se parese para leer o ver lo que has hecho u opinado.
    De todas formas no estoy del todo de acuerdo contigo. Hay que investigar, hay que buscar, ser un voyeur si es necesario, porque a veces esos que no se dejan ver demasiado o estan algo escondidos son los que realmente merencen la pena un rato de tu tiempo y darles tu atención, porque verdaderamente interesantes.
    Siempre con AMOR.

    Doodoo
    26 marzo 2012 at 14:41 pm

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