Asesinato en el Kremlin

 

Por Juan Laborda Barceló.

 

Asesinato en el Kremlin. Alejandro M. Gallo. Rey Lear. 222 páginas.

 

“Cuando ante nosotros se abran abismos, hemos de crear

 puentes para salvarlos.”

        

Hace algunos meses, cuando le comenté a un amigo que había caído en mis manos un interesante libro con este título, me contestó divertido:“en el Kremlin no hay asesinatos, en todo caso, purgas”. El acierto del chascarrillo no desmerece en absoluto la obra que nos ocupa. Cualquier lector, formado en los vericuetos de Clío, entenderá lo certero del comentario.

 

El mínimo necesario que una novela histórica debe reunir es el rigor en la construcción de los ambientes del pasado (políticos, sociales y cotidianos…), sin tener por ello que renunciar a verosímiles y creativas infidelidades históricas, sazonando todo ello con una trama humana que otorgue una mayor cercanía e interés al texto. La novela de Gallo cumple con nota tales exigencias, adentrándonos en un terreno reflexivo mucho más jugoso: el de las ideologías y las identidades.

 

La premisa será la investigación del asesinato en Leningrado de Serguei Kirov, dirigente del Partido Comunista, pero no por ello podemos sumar este texto a los incontables proyectos de best seller que pueblan las librerías, en los que la justificación de la narración es un homicidio en cualquier período de la Historia que nos venga en gana. En este caso, la investigación se nos antoja una excusa para adentrarnos en la figura, cada vez más grande desde su perspectiva humana, de Igor Litonev, Comisario de la Milicia encargado de resolver el misterio.

 

El momento elegido para situar los hechos, como señalará el personaje de la esposa del protagonista, Nadezhda, es un paradigma de los argumentos que recorren la novela. En 1934 se dieron simultáneamente el inicio de las purgas de los dos grandes regímenes totalitarios del mundo: el nacionalsocialismo y el stalinismo mostraron sus más afiladas garras ante sus propios ciudadanos. La ausencia de maniqueísmo siempre ha sido un valor en alza, pero lo es aún más en los días que nos ha tocado vivir. Entre sus líneas abunda esa idea y se van desgranando conceptos, a veces sutiles, terribles otras, en torno a ella, como la amistad interesada del protagonista con una periodista norteamericana (a los rusos les gustaba más el Lucky Strike que su propio tabaco), las reflexiones sobre la creación de los mitos en EEUU y la URSS antes de que surgiese ese invisible telón de acero que escindió el planeta en dos bloques antagónicos o la constante sensación de que el peligro reside en el poder mismo, tenga éste el rostro que sea. Llegado un punto de la novela los mayores peligros provienen de la NKVD, la terrible policía secreta soviética, y del propio estamento político, cuyos intereses se anteponen literalmente a la justicia.

 

Litonev es un personaje al estilo de los grandes de la literatura rusa, pues se verá sometido al peso de unas emociones que no puede mostrar. No es un iluso, ni un idealista, es un hombre que hace lo que debe en tiempos difíciles, lo cual le convierte en el arquetipo del detective de novela negra, pero perfectamente encajado en sus coordenadas temporales. Además, deberá hacer frente al pasado que se le viene encima, a situaciones que le resultan intolerables y a su propia caída en desgracia por hacer lo que sabe que no es justo, sino necesario.

 

Asesinato en el Kremlin es una novela amena y profunda que se atreve a incidir, en medio de una bien urdida trama negra, en la indefensión del ciudadano frente a la manipulación del estado. La fuerza represora de los regímenes totalitarios (sean del signo que sean), los peligros del fanatismo doctrinario, la maleabilidad del individuo obligado a sobrevivir frente a la injusticia y la sensación de que la esperanza única, y no por ello menor, reside en las personas y no en las ideologías, son certezas que quedan aprehendidas en nosotros tras la lectura de este libro.

 

3 respuestas a Asesinato en el Kremlin

  1. Suena muy interesante y, sobre todo, muy ilustrativo del terror que imbuyen las dictaduras, sean de izquierdas o de derechas.

    nimboestrato
    30 marzo 2012 at 2:20 am

  2. La perspectiva de la falta de maniqueísmo es algo que me interesa mucho. Hoy en día está todo contaminado: prensa, noticias…y una obra así resulta muy valiente.

    Cienfuegos
    30 marzo 2012 at 7:14 am

  3. Si la crítica pretende aconsejar o desaconsejar la lectura de un libro, esta cumple claramente su función, ya que induce de manera clara a la lectura de este libro.

    Isidro Gordero
    2 abril 2012 at 17:36 pm

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