Porque sueño, yo no lo estoy

Por Rebeca García Nieto

 

 

El celo con que las autoridades de Québec, Canadá, protegen su lengua, el francés, está llegando a extremos cuando menos curiosos. Recientemente, la Office Quebecois de la Langue Francaise, una especie de policía del lenguaje, ha puesto en marcha una campaña para fiscalizar los nombres comerciales de las empresas asentadas en la región. Los nombres anglosajones están permitidos siempre que estén acompañados de su equivalente en francés; de lo contrario, los propietarios tendrán que hacer frente a una multa. Pretenden así iniciar una contraofensiva contra la invasión de los anglicismos, y conseguir que los lugareños puedan atracarse de pollo en el Poulet frit Kentucky en vez de en el Kentucky Fried Chicken.

 

No es de extrañar que en este ambiente lingüísticamente opresivo hayan surgido figuras como Bérénice Einberg, protagonista de L’Avalée des avalés – El valle de los avasallados- del enigmático Réjean Ducharme, o el mítico Léolo Lozone. Bérénice es una niña políglota que, para escapar del mundo claustrofóbico de los adultos, se mete dentro de cualquier libro que cae en sus manos: Un libro es un mundo, un mundo concebido, un mundo con un principio y un fin. Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es una morada. Mis ojos recorren la calle, abren cada puerta, penetran en cada morada. En la casa cuya forma es “camello” hay un camello…. Además, a base de neologismos y juegos de palabras, Bérénice consigue crear un universo propio en que no cabe censura alguna. Un ejemplo de infidelidad lingüística, que a buen seguro horrorizaría a los inspectores de la lengua, es la invención del término adulterie para referirse a una mujer adúltera (curiosamente, pese a que tiene fama de ser la lengua del erotismo, el francés carece de esa palabra en género femenino).

 

Si Bérénice suele pasar las noches dentro de El libro de Marco Polo, Léolo tiene la sana costumbre de descansar con la cabeza entre dos palabras de El valle de los avasallados. Así, soñando a través del libro de Réjean Ducharme, Léolo consigue sustraerse de su transtornada familia. Sus sueños le permiten no ser, no estar (Because I dream, I´m not es su leitmotiv); de este modo, el francófono Léo Lozeau logra convertirse en Léolo Lozone, hijo de un tomate siciliano. El chaval piensa que Italia es demasiado bonita para que sólo permanezca en Europa, y, gracias a su potente imaginación, consigue que la cálida Sicilia de sus fantasías se superponga a las calles de la fría Montreal.

 

Otra particularidad de Québec es el hecho de que sea la única región canadiense mayoritariamente católica. En la novela de Ducharme, Bérénice, al igual que la región donde nació, es víctima de una guerra de trasfondo religioso: sus padres (él judío, ella católica) están enfrentados en un duro proceso de divorcio. Curiosamente, ambas idiosincrasias, idioma y religión, se fusionan en las palabras malsonantes que más se emplean en la región. Así, los habitantes de Québec suelen decir caliss  (cáliz) ahí donde un anglófono diría fuck o damn.

 

La religión juega también un papel protagonista en la película de Jean-Claude Lauzon. En ella se muestra sin tapujos la obsesión de los adultos por controlar por completo el cuerpo de los niños y por borrar del mapa cualquier rastro de la sexualidad. Padres, profesores e instituciones religiosas aúnan sus fuerzas para regular los cuerpos de los menores. Así, los padres de Léolo ejercen un control riguroso sobre los hábitos intestinales del pequeño, como si tratasen de reducir su existencia a un mero proceso biológico, como la ingesta o la defecación. Para eludir la estrecha vigilancia a la que es sometido, Léolo se parapeta tras la puerta del cuarto de baño. En uno de sus episodios masturbatorios, el chico se masturba con un trozo de hígado, que acabará siendo servido el día siguiente a la mesa a la hora de comer, subvirtiendo así la dictadura escatológica impuesta por sus padres. La obsesión de la familia por todo lo relacionado con el derrière es tal que, todos los viernes, el padre de Léolo, en lugar de darle una hostia a cada uno de sus hijos, les administra un laxante, que, obedientemente, se ponen debajo de la lengua. Para los padres de Léolo, un aparato gastrointestinal inmaculado es la condición sine qua non de la pureza de sus infantes.

 

Pese a que esta parodia de la comunión es, sin duda, una de las escenas más transgresoras de la película, las escenas que más escandalizaron a los ciudadanos de Québec fueron las de índole sexual. En el libro de Ducharme, publicado tres décadas antes que la película, este aspecto está muy matizado. Es cierto que se hace alusión a las fantasías de Bérénice con su hermano Christian: ¿No sabes quién soy? Soy la loca que está prisionera en mí. Soy tu amiga, tu amor, tu tesoro, tu cielo, tu madre, tu hermano, tu hermana Bérénice o ¡Te pertenezco en cuerpo y alma! ¡Ven a tomarme! ¡Mi amor!; pero, pese al innegable matiz incestuoso de estos ensueños, Bérénice y Christian nunca pasaron al acto. Léolo, en cambio, está enamorado de Bianca, una adolescente que le está vetada por la diferencia de edad (y porque mantiene relaciones sexuales con el abuelo de Léolo). Puesto que no puede descubrir el sexo de una forma natural, dadas las restricciones impuestas por los adultos y su constante vigilancia, sus primeras experiencias sexuales completas transcurrirán “entre la ignorancia y el horror”, participando activamente en la violación grupal de un pobre muchacho o entre las patas de una gata.

 

Finalmente, Léolo acaba como Oskar Matzerath, internado en una unidad de psiquiatría, probablemente porque ya no ama, porque le asusta amar, porque ya no sueña. Bérénice, por su parte, dice sentirse agresivamente apátrida, perdidamente sin origen. Si nos guiamos por estos dos “testimonios”, podemos concluir que crecer en Québec no es una experiencia fácil. El libro de Ducharme fue escrito en los sesenta, cuando el escritor tenía veinticinco años. Es cierto que las cosas han cambiado mucho desde entonces. Tras la Quiet Revolution, que tuvo lugar en la época en que se publicó L’Avalée des avalés, la influencia de la Iglesia Católica en Québec ha disminuido considerablemente. Sin embargo, a la hora de blasfemar, la gente sigue utilizando términos religiosos… y la Office Quebecois de la Langue Francaise, hasta ahora, no ha podido hacer nada al respecto.

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2 respuestas a Porque sueño, yo no lo estoy

  1. Envío una gran felicitación a Rebeca García Nieto, por este magnífico artículo.
    Me fue muy placentero leerlo.
    Saludos desde México.

    Rodrigo Juárez
    20 abril 2012 at 23:00 pm

  2. Muchísimas gracias, Rodrigo. Un saludo desde Nueva York.

    Rebeca García Nieto
    21 abril 2012 at 7:42 am

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