El cantar de Valtario

Por Juan Laborda Barceló.

 El cantar de Valtario, Rey Lear Ediciones, 104 páginas, 10,50 Euros.

Rey Lear, junto a su filial de reminiscencias igualmente literarias Reino de Cordelia, se atreve, una vez más, a desafiar a los hados (y de paso a la crisis). El cantar de Valtario es una reedición ampliada de un texto medieval, traducido del latín por Luis Alberto de Cuenca. A pesar de lo teatral de los nombres, o quizá por ello, el esfuerzo de la editorial por recuperar tesoros culturales es sincero. Todo español ha oído hablar y los más temerarios leído el Cantar del mío Cid, Las mocedades de Rodrigo o los vecinos del norte La Chanson de Roland, a pesar de que habla de la terrible derrota sufrida por los francos en Roncesvalles, allá por el año 778. La literatura épica medieval se ha utilizado para diversos fines, desde “la formación del espíritu nacional” durante el franquismo, hasta la educación escolar de millones de españoles en democracia.

El cantar de Valtario está a mitad de camino entre las novelas de caballerías de inicios de la edad moderna y el espíritu propiamente medieval. No está escrito en verso, por lo que se aleja de los cantares de gesta, y  narra una serie de aventuras de un paladín de manera ágil y entretenida. Soy consciente de que es un anacronismo, pero en ella se adelanta el sentir de los libros de caballerías iniciados en el siglo XV (el Amadis de Gaula, Tristán de Leonís o Primaleón podrían compartir las aventuras de Valtario). Quizá por esa modernidad, se decidió Luis Alberto de Cuenca, sagaz descubridor de oscuros objetos de deseo intelectual, a traducirlo allá por los últimos años 80. La modernidad no reside únicamente en las formas, sino también en los temas, que por arquetípicos y universales son aplicables a cualquier época. La nuestra no es una excepción: Valtario, hijo del rey franco, es enviado como cautivo a los temidos hunos. Con ellos se cría y se convierte en el más audaz guerrero. Cuando ya lo ha logrado todo, decide volver y huye hacia la patria de los francos. El retorno del héroe o la búsqueda de la identidad subyacen bajo la forma de una aventura medieval.

Si a esta pócima literaria le unimos la defensa del honor (estima personal, padre lejana de la honra de la época moderna) y los duelos singulares, entenderemos la fuerza de este breve texto.

Valtario, en una suerte de Madrid-Barça continúo, vence a todos aquellos caballeros que se interponen en su regreso al hogar. A todos los derrota, excepto a su querido amigo Haganon, con quien empata. El ser humano sufre una fascinación enfermiza, una pulsión innegable por esos choques extraordinarios. Así lo atestiguan duelos al sol en el lejano oeste, disputas a pistola o espada -elija usted- enla Españadecimonónica o los lances a primera sangre, más típicos del centro de Europa. Boxeo, esgrima o fútbol (pan et circenses), son en nuestros días lo que los torneos para el mundo medieval. Aquel que disfrute de las luchas singulares, igualadas o imposibles, pasará un buen rato con estas letras.

Las ambiciones, comunes deseos a todos los mortales, ya sean reyes o vasallos, jalonan la obra como otra característica inherente al ser humano.  Por último, cabe señalar, la forma en la que se nos muestran los reinos medievales, casi banderías que conformaban nuestra vieja Europa. Así era, cuando la herencia se repartía en partes más o menos  iguales entre los hijos del monarca, pues no existía aún el mayorazgo (figura legal por la cual el hijo primogénito varón lo heredaba todo) y el rey consideraba los territorios como algo patrimonial.

Entre las líneas de El Cantar de Valtario se esconden rasgos de nuestro pasado, tanto reales como míticos. Es un espejo al que conviene mirarse, precavido ante las deformaciones del tiempo, pero atento a las similitudes del pasado.

Related Posts with Thumbnails

Una respuesta a El cantar de Valtario

  1. Toda la gesta final, matando uno a uno a sus enemigos (qué nombres los de sus enemigos, por cierto!), podría ser perfectamente dibujada por Frank Miller. En lugar de 300, se titularía “Uno”.

    Fercho
    23 mayo 2012 at 21:34 pm

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.