‘Green Manor’ o el integral de la muerte

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Por Santi Selvi.

En el tomo de Green Manor editado recientemente por Dibbuks concurren varias circunstancias que lo convierten en una lectura muy agradable. Intentaré en esta reseña apuntar algunas de ellas.

Green Manor es una recopilación de 16 historias de 7 páginas que transcurren en un selecto club de caballeros del Londres victoriano. La ocupación principal de estos distinguidos hombres es filosofar, y en algunas ocasiones actuar, con el asesinato como leitmotiv. No es de extrañar que una de las bellas artes, como se define al arte de matar en una de las historias, ocupe un papel tan importante en sus vidas, dado el entorno sociocultural que viven, con asesinos tan famosos como Jack el Destripador y con escritores tan notables como Edgar Allan Poe o Sir Arthur Conan Doyle en el imaginario colectivo de la sociedad británica (a pesar de que Poe era americano).

La estructura de todas las historias mantiene ciertas constantes, como por ejemplo que el comienzo de todas ellas tiene lugar en el Green Manor’s Club, que remite al lector a otros clubes como el Reform Club donde Phileas Fogg apostó sobre su conocida vuelta al mundo. Es dentro de los muros de Green Manor donde una conversación entre dos o más de sus miembros suele dar lugar a la historia, que habitualmente tiene un final inesperado. A menudo narrado como un relato detestivesco, las historias tienen en ocasiones tintes de terror gótico, o una dosis potente de humor, a veces británico y otras no tanto. Lo que se mantiene invariable es el abanico de temas que se abordan: asesinatos, testamentos, ambiciones, autopsias, hipótesis, desafíos… Todo ello en el contexto de la encorsetada sociedad inglesa de la época.

El guionista es el francés Fabien Vehlmann, al que han llegado a llamar “el René Goscinny del tercer milenio”. Esta afirmación eleva una exigencia muy fuerte sobre su obra, pero al mismo tiempo da una idea clara de la calidad de sus trabajos, mayoritariamente publicados en su país de origen bajo el sello de Dargaud, aunque la obra que nos ocupa fue publicada (entre 2001 y 2005, hace ya unos añitos) por Dupuis. Personalmente, es la segunda obra de Vehlmann que tengo entre mis manos, después de la serie de ciencia ficción IAN que publicó en nuestro país también Dibbuks. El impresionante dibujo de Ralph Meyer en este trabajo aún me sobrecoge cuando lo revisito. IAN, que empezó a publicarse en 2003 en el país vecino, aporta elementos conocidos al género de la ciencia ficción, pero mezclados muy inteligentemente con una visión muy personal de otros temas menos manidos, dando lugar a una obra de interesante lectura. Quizá la comparación con Goscinny resulte prematura, pero en ningún caso parece ir desencaminada.

El dibujante, y en algunas de las historias también colorista, es el belga Denis Bodart. Con un trazo de pincel muy suelto, utiliza una plantilla de 4 filas y 4 columnas clásica en la BD, aunque en ocasiones junta viñetas para dar mayor relevancia a algunas imágenes concretas. Utilizando sobre todo planos generales y en menor medida planos medios, es tan clásico como efectivo a la hora de narrar las historias que Vehlmann le plantea en esta colaboración. Muy buena ambientación en todos los relatos, y contención en la expresividad de los personajes, que se me antoja uno de los puntos fuertes del dibujante.

En un periódico francés hablaron del integral de Green Manor, la versión original de este tomo de Dibbuks, como el Integral de la Muerte. No me parece una mala denominación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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