Umbrales de Rimbaud

Categoría: Críticas,Poesía |

Umbrales de Rimbaud

Juan Antonio Tello

 

Eclipsados, Zaragoza, 2012

66 páginas

 

Por Juan Soros

 

Existe una escasa pero prestigiosa categoría de poetas tardíos. Quienes no entran en las lógicas de producción de poetas veinteañeros, sean estos más o menos conducidos por la expectativa de un “resultado”, premios, reconocimientos, exposición pública. Si pensamos a partir de Bataille, y como insiste Eduardo Milán, que la poesía es pérdida, entonces su lógica de producción no parece coincidir con la ganancia, aunque sea simbólica. Este apunte culpable de biografismo solo se entiende ya que para hablar Umbrales de Rimbaud puede ser interesante observarlo en el contexto de sus dos libros anteriores.

 

Juan Antonio Tello (La Almunia de Dª Godina, 1965) ha traducido a Boris Vian, Julien Torma y Alfred Jarry, ha escrito un ensayo sobre Félix de Azúa y ha escrito tres libros de poemas que destacan en la poesía española reciente. Su primer libro es Páramo (Accésit del III Premio de poesía de la delegación del Gobierno de Aragón, Aqua, Zaragoza, 2007), el segundo Cuando fui naufragio (PUZ, Zaragoza, 2010) y junto a Umbrales de Rimbaud esta breve obra es, al mismo tiempo, una muestra de las virtudes de la contención y una rica exposición de los potenciales de la palabra poética trabajada con esmero y cuidado. Quizás sí es criticable que, como en otros muchos casos, la edición en prensas locales haya evitado que fuera más difundida. La edición en Eclipsados, una de las jóvenes editoriales de poesía pero que ya es una referencia en el actual panorama poético español, posiblemente logre que llegue a más lectores de poesía.

 

Los libros de Tello se caracterizan por una firme estructura que, sin embargo, no congela o endurece las posibilidades del texto. Como un hilo tejido, móvil, dúctil, pero que organiza el discurso. Si en Páramo el esquema se relaciona con los ciclos astrales (primera parte, “Equinoccio de primavera”, segunda parte “Equinoccio de otoño”) en Cuando fui naufragio es el fluir del viaje lo que conduce el texto. En Umbrales de Rimbaud el trabajo se hace más complejo. En cuanto la referencia al poeta de culto, va mucho más allá del simple homenaje o el deseo de adscribirse a una herencia (¿cuál?). Cada poema va encabezado por una cita en francés, un diálogo abierto, a través de estos umbrales de sentido. Además el procedimiento es la apropiación del yo poético de Rimbaud: “yo, a quien llamaron el hombre de las suelas de viento”, en un gesto al menos contradictorio al apropiarse del yo de quien es otro, de quien desestabilizó el mismo concepto de yo poético en la modernidad.

 

¿Por qué Rimbaud? Misterio. Pero sin duda su espectro sigue aquí, regresa cada tanto. Aunque lamentablemente sirve para defender casi cualquier cosa cuando se lo invoca como espectro, sin volver a leerlo, sin actualizarlo. La última vez que sí se lo pudo volver a leer y se estableció un diálogo y un debate sobre su obra fue a propósito de la nueva traducción de Miguel Casado (Arthur Rimbaud, Obra poética completa, DVD, Barcelona, 2007) y la recordada exposición y coloquio organizados en la Casa Encendida de Madrid. En años posteriores una serie de iniciativas poéticas han tomado nombres de la obra rimbaldiana, en especial a partir de su barco ebrio, y me gustaría destacar, entre otros poemarios que se enfrentan a su sombra, la compleja mirada, oblicua, que posa Eva Chinchilla sobre los años abisinios, justamente el después de la poesía convencional del poeta, los años de la misteriosa mujer abisinia, los años de la ruptura, el silencio.

 

Desde el punto de vista del lenguaje, en 2007 Páramo sorprendía por ser un primer libro que acaba justamente en silencio. Su último poema se titula “Reunión y silencio” y consiste en cuatro breves pero densos versos: “Pupila / un punto / el final del trazo / es silencio”. Versos en los que confluye la mirada con la escritura, que de alguna manera, uroboros, se encierra en sí misma y desemboca en el silencio. A la contra de tantos poetas que comienzan intentando cantar el mundo entero, la poesía de Tello comienza en esa crisis, en los límites de la palabra. No para quedarse ahí, no es una retórica del silencio sino una aporía experimentada. Por lo mismo no es de extrañar que en la breve nota final de Cuando fui naufragio Roberto Polo diga “Si Homero narraba un regreso, aquí la poesía es un viaje de regreso a la palabra.” En este libro dirá Tello: “Si el silencio se escribe con palabras, / habla silencio, golpea al tiempo / y deja que calle la lengua del vacío”. El lugar de la enunciación es móvil: “Aquél / que zarpó de regreso a casa”. Donde podemos hilar casa y palabra para recordar las cuestionadas palabras de Heidegger que siguen teniendo fuerza atávica en nosotros. El lenguaje como casa del ser.

 

Entre Odiseo y Orfeo el decorado mítico, que nos sitúa, de Homero a Kavafis y Haroldo de Campos, en el largo arco que la tradición traza, de manera crítica, de la antigüedad a la modernidad, permite entroncar los cuestionamientos metapoéticos de Tello con una experiencia de la vida, del amor y de la muerte. Sin embargo, este segundo libro, que agoniza con el silencio, con el “naufragio con espectador” que plantea Blumenberg como una de las metáforas fundacionales de nuestra cultura, no termina en el ahogamiento de la voz poética. Su naufragio recuerda los versos de Aníbal Núñez: “Llegados a este punto hemos tomado / -se suman otras voces- / la decisión de naufragar”. Sin embargo, parecería que no contento con abandonar el páramo del silencio y sobrevivir al naufragio del sentido ahora se embarcara en el barco ebrio rimbaldiano para enfrentarse a su espectro. Otro fantasma, otro mito, ¿el del holandés errante? La poesía de Tello está llena de muerte y de vida, eros. Este barco ebrio es por donde entronca la búsqueda poética de Umbrales de Rimbaud. A la contra, Tello pasa del silencio a la nostalgia (la enfermedad del regreso) a la efusión vital y del lenguaje del espectro que sigue. Sin embargo, no se traiciona en su forma, el verso corto, pulido, preciso. No cae en el contagio del desborde rimbaldiano ni abandona su paisaje. Dicen que en las escuelas de escritura se insiste en las “tijeras”. Una escritura cursi, epigonal u oportunista lo sigue siendo, se apliquen más o menos “tijeras” al material verbal. De lo contrario habría que revisar “a la baja” las escrituras proliferantes de Lezama Lima a Raúl Zurita, por solo citar dos referentes latinoamericanos. Los “poemas con tijeras” evidencian su pobreza. No es posible dogmatizar la forma en poesía. El caso de Tello es paradigmático, dialogar con Rimbaud en poemas breves de pocas pero precisas palabras cada uno. Desde su propia prosodia, su propia alquimia. En este viaje de regreso a la palabra, la poesía y la vida, Tello acaba Umbrales de Rimbaud con un nuevo envoi: “La idea de mudanza / invita a partir…” Siempre tensando los límites de su forma, la poesía de Tello nos dona un viaje poético de lectura intensa y única.

 

 

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