Cuando el cuerpo nos tiene

Por Germán Solero.

¿Qué queda cuando el relato de un crimen comienza anunciando tanto a la víctima como al victimario? Queda engañar al lector, mostrarle que los caminos no son tan transparentes como parecen. Y queda la posibilidad de narrar algo más, un resto más.

Los restos mortales atrapa al lector, se encarga de plantear intrigas constantes que hacen avanzar el relato. Desde la identidad del narrador hasta el desenvolvimiento del crimen. Cada incertidumbre que se nos presenta no se cierra sin engendrar una nueva. De principio a fin, a través de largas oraciones y con una escritura pausada y precisa, la tensión nunca desaparece.

Por momentos Hugo Salas nos engaña, nos hace entrar en el juego, nos hace creer en asesinos que finalmente no asesinan o en inocentes que terminan traicionando. La novela se convierte en un desfiladero de personajes que se entrecruzan y llegan a abarcar tres generaciones de una familia y un pueblo de mala muerte. Pero queda ese algo más, que no es ningún resto, que es constitutivo. Porque Los restos mortales es un policial que se desvía. El género aparece como excusa, o método quizá, para narrar otro tipo de cuestiones más profundas, del orden de la condición humana. Del orden de la violencia y la traición. De hijas que traicionan a madres, de esposas que traicionan a maridos, de prostitutas que traicionan a clientes, de dealers que se traicionan entre sí.

La violencia lo gana todo, ocupa un lugar central. Nos adentramos en ese pueblo “de mierda” y asistimos a la violencia del lenguaje, a la violencia sobre los cuerpos y a la violencia sexual. Los personajes marchan en una intrincada convulsión entre sus pensamientos racionales y los impulsos animales más bajos.

Parecería que los personajes tienen conciencia de lo que hacen, que escuchan esa voz ética que surge de sus pensamientos; pero el impulso que pugna por calmar la sed del cuerpo se impone. Y se impone de forma violenta, contra otros y contra sí mismos. Se configura un orden donde impera un destino inexorable: la degradación.

Y quizá en este policial haya que buscar un poco más, quizá asesino y víctima no sean uno u otro de los personajes que desfilan en la novela. Quizá víctima y asesino estén en cada uno de los personajes. El narrador de Los restos mortales reflexiona hacia el final: “Quién sabe, pensó, tal vez sea siempre así. Uno cree que es su cuerpo, que tiene un cuerpo, pero quizá el cuerpo lo tiene a uno” (Salas, Hugo, Los restos mortales).

 

 

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Ficha técnica

Los restos mortales

Hugo Salas

Grupo Editorial Norma. 2010

Colección La otra orilla

222 pág.

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