Blancanieves en San Sebastián – Día 1

 

Por Nacho Solís Navarro

 

 

Hoy es nuestro primer día en este 60 Festival de Cine de San Sebastián y nos pegamos el madrugón para ver la primera proyección de Blancanieves a las 9 de la mañana, que coincide con Argo de Ben Affleck. Elegimos la primera porque el día 27 se elige la representante española para la próxima edición de los Oscar.

 

Blancanieves

 

La sala 1 del Kursaal completa para ver Blancanieves, a pesar de las horas.
La película de Pablo Berger es una muy grata sorpresa, original donde las haya, que consigue reinventar el famoso cuento de los hermanos Grimm y transformarlo en un trágico y divertido relato ibérico.
A pesar de que el recurso del cine mudo y en blanco y negro ya no es tan original como debieron de pretender en un principio –The Artist tiene toda a culpa-, consigue atrapar al espectador y emocionarlo.
Estamos ante una gran película que eleva el nivel del festival de este año, donde el cine de los orígenes se fusiona a la perfección con los ritmos flamencos, ofreciendo toda una disección de los mitos y tópicos patrios, pasando por los toros, la religión, el orgullo o la vergüenza. Tras un año de versiones del mismo cuento, hay que decir que a la tercera va la vencida y Berger se lleva la palma, ofreciendo algo diferente, cambiando la historia con mucho desparpajo bajo una muy cuidada producción donde destaca la impresionante partitura de Alfonso Vilallonga.
Hay que destacar el gran trabajo de todo el elenco, desde una Maribel Verdú en su salsa ofreciendo una malvada divertida, irónica y muy sexy, demostrando que ha disfrutado el papel, hasta las que más lucen: la pequeña Sofia Oria y la prometedora Macarena García, que consigue atrapar al espectador con su mirada dulce y apasionada y promete ser una de las caras más interesantes de los próximos años.

 

Después de la primera película, fuimos a desayunar y pasear por San Sebastián a la espera de la hora de la comida y tomar los famosos pinchos, y nos cruzamos por la calle con Ernesto Alterio, que presenta la película Infancia Clandestina, y a José Coronado que presentó la gala de inauguración junto a Bárbara Goenaga y Cayetana Guillén-Cuervo.

 

The Bay

 

A las 16.15 fuimos al cine Príncipe a ver The Bay de Barry Levinson, que participa en la sección Zabaltegi Perlas.
La película habla a modo de falso documental de una epidemia en un pueblo costero en Estados Unidos, siguiendo el hilo conductor de una estudiante de periodismo. A través de grabaciones de seguridad ,de video aficionados, Skype, móviles y demás soportes asistimos a la carnicería en la que se convierte la plaga.
La película tiene un buen arranque, crea muchas expectativas y pretende tener un fondo a través del mensaje que quiere lanzar, la crítica al mirarse al ombligo de Estados Unidos, la obsesión del terrorismo, el peligro de la contaminación, la manipulación política… Resulta interesante hasta que al director se le va completamente de las manos y nos ofrece una película de terror, abusando de imágenes demasiado explícitas y algún que otro susto demasiado gratuito. El influjo de la saga Rec huele a kilómetros, y no solo en que la protagonista sea una periodista que se encuentra en una epidemia en la que los afectados se comportan como zombis, sino en el uso y abuso del susto más convencional.
Aun así, la película consigue momentos muy tensos y agobiantes y ofrece alguna que otra reflexión interesante.
Señalar que los subtítulos estaban mal sincronizados, o se adelantaban o se atrasaban, esto en un festival serio no debería ocurrir.

 

Post Tenebras Lux

 

Tras el mal cuerpo que nos han dejado algunas imágenes de The Bay, cenamos algo rápido y nos metemos en el Kursaal a ver Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas, que ganó en el Festival de Cannes el premio a la mejor dirección y aquí concursa en la sección Horizontes Latinos, donde al final se hará un coloquio con la actriz Nathalia Acevedo.
Básicamente la película gira en torno a una familia y a través de flashbacks, flashforwards y sueños asistimos a las obsesiones del director. Es difícil decir exactamente de qué trata la película, para poder entenderlo hay que verla, pero al final acabas por ni saber de qué va.
Durante 2 horas vemos cómo escenas inconexas de una familia pasan por delante intercaladas con bellas imágenes de naturaleza apoyadas en una bonita fotografía. Película de difícil digestión en la que escenas que carecen de todo sentido, que no ofrecen ningún tipo de conexión con el resto intentan hablar de algo tan básico como la familia, o eso por lo menos es lo que hemos creído entender. Porque el director no nos lo pone fácil y nos “regala” secuencias como la del diablo rojo neón que llega a una casa (¿la suya después del trabajo?) y un sin fin de escenas que consiguen desorientar al espectador. A pesar de ello, una vez que consigues adentrarte en la historia de la familia se puede disfrutar de alguna que otra escena conseguida como en la que la protagonista interpreta para el marido convaleciente una canción al piano mientras canta lo mejor que puede.
El problema fundamental es que las pretensiones de desconexión con el cine más convencional le han jugado una mala pasada y parece que se le ha ido la mano haciendo que o la aborrezcas o te dejes atrapar por ella.
Destacamos el gran comienzo, con unas imágenes muy bonitas y la gran entrega de los actores, sobre todo de los dos protagonistas, Adolfo Jiménez Castro y Nathalia Acevedo.
Después en el debate se han planteado alguna de estas cuestiones como qué significaba el diablo, los jugadores de Rugby, qué conexión tenía la película con cada una de las escenas.
La pobre actriz ha podido responder lo mejor que ha podido, porque no es su película y quien mejor lo haría es el director sin duda, pero ha querido transmitir que es una película difícil de ver, que el director está rompiendo con las reglas del cine más lineal creando un nuevo concepto. Además, que la película se presta a muchas interpretaciones, todas muy personales y que el director ha plasmado muchas vivencias suyas. Destacó que no recibió el guión hasta bien entrado el rodaje. Con mucha simpatía ha agradecido que nos quedáramos al coloquio, pues en otras proyecciones ha comentado que los espectadores huían rápidamente al acabar la película (en la nuestra lo ha hecho la mitad de la sala).
Resumiendo, comprendemos que ver en ella una tomadura de pelo es una reacción totalmente razonable.

 


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