[Sitges 2012] Crónica 2: Empezamos con una despedida

Por Arnau Palou.

Un año más, el Festival de Sitges presenta un enorme cartel con propuestas variopintas de gran calidad artística. Para la primera jornada, he escogidoLa noche de enfrente’ (‘La nuit d’en face’) que se ha proyectado en el antiguo y majestuoso cine Prado, en el centro de la ciudad.

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Por serendipity, he descubierto esta película póstuma de Raúl Ruiz. El director y guionista chileno, fallecido en París a finales del año pasado, rodó más de 80 películas. Una de ellas, ‘Ce jour-la’ se presentó a competición en la edición de Sitges 2003.

La ‘Noche de enfrente’ narra las experiencias y memorias de un escritor jubilado que espera la muerte. Celso, el protagonista, evoca su propia infancia y los sueños de entonces a través de una emisora de radio. Su vida se limita a la pensión donde sabe que va a morir. Solo espera que un día llegue alguien llamado Rododendro para matarlo. Una noche entra en la pensión un inquilino llamado Rolo Pedro…

Basado lejanamente en los textos del escritor Hernán del Solar, el film es en un relato testimonial, una despedida del director, cargado de referencias a recuerdos, paisajes, amigos y canciones. Es un drama fantástico, una mezcla de géneros ideal para contar el viaje hacia la muerte. La historia se desarrolla en distintos pueblos de Chile, desde Antofagasta hasta Santiago, pasando por Quilpué y Villa Alemana.

Protagonizada por Sergio Hernández, Marcial Edwards, Valentina Vargas, Chamila Rodríguez y Christian Vadim, ‘La noche de Enfrente’ es una obra que reúne las mejores técnicas de la cinematografía del director, como los juegos de luces, el uso metafórico de objetos y el uso de planos-secuencia.

El universo bizarro creado por Raúl Ruiz presenta las unidades dramatúrgicas básicas (tiempo, espacio, acción), de forma poco ortodoxa. La historia se desarrolla en tres etapas de la vida del protagonista: niñez, madurez y vejez. En cada etapa se muestran los espacios más representativos de su camino vital, con escenas que se mueven entre el sueño y la realidad. La ambientación del túnel de la última escena es espectacular. No cuento nada más, invito al lector a verla en la gran pantalla.

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El director nos muestra los escenarios más significativos del teatro de su vida, con una excelente poesía visual. Inti Briones encargado de la fotografía y Jorge Arriagada de la música, ayudan a crear estos escenarios excepcionales.

El relato transcurre de día y de noche; en espacios interiores y exteriores, creíbles y surrealistas. El pasado, presente y futuro se entremezclan contantemente. La filosofia de Ruiz sobre el tiempo y su no linealidad y su carácter anárquico donde el pasado y el presente habitan juntos en un contexto cambiante da como resultado una película con deformaciones temporales, donde es fácil perderse intentando comprender la lógica del relato. Vemos constantes flashbacks, internos y externos al relato. Todo se desarrolla a un ritmo lento, con muchas pausas que invitan a la reflexión. El narrador es el protagonista, vivimos los acontecimientos como él, penetrando en su interior. Eso permite seguir mejor estos saltos temporales.

Los personajes están muy bien caracterizados y se van mostrando según cómo interactúan entre ellos. Se nota la experiencia del director. Vemos un niño genio que se pregunta por los grandes temas de la vida. Beethoven es su amigo. ¡Hasta van al cine juntos! Beethoven ataca la pantalla, como un iconoclasta, no comprende el cine, no tiene acostumbrada la mirada. Otro amigo del niño es el pirata John Silver.

La antagonista de la historia es la muerte; una muerte reencarnada, simpática e irónica. Gente del pasado, del futuro y gente imaginaria se juntan en una misma escena con absoluta harmonía.

Los accesorios de los personajes son piezas clave de su configuración. El protagonista, versión abuelo, va siempre con un reloj, simbolizando el paso del tiempo. Colecciona barcos en botellas, abiertos a interpretaciones del espectador. Los espejos están muy presentes entre los personajes, para que se miren a ellos mismos. La idea del tiempo también se visualiza mediante unas canicas.

Se dice que el director quiso hacer un homenaje a la lengua española. No sé si era su intención, pero eso parece. El film presenta una hermosa combinación de palabras, pronunciadas de forma inteligente y elegante. Les da un valor infinito, que sobrepasa el más allá, desafinado la propia muerte. Raúl Ruiz se enfrenta a ella contando una historia de despedida. El director se identifica con el personaje de Celso y nos dice adiós.

 

Más información | Página oficial del Festival de Sitges 2012: Sitges Film Festival 

Foto vía | Cineol

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