La Obra Invitada

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La Obra Invitada – Eugenia de Montijo (por Franz Xaver Winterhalter)

Del 25 septiembre al 9 diciembre. Entrada gratuita.

Museo del Romanticismo, Calle de San Mateo, 13, Madrid

 

El Museo del Romanticismo abre la temporada con una nueva iniciativa, la exhibición de la muestra la Obra Invitada, que surge con la intención de mostrar piezas habitualmente no expuestas al público y contextualizar las obras de su colección. A esta primera obra, el retrato de Eugenia de Montijo, le acompañan otras de la colección del Museo, que ayudarán a profundizar en la figura de una de las mujeres más importantes e interesantes de la historia del siglo XIX en Europa. Además permite revalorizar al autor de este lienzo, Franz Xaver Winterhalter (1805-1873), quien retrató con maestría a todas las casas reales europeas y e introdujo grandes cambios en la tipología del retrato oficial. La pequeña muestra será un aperitivo de la exposición que prepara la Casa de Alba con obras de su colección y que será inaugurada en diciembre. Y entre las muchas particularidades que acompañan al personaje de la que fue Emperatriz de Francia, el Museo dará a conocer algunas como las aportaciones de Eugenia a la política exterior de Francia, la relación con la Casa de Alba o su condición de icono de la moda a través de visitas guiadas y los propios contenidos de la muestra.

 

Franz Xaver Winterhalter fue un pintor y litógrafo alemán especialmente conocido por su faceta como retratista de la realeza y aristocracia europeas de mediados del siglo XIX. Fue nombrado pintor de la corte del rey Luis Felipe de Francia y posteriormente tras el ascenso al poder de Napoleón III, se convirtió en el retratista principal de la familia imperial. Sus pinceles fueron objeto de gran demanda en Europa, retrató a la reina Isabel II, la reina Victoria de Inglaterra, trabajó para la familia real portuguesa, pintó al emperador Francisco José I de Austria y a su esposa Isabel de Baviera -popularmente llamada “Sissí”-. La hermosa emperatriz Eugenia fue una de sus modelos favoritas. En 1856 Winterhalter pintó la que sería su obra más reconocida, La Emperatriz Eugenia rodeada de sus damas de compañía, en la que la emperatriz aparece en un escenario pastoral, recogiendo flores.

 

Winterhalter consolidó su estilo como pintor de retratos durante el II imperio francés, periodo en el que pertenecen sus mejores obras, en las que capta a la perfección el lujo y la atmósfera relajada de la época, su hedonismo y su animado ambiente. Una de sus grandes aportaciones a la pintura de la época fue la transformación del frío “retrato de aparato” característico del Antiguo Régimen en una muestra de elegancia, seducción y pomposidad, adaptándose a los gustos burgueses propios de las nuevas monarquías y de la alta sociedad. Poseía una gran habilidad para crear composiciones casi teatrales con sus modelos y ofrecer una imagen atractiva de dicha realidad. Destacan sobre todo sus modelos femeninas que muestran una actitud menos sobria y reservada. Sus retratos son elegantes, refinados y agradablemente idealizados. En ellos se aprecia su habilidad para combinar la textura de los tejidos, pieles y joyas. Sin embargo, el pintor no contó con el favor de la crítica artística, que le tildó de caer en la superficialidad y afectación con el objetivo de ganar popularidad. A su muerte su obra cayó en desgracia, siendo considerada demasiado romántica, brillante y superficial, y no ha sido revalorizada hasta época reciente gracias a la gran exposición que se celebró en la National Portrait Gallery de Londres y en el Petit Palais de París en 1987. Sus pinturas se exhiben actualmente en los principales museos europeos y americanos. El Palacio de Liria de Madrid conserva al menos dos obras suyas, entre ellas el imponente Retrato de Eugenia de Montijo, al que se dedica esta pequeña muestra.

 

Eugenia de Montijo encargó este retrato como regalo para el XV Duque de Alba, a la sazón su cuñado y primer amor de juventud, por lo que en ocasiones se ha relacionado el aire melancólico que desprende esta obra con este hecho. Sin embargo, este lienzo fue pintado tras la muerte su hermana María Francisca de Sales, esposa de Jacobo Fitz-James Stuart. El soberbio sillón sobre el que descansa la condesa de Teba muestra el escudo nobiliario de la Casa de Alba, a la que tan unida se sintió por el amor que profesaba a su hermana. El pintor Winterhalter, que retrató en diversas ocasiones a la granadina, escogió para esta obra un gran formato en el que adoptó el lenguaje del retrato cortesano del II Imperio Francés, creando una de las imágenes más icónicas y representativas de Eugenia, la emperatriz de los franceses. Pero no sólo, pues Eugenia es también reconocida por apoyar las investigaciones de Louis Pasteur que culminaron con la vacuna contra la rabia e impulsar la construcción del Canal de Suez por Fernando de Lesseps, así como tratar de mejorar la situación de la mujer, el acceso a los servicios públicos, la educación y la justicia social. Falleció durante una de sus últimas visitas al Palacio de Liria, y tras su muerte legó a esta casa sus colecciones artísticas.

 

La muestra se cierra con una acentuada e interesante atención al papel que Eugenia de Montijo ejerció en el terreno de la moda, referente absoluto durante el II Imperio, copiado por las clases burguesas con el afán de exhibir su poder económico y favoreciendo a su vez la industria textil francesa. Al hilo de esta coyuntura se analiza la figura de Charles Frederick Worth (1826-1895), el diseñador más afamado y cotizado del momento, que trabajó codo con codo y de manera personalizada engalanando el vestidor de la Emperatriz Eugenia.

 

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