Julieta Serrano: “Es como si hubiera entrado en el túnel del tiempo”

Por Meritxell Álvarez Mongay

Es vieja y está cansada.  Agotada por el solo hecho de pensar en que sus manos arrugadas, una noche más, tendrán que agarrar un cuerpo dormido por los tobillos y arrojarlo al río. Dice que ya no puede más, que quiere descansar, descansar en paz; pero lo cierto es que, hasta el 3 de marzo, Julieta Serrano continuará asesinando a todos los viajeros que pasen por su hostal. Y encima, el único día que tiene de fiesta para reposar, el único día que no interpreta a la madre de El malentendido en el Valle-Inclán, la actriz atiende a una periodista en una cervecería. Agua para las dos.  Y no es porque la obra de Albert Camus necesite promoción… Lo corrobora un DIN A4 en las taquillas del teatro: “No hay localidades para hoy”.

”Es uno de los grandes autores mundiales”, que Julieta Serrano no leyó en la escuela por obligación. “Yo al colegio fui muy poco, y me acuerdo de que era mi hermano, que murió hace dos años y era cuatro años mayor que yo, quien me proporcionaba los libros.” Los sacaba de la biblioteca o los compraba a escondidas en la trastienda de alguna librería. Así es como los autores malditos entraban de extranjis en la casa barcelonesa de Julieta, y entre Kafka, Neruda y Rilke, un día se colaría el Premio Nobel de Literatura en una edición argentina. “Fue un descubrimiento apasionante –recuerda–. ¡Nos parecía un hombre tan limpio y tan honesto…! Había surgido en un entorno tan pobre… Y lo que contaba… ¡lo sentíamos tan cercano…!”

Julieta Serrano y Cayetana Guillén Cuervo en 'El malentendido'.

David Ruano.

Albert Camus escribió y estrenó Le malentendu en 1944. Los nazis todavía ocupaban parte de Francia; faltaban dos meses para que Paris fuera liberada. Sorprendentemente, entonces nadie pensaba en rescatar a España, donde El Malentendido no se representó hasta que, en 1969, una compañía, la recién formada por Gemma Cuervo y Fernando Guillén, se atrevió a levantar el telón. “Yo no llegué a ver la función de los padres de Cayetana…” La dirigió Adolfo Marsillach en el teatro Poliorama, y era el primer Camus que se estrenaba durante la dictadura en España“Estaba haciendo con Nuria (Espert) Las criadas…” El público las abucheaba, y las señoras de la burguesía catalana les tiraban a las hermanas Clara y Solange bolsos –vacíos– a la cara. “Era una época muy turbulenta”, cuenta desde la distancia una de ellas. “Se había declarado el estado de excepción en Madrid… Políticamente, todo era muy arriesgado y muy difícil… Por eso esta situación de ahora me pone tan triste, porque estamos perdiendo toda una serie de derechos que habíamos conseguido con la muerte de Franco y con la Transición democrática. Estamos retrocediendo de una manera salvaje y lamentable; para mí, es como si hubiera entrado en un túnel del  tiempo. Es muy doloroso.”

Dos elegantes botellas llegan a la mesa, de aquellas de cristal que, una vez abiertas, no te las puedes llevar si las dejas a medias. “Con una será suficiente.” 2 euros 20.

“La ciudadanía se siente totalmente desamparada y desvalida, y lo más lógico y natural es que hayan protestas espontáneas en la calle, de estas que se convocan a través de las redes sociales.” Contra la corrupción, contra la privatización, contra la subida del IVA, contra la ley de educación 0 contra la de Gallardón. “Tenemos razón en indignarnos y en exigir explicaciones, porque esa transparencia de la que alardean quienes nos gobiernan parece que no se ve por ningún lado.”

La plaza Santa Ana está vacía. Todavía es pronto para que se sienten a comer tapas los turistas. Primero tienen que visitar el Prado, el Reina Sofía y el Bornemisza. Si después se pasan por los leones del Congreso o por la Puerta del Sol, no sería extraño que se toparan con otra concentración. Julieta Serrano las apoya con vehemencia. “Me parece de lo más lícito y justo que se hagan.” Y aunque ya no se une a las mareas –“he ido a muchas manifestaciones a lo largo de mi vida, pero porque tengo una vida muy larga más que nada…”–, continúa protestando desde el escenario, abogando por una programación que haga pensar al espectador. “Que les haga reflexionar sobre el sentido de la vida, sobre cómo una situación insoportablemente dura puede conllevar una pérdida de moral y de ética y generar violencia.”

Que se lo digan a las dos homicidas que Julieta Serrano y Cayetana Guillén Cuervo interpretan. Regentan un hostal en un pequeño pueblo bohemio –sin playa y sin museos– donde no abundan los turistas, y la única forma que se les ocurre para ganar dinero es asesinar a los escasos viajeros que, de paso por la entonces Checoslovaquia, se alojan en su posada. “Pero sólo a los huéspedes ricos; a los que no son ricos, no –destaca–.  Ellas sólo quieren salir de la miseria y de la oscuridad… encontrar la felicidad.”

Julieta Serrano y Cayetana Guillén Cuervo en 'El malentendido'.

David Ruano.

A la madre no le importaría pasar el resto de sus días en aquella casa sin agua corriente ni lamparillas; pero Marta, la hija, quiere huir de esa Europa lluviosa y sombría donde nunca sale el sol y donde los jóvenes no saben lo que es broncear sus pieles con amor. Está dispuesta a aplastar cualquier cosa a su paso para llegar al mar, y tan ofuscada está que no sabrá reconocer sus sueños de libertad cuando, disfrazado de extranjero, el hermano que no ve desde hace 20 años, Jan, haga noche en el hostal. Es fácil imaginar que, ocultando su identidad y alardeando de lo rico que es, correrá la misma suerte que el resto de los clientes. “La vida es más cruel que nosotras”, se justificarán, y lo cierto es que, por inhumana que parezca esta familia, la historia está basada en un hecho real: la noticia apareció en un periódico serbio, y Albert Camus la utilizó también en El extranjero.

“Puedes tomarte el texto de Camus como si fuera un thriller o una novela negra y nada más.” Pero a Julieta Serrano no le hubiera costado tanto meterse en los puritanos ropajes de su personaje si hubiera leído al autor de El mito de Sísifo como quien coge un libro de Chandler. “Cuando me llamaron para hacer la obra, lo primero que les dije es que estaba muy asustada, porque es un texto muy difícil –admite–. Es muy filosófico e intelectual, y darle carne y sentimiento a eso, cuando lo lees, parece muy complicado.”

Por suerte para la actriz, Eduardo Vasco la ha sabido dirigir. “Nunca habíamos tenido la oportunidad de trabajar juntos, y me he sentido muy acogida por él. Creo que es una persona muy sutil, que lleva poquito a poco a los actores por un camino, sin forzarlos, sin oprimirlos… Además, ha hecho una puesta en escena preciosa, ya lo verás.” La entrevistadora necesita saber algo más. “Es muy amplia…” Tanto que, si al espectador le toca un lateral de la sala, su mirada no abarcará la totalidad de las tablas, y a ratos se sentirá como si estuviera en una cancha. La pelota son las palabras. “Y Tiene forma de U… Casi parece el ábside de una iglesia; de hecho, la pieza está montada un poco como una misa laica. Totalmente laica”, remarca. En el altar, las ramas de un bosque audiovisual te impiden ver cómo las olas desfallecen en el litoral. Algunos feligreses se encomiendan al Supremo para salvar sus miedos; pero los que son conscientes de que es una taza de té quien decidirá el destino de Jan, niegan que sea un Dios misericordioso el garante de su bienestar. “Camus está hablando de que el ser humano tiene que usar su libre albedrío sin esperar la ayuda de ningún Dios…” Ni de ninguna virgen del Rocío. “Simplemente, siendo responsable de nuestros propios actos… Dadas las circunstancias, este espíritu, ahora, nos hace mucha falta.”

Fue Fernando Guillén quien, gravemente enfermo en el hospital, le recordó esto mismo a su hija Cayetana. “Fue una cosa muy penosa y muy triste, porque su padre murió justo antes de estrenar la obra.” Le pidió que revisara El malentendido porque hacía mucho que no se representaba en España, desde que en 1998 Encarna Paso la protagonizara

Cuando se estrenó en el Théâtre des Mathurins fue una ruina. La actuación de María Casares fue lo único que exaltó la crítica. Según La Vanguardia, en Barcelona tuvo una acogida entusiasta, y los gritos de “¡Fuera, fuera!” se entremezclaban con los “¡Bravo!” en la platea. “¡Yo he asistido a muchos pateos en el teatro! Eran las circunstancias de la época… Entonces, había más divergencias…” Y parece que el impío librepensador no agradó a quienes despachaban por la gracia de Dios. “Pero ahora ya no se patea, no sé si por una cuestión de educación teatral o por una cuestión social.”

El agua se ha quedado a medias. 

 

El malentendido

Autor: Albert Camus

Versión: Yolanda Pallín

Director: Eduardo Vasco

Reparto: Ernesto Arias, Lara Grube, Cayetana Guillén Cuervo, Juan Reguilón, Julieta Serrano

Músicos: Alba Fresco, Scott A. Singer

Lugar: Teatro Valle-Inclán

Fechas: Del 29 de enero al 3 de marzo

Horario: De martes a sábado, a las 20.30h; domingos, a las 19.30h.

Duración: 1 hora 30 minutos

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Una respuesta a Julieta Serrano: “Es como si hubiera entrado en el túnel del tiempo”

  1. Hermosa entrevista. No recuerdo ninguna con tanta sintonía con Julieta Serrano: una actriz extraordinaria y una mujer de una calidez y sensibilidad poco corriente. Aquí se deja constancia de muchos asuntos importantes, aunque yo no aprecio mucho el teatro de Camus, más rico ideológicamente que teatralmente, con sus diálogos saturados de la peor literatura, pero, claro, cuando Julieta da vueltas por el escenario como una fiera enjaulada… la cosa cambia. Y aquí deja juvenil entusiasmo con sus muchos años de vida y de gran teatro.

    Rubenhor
    1 agosto 2013 at 0:41 am

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