Todos somos AMY MARTIN

Amy MartinPor  JUAN LUIS MARÍN. 0,26€ el carácter. Espacios incluidos. Por cada artículo cobraba unos 3.000€. Como especialista que no era. Además de obtener subvenciones del Gobierno del PSOE para sus pajas mentales. Algo más de 120.000€. Alguna de las cuales llegó a rodar en Nueva York. Y que han pasado sin pena ni gloria. Todas. Pero que le quiten lo bailao. Como el año que trabajó en Estocolmo. Directora del Instituto Cervantes. Ahí es nada. Con una nómina de 100.000€. Hasta que la echaron. Porque se le vio el plumero. AMY MARTIN. O Irene Zoe Alameda. Y viceversa. Una pícara del siglo XXI. O una granuja. Puede. Pero, si pudieras… ¿no vivirías tú también del cuento?

Porque, seamos sinceros, y más allá de cualquier estúpida moral, para conseguir lo que ha conseguido, hay que tenerlos cuadrados. Inventar una identidad falsa y engañar a todos. Incluso a tu pareja. Que es quien te paga. Yo no sé si sería capaz. Requiere una disciplina de cojones. Para que no te pillen. Y tener más cara que espalda. Para conseguir todo lo que te propongas.

Hay AMY MARTINS por todas partes. Incluso puede que tú seas uno de ellos. Porque te colocaron a dedo en tu puesto de trabajo aún a sabiendas de que había otros que lo hubieran hecho mucho mejor. Porque no das un palo al agua. Te escaqueas. Robas folios de la oficina. Es ahí donde te conectas a internet. Haces fotocopias. Te bajas pelis. Y aprovechas para llamar por teléfono.

AMY MARTIN es ese compañero que te han colado y no tiene ni puta idea. Además va de estrella. Y trata a los demás como si fueran sus chachas. El que le hace la pelota al jefe. Quien ni toma partido ni asume responsabilidades para no perder nunca y que sea otro quien se coma los marrones. Y las consecuencias por haberla cagado. Esa persona gris y sin talento que vive de la iniciativa de los demás y cuyo objetivo no es aprender, ni crecer, ni evolucionar… sino colgarse medallas. Para seguir subiendo. Y continuar viviendo del resto en un sillón con orejas.

Ahora que lo has identificado y estás pensando “es verdad, maldito gilipollas”, recapacita. Quizá el gilipollas seas tú. Porque si ha conseguido todo eso es que es el más listo de todos. E inocente. Porque es otra persona quien lo ha colocado ahí. El mismo que le permite continuar. Y subir. Ése es el culpable. El idiota. Y payaso. Porque se están riendo de él. AMY sólo se aprovecha del estúpido. Lo utiliza. Y gana. Hasta que le saca los colores a alguien importante… y la gente se lleva las manos a la cabeza.

Ana Rosa Quintana plagió 100 páginas de un libro; Fele Martínez se ha labrado una carrera como actor; Angoy fue portero del Barcelona; Stamos Okupa2 se estrenó en TVE; Garci sigue haciendo películas con subvención; Sánchez Dragó tenía un programa de televisión; Paquirrín es DJ… Y a Dani Martínez le han dado un personaje fijo en Aída. Pues ole sus huevos.

Mi padre siempre dice que España es un país de Quijotes. Y pandereta. Y tiene toda la razón. Por eso nuestros dos últimos presidentes del gobierno han sido un bravucón y un pusilánime.

Ahora, reflexiona, ¿quién los puso ahí?

Segundo: ¿cómo viven ellos ahora?

Y tercero: ¿cómo vives tú?

Si es cierto que siempre pagan justos por pecadores es que los pecadores son listos de cojones.

Y los justos…

Los justos son tontos del culo.

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3 respuestas a Todos somos AMY MARTIN

  1. Un texto cojonudo y candente, aunque demasiado cínico para mi gusto. Sí hay que ser honrado por principio y si no se llega pues mala suerte. Amy no puede ser ejemplo de nada. Una cosa es que consigas que te paguen por escribir, que seas un cutre ladronzuelo de bolis de promoción y otra que te ganes 3.000 euros por artículo. Eso, hasta el más pintado, sabe que es una sobrada, especialmente si se mueve en el inframundillo literario.
    No obstante, es un muy buen artículo.

    José Abatino
    23 febrero 2013 at 20:57 pm

  2. En un momento sí que me dieron ganas de estafar a alguien. Lo malo es que soy una chica buena y simplemente no puedo hacer esas cosas. Mi felicidad depende de ello. Pero qué rabia que da ver a esa gente en sus puestos sin poder hacer nada más que esperar que algún día la justicia divina -si es que existe- se haga cargo del puñado de hijos de puta que se meten por el culo el esfuerzo de todo el mundo. Dan ganas de ir por ahí con una katana.

    María José
    24 febrero 2013 at 17:00 pm

  3. Ingenioso texto, lleno de mal humor porque la situación obliga a él. El problema es que se acusa a Irene Zoe Alameda de cosas que son falsas en su mayoría. José Luis Marín se suma a la descalificación y a la calumnia: una cosa es que esta autora haya publicado bajo pseudónimo y se las apañase con su engaño, lo cual puede estar mal. Otra bien distinta es que sea una inútil, que ni de lejos lo es: lo que se ha dicho del Cervantes es todo falso, de hecho hizo una gestión excelente y lo dejó, como tantos otros escritores que han durado poquísimo en otros destinos del Cervantes, porque no le dejaba tiempo para trabajar en sus obras; y que digas que sus cortos no sean buenos revela un desconocimiento absoluto: han ganado premios prestigiosos e incluso han estado nominados a los Goya. O sea: que el mal humor, se entiende. Lo de sumarse al linchamiento porque sí, es un error, José Luis, y no es tu estilo.

    María Luisa Tostas
    7 agosto 2013 at 0:09 am

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