La novela de tu vida: Ignacio Sanz

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Por Ignacio Sanz*

Lo demás es silencio, de Augusto Monterroso

Lo demás es silencio¿Qué resortes se mueven dentro de nosotros para que elijamos una sola novela entre las cientos, acaso miles y miles que hemos leído a lo largo de una vida? Por supuesto que todo es aleatorio y que, a elegir una, tenemos la sensación de que traicionamos  a otras muchas que nos tuvieron atrapados. Don Pío, perdóneme usted. También le pido perdón a Italo Calvino. Y a Boumil Hrábal. Y a tantos y tantos contemporáneos con los que hice excursiones al cielo.  

Lo demás es silencio es la única novela de un escritor de cuentos y memorias. Y está encerrada en un formato raro. Seguro que decepciona a muchos lectores ávidos de novelas convencionales. Para empezar no hay aventuras, ni intriga, ni siquiera un personaje deslumbrante. Está escrita con testimonios diversos que tratan de acercar al lector el perfil de Eduardo Torres, un escritor provinciano de un país imaginario de América que dirige el suplemento literario del periódico de san Blas. La primera persona que ocupa este puesto de honor es la propia mujer de Torres. Y aquí empieza la fiesta. El erudito de su marido, ese hombre sabio al que todos los jóvenes tratan de acercarse para pedir consejos, cae por los suelos bajo el prisma de su mujer que se supone que lo conoce mejor que nadie y lo desmitifica al contarnos ciertas intimidades con la frivolidad propia de una mujer aburguesada a quien eso de la cultura le parece un camelo. Es maravilloso el contraste que se produce entre el hombre con proyección pública y la proyección que nos hace la mujer de Torres en la intimidad. Pero, como he dicho, el libro es fragmentario, es decir, se construye con retales, testimonios, aportes, incluso con decálogos  escritos por el propio Torres sobre la novela. Y reproches a El Quijote. Es decir, asistimos a una visión con muchos prismas. A veces los testimonios son contradictorios. Pero en medio de la confusión general corre la ironía a raudales y pequeñas verdades que no pasarán desapercibidas para un escritor. Porque Monterroso, además de magnífico cuentista, fue un hombre que se ganó la vida dando talleres de escritura magistrales. Y esa sabiduría queda reflejada en esta novela miscelánea. De ahí que acaso no interese al  público en general, ese público atrapado por una trama intrincada que nos lleva finalmente a descubrir al asesino. Aquí no hay asesinos. Es más, la novela recuerda a esos ríos que al llegar al delta se abren en muchos brazos. Pero deja un aroma risueño en el ánimo del lector. Y más cuando el lector, como es mi caso, escribe un una capital de provincia donde asiste a esas situaciones paradójicas y chuscas que Monterroso retrata con tanta sabiduría.

Una sola perla extraída del libro: «Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista». Además, la novela está ilustrada  con unos dibujos ingenuos de bichos monstruosos realizados por el propio Monterroso. Acaso por ello es una novela que leo y releo. Porque como dijera Menéndez Pidal de los romances: viejos son, pero no cansan.

* Ignacio Sanz es autor de una extensa obra narrativa. Su último libro publicado es El hombre que abrazaba a los árboles (Edelvives), con el que ha obtenido el Premio Ala Delta 2013.

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