‘The Killing’, plan renove

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Por MARTA AILOUTI

El dos de junio es la fecha señalada para el regreso de The Killing. Atrás queda su cancelación el pasado verano. Los rumores de compra. El no otra vez. O el sí en enero de 2013, cuando la AMC finalmente decide renovarla. La indecisión a veces aburre, pero otras, despierta el deseo. Y con ello, las expectativas. De momento, lo que sabemos, promete. O quizás sea sólo el deseo de que lo haga. Veremos.

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Lo que ya conocemos. Ha pasado un año, como en el tiempo real, desde que los detectives Sarah Linden (Mireille Enos) y Stephen Holder (Joel Kinnaman) resolvieran el caso de los Larsen y Linden vive retirada del departamento de homicidios. Sin embargo, en su nueva investigación sobre un asesino en serie, Holder tropieza con un caso anterior de su ahora ex-compañera, lo que la obligará a ella a regresar de vuelta. Una tercera temporada de doce capítulos en la que, esta vez sí, habrá un final cerrado. O eso nos han prometido. Y nosotros recogemos el guante.

Y es que el principal problema de The Killing, temporada uno y dos, fue precisamente este. Que no la supieron gestionar, alargándola en exceso y obligando al espectador a sortear todo tipo de distracciones de relleno para poder llegar al fondo de la cuestión. Y con ello a su final. Memorable es, para no repetir, sus escenas de Mitch Larsen recorriendo carreteras y moteles sin venir demasiado a cuento. De momento nos dicen que han aprendido de sus errores del pasado. Habrá que ver si no nos decepcionan.

Sabemos por tanto quiénes sí estarán. Linden y Holder. Al contrario que el resto de personajes. Suficiente. Y es que uno de los principales alicientes para esta temporada es comprobar cómo será de nuevo la relación entre los dos detectives, de los que ignoramos el tipo de contacto que han mantenido en todo este tiempo, y cómo sus personajes habrán evolucionado por separado. Porque algunas cosas han pasado desde que les vimos la última vez. Para empezar, Holder, nuestro imperfecto y leal Holder, será ahora el veterano en homicidios y no el novato que viéramos en la primera temporada. De hecho, el nuevo ahora se llama Carl Reddick (Gregg Henry), un policía de cuarenta años con experiencia, casado y con una mala relación con su anterior esposa. Por su parte, con el regreso de Linden, a la que por cierto será interesante ver lejos de su adictivo trabajo, será curioso, sin duda, comprobar cómo se desenvuelven en esta relación a tres bandas. Y confirmar si acaso uno más, siempre suma y no resta.

En cuanto a la investigación, sabemos que tiene algo que ver con algún viejo caso de la detective y que esta temporada será independiente a las anteriores. Es una llamada al público nuevo que desee incorporarse. Bienvenidos. Cuantos más seamos mejor. Sin embargo, supongo que más de uno lo habrá pensado, que alguna conexión podría establecerse. Más que nada porque Linden siempre estuvo obsesionada con un caso de su pasado. El de una prostituta que murió asesinada y su hijo de seis años, Adrian, que convivió con el cadáver durante una semana entera antes de que lo encontrara la policía. Después detuvieron al padre, pero ella siempre creyó en su inocencia.

Así que tal vez tengamos una vuelta al pasado. Lo cual no es para nada descabellado puesto que sabemos que Peter Sarsgaard interpretará a Tom Seward, un condenado a muerte por el asesinato de su esposa. Imaginemos pues una Linden más obsesiva y fuera de sí que nunca. Porque para ella siempre es algo personal. Más, este caso. Y a un Holder, que ya de por sí siempre se ha sentido culpable, responsable de arrastrarla de nuevo hasta ese agujero. Lo mejor que tiene la serie es precisamente esto. Su capacidad de provocar la sensación de que en cualquier momento cualquiera de sus dos detectives se va a romper. Y sería una buena noticia que no lo hubiera perdido.

Como tampoco a ese Seattle gris con esos días infinitos de lluvia. Inmejorable fotografía. Y el tratamiento del resto de personajes. Y es que The Killing sabe acercarse al lado más humano del crimen. A sus víctimas, pero también a sus culpables. O a los presuntos culpables. Es un huracán que arrasa con todo. Como todo asesinato. Y afecta a cada uno de ellos. A los más directos, pero también a los más casuales. Antes, durante y después. Porque al final, todos acaban irreversiblemente tocados. Y eso estamos esperando.

Veremos, por tanto, si la esencia sigue o no intacta. Las cuentas a priori no salen. 17 asesinatos, un asesino en serie, tres policías y doce episodios. Demasiados personajes para prestarles la atención que se merecen. Aunque, por otro lado, la idea ya está escrita y todo debería estar bien atado. Así que quizás esta vez sí podamos disfrutar de esa buena dosis de suspense y de las intrigas que nos prometieron en los primeros capítulos de la serie. Sabemos que si se ponen, saben cómo hacerlo. Un regreso en forma de otra oportunidad. De momento el dos de junio tenemos una cita, como es habitual, con un capítulo doble. El plan renove está lanzado. Y alguno de nosotros deseamos que llegue pronto.

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