Ruinas modernas en el Museo ICO

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Por Pedro Bosqued.

 

 

Ruinas Modernas.

Museo ICO. Calle Zorilla, 3. Madrid.

Hasta el 9 de junio.

 

“¿Qué piloto no ha soñado alguna vez con aterrizar sobre la pista de su comunidad y guardar su avión en su propio jardín?”. Sí, suena a boutade, era el llamado publicitario para “Campo de vuelo Residential” en Alhama de Murcia. Una urbanización para pilotos, de la casa al avión. Y la verdad es que cualquiera en una sobremesa podría llegar a planteárselo.

 

La exposición Ruinas modernas de la arquitecta bávara con despacho profesional en Barcelona, Julia Schulz-Dornburg da fe de las barbaridades a las que se llegaron a principios de este siglo XXI. España parecía vivir en una sobremesa eterna, y tras solo una década, hemos llegado a la etapa de ayuno total con ingentes recalificaciones a medio urbanizar de complejos residenciales de nombres rimbombantes que conjugan la expresión “calidad de vida” con “un paraje único” de forma que la ironía chilla desde la muestra.

 

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Gran acierto de la exposición, que mediante una enorme retahíla de datos, fotos, evolución y estado desastroso actual de dichas operaciones inmobiliarias pone de manifiesto el sinsentido del quinquenio 2000-2005. Se construyó a ritmo de un Ensanche como el de Barcelona cada diez días y durante cinco años. Con proyecciones previstas, por ejemplo, en “Marina d’Or Golf” de 141.576 habitantes frente a los actuales 13.107 actuales de los municipios de Cabanes y Oropesa.

 

 Toda la muestra es un mural blanco en el que los datos, las frases rimbombantes publicitarias de las que Joan Fontcuberta señala con lucidez: “Lo que importa es mentir bien”. Y los videos promocionales de futuras familias felices paseando por lagos artificiales rodeados de palos de golf y verde que te quiero verde, hasta el infinito y más allá, en un día siempre azul, sin nubes de testigo ni nadie clamando al cielo por el imposible hecho locura.

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Los cuatro polos de la muestra no dejan lugar a duda. 1.- Expansión, herencias territoriales, exploraciones geográficas y designios políticos. 2.- Ocupación, el gran saqueo. 3.- Constitución, arqueología del futuro. 4.- Ficción, ciudad de vacaciones. Cuatro palabras agudas como acción, que en su entonación unívoca no dejan resquicio al sentido común. Como dice el arquitecto Pedro Azara: “La ciudad de vacaciones está pensada para las masas. Y sólo tiene sentido mientras las acoge. Una ciudad de vacaciones vacía es absurda (un páramo desierto, un mal sueño, y una pesadilla para quienes la planificaron), aunque su fin sea el crear el vacío alrededor de cada persona, o de convertirla en un ser vacuo, es decir sin ser, un ser que deja de ser, que no es nada. La voluntad queda anulada. Se adelanta a todos los deseos y los satisface. La ciudad de vacaciones deslumbra, es decir, ciega. En ella, nada se ve como en la realidad”.

 

Y la mejor manera de ver ese vacío del primer quinquenio del XXI en España está en el museo ICO; una muestra apabullante de cifras, imágenes y frases retorcidas de improbable felicidad prefabricada. Mundos de Orwell a los que todavía después del cambio del siglo alguien pensaba llegar. La primera huella del XXI está en Ruinas modernas. Un modo sano de seguir con los pies en la tierra.

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