La novela de tu vida: Rebeca García Nieto

Por Rebeca García Nieto*

ada o el ardor coverCaí en las redes del perseguidor de lepidópteros relativamente pronto. Debía de tener unos doce o trece años cuando me topé por casualidad con Ada y sus ardores. Estaba en una estantería en casa de mi abuela, junto a El ruido y la furia, Los santos inocentes o el guión de Taxi Driver… No tengo ni idea de qué hacían esos libros allí. Decir que mi abuela no era una gran lectora es, cuando menos, un eufemismo… El caso es que mi primer Nabokov cayó en mis manos, o yo en las de él, cuando yo no era más que una nínfula…

La verdad es que la primera vez que leí Ada o el ardor no entendí gran cosa. Supongo que me pasó como a la propia Ada con aquel relato de Chateaubriand: “Cierta frase de un relato de Chateaubriand (la romántica historia de dos vástagos del mismo tronco) no había parecido muy clara a Ada la primera vez que la leyó, a la edad de nueve o diez años: los dos niños podían, pues, abandonarse al placer sin ningún temor”. Por aquel entonces no sabía mucho del placer del que hablaban Ada y Chateaubriand, pero descubrí otro placer distinto, desconocido, al que podía entregarme sin ningún temor siempre que me viniera en gana: el placer de las palabras. Lo cierto es que las palabras suenan distintas en Nabokov. Sólo él es capaz de convertir un nombre algo “lolailo”, para mi gusto, como es Lolita, en una expedición de la lengua paladar abajo… Así que el ruso me conquistó del mismo modo que Ada conquistó a Van, gracias a “La maestría espectacular que desplegaba en el manejo de las oraciones subordinadas, sus digresiones entre paréntesis, la tensión sensual que sabía imprimir a los monosílabos contiguos (…), todo eso acababa de un modo u otro por producir en Van el efecto de exóticas caricias, una sensación que al mismo tiempo le irritaba y le causaba un deleite perverso”.

Más tarde me enteraría de que en esta novela Nabokov le daba la vuelta al mundo: los protagonistas viven en Antiterra, preguntándose si existirá ese otro mundo llamado Terra… En Antiterra los hemisferios están del revés, de manera que Rusia está en América, y la historia avanza por caminos nunca antes transitados: guerras que se perdieron fueron ganadas, imperios que desaparecieron no se desintegraron. Así, el Imperio Tártaro no cayó, por eso hordas de ciudadanos rusos pueblan la región de Norteamérica llamada Estocia, donde residen los hermanos Ada y Van Veen. Este afán de ponerlo todo patas arriba, incluidos los cánones literarios (o, mejor dicho, sobre todo los cánones literarios) queda patente desde la primera frase de la novela, cuando “gira” la célebre cita de Ana Karenina: “Todas las familias felices son más o menos diferentes; todas las familias desdichadas son más o menos parecidas”. El caso es que han pasado más de veinte años y siempre que vuelvo a Ardis Hall descubro algo nuevo: un juego de palabras que se me había pasado desapercibido, una alusión literaria en la que no había caído; una parodia de Tolstói por aquí, otra de Flaubert por allá… Me gustan los libros que nunca se agotan, y Ada es, sin duda, uno de ellos.

Supongo que podría decirle a Nabokov lo mismo que Ada le dijo a Van en una de sus cartas: “Tú eres responsable, (o, lo que es lo mismo, el Destino es responsable a través de ti) de haber hecho brotar en mí, cuando no era más que una niña, una fuente de frenesí, un furor de la carne, una irritación insaciable…”. Sería exagerado decir que soy escritora por Ada o el ardor, pero lo cierto es que este libro encendió el fuego. Dediqué mi primera novela a Ada y a Van. Creo que con eso lo digo todo.

* Rebeca García Nieto es escritora y psicóloga clínica. Su primera novela, Historia de una mirada, fue publicada recientemente por Eutelequia. Con su segunda novela, Eric, una vida en ausencia, quedó finalista del Premio Azorín 2012. Es redactora jefe de la sección Internacional de Culturamas.

2 respuestas a La novela de tu vida: Rebeca García Nieto

  1. Empecé a leer esta novela y cuando llegaba al final la abandone; no me fu incomprensible. Su prosa cortada los exceso de paréntesis me cansaron. Aún así pienso volver a ella. Que diferente a “El hechicero” obra breve pero de una intensidad maravillosa.

    Gerardo Zamudio
    18 mayo 2013 at 19:57 pm

  2. Muchas gracias por tu comentario, Gerardo. No he leído “El hechicero”, así que me la apunto. Gracias!

    Rebeca García Nieto
    20 mayo 2013 at 10:01 am

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