La flor de Irupé

Dramaturgia y la dirección: Julieta Ledesma

Actúan: Marisa Aguiera, Santiago Fraccarolli, Fernanda Penas

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Por Nicolás Correa.

 

Lo fértil del asunto

Una obra de arte, cuando fértil e inacabada, es una puerta de entrada a la realidad, es decir, al mundo, del cual inevitablemente hace un recorte. Los críticos teatrales son, por lo general, bastante ociosos y suelen esquivar (o no ver) el punto nodal de una obra, por decirlo de alguna manera: “esquivan el bulto”. Movido por intereses más sistemáticos que el ocio, he llegado a La flor del Irupé, opera prima en teatro de Julieta Ledesma.

Decía que una obra de arte, cuando fértil e inacabada, y esto lo digo con conciencia de que es el espectador quién debe hacerse cargo del acabado de la obra, es una puerta de entrada a la realidad. Me rectifico para ganar un poco de precisión: una obra de arte tiene varias puertas de acceso a lo real. He allí el sedimento y, posteriormente, lo subsidiario del realismo: la mímesis de la realidad. Una copia sin más, una copia del original. Por suerte, La flor del Irupé es más que eso.

 

Hallazgos y potencialidades

Lo fértil de la opera prima de Julieta Ledesma es, entre otras cosas, la suma de los conflictos secundarios que cercan al conflicto principal de la obra: las vecinas del pueblo, aunadas por una suma de sentimientos e idealismos políticos, juntan fuerzas para desplazar a una “compañera” que ha conseguido un puesto público de planta permanente. Esto último, resultaría ser la acción desencadenante que situaría el conflicto principal. Un peronismo de derecha y un peronismo de izquierda. Hasta aquí, gacetilla de prensa. En lo fértil la reproducción mimética de la realidad; entre líneas, la mayor potencia de esta obra es la contradicción. El hallazgo de Julieta Ledesma es llevar el drama al lugar más humano de la tragicomedia: las pasiones del peronismo. Las pasiones del peronismo puestas en abismo, es decir, llevadas al extremo hasta forzarlas a la ambigüedad. Y el gran acierto de la obra reside en un lugar que surge como paradoja histórica, y funciona como pura contradicción, si además se le suma la interlocución de una época donde el peronismo histórico está girando/ resistiendo hacia el kirchnerismo; donde las bases del partido popular se mezclan a una nueva fuerza irruptiva en el plano político nacional. Barajo y vuelvo a dar: El hallazgo: la contradicción del militante, la contradicción del hombre. La potencialidad: las líneas de lectura.

 

Aproximación:

Dije que el espectador es quien acabará la obra de arte. Aquí encuentro el punto más interesante de este trabajo: ¿dónde reside la fuerza de la obra de arte que pone en abismos la historia nacional, el ser militante, el regionalismo, y por último, las pasiones del hombre? Existe una fuerza inusitada que parte de la paradoja, en este caso, y es la propia resolución del espectador del drama humano que se representa, porque La flor del Irupé conmueve, a menos que uno sea solemne como pedo de inglés; es el espectador a quien logra también poner en cuestión de una manera difícil de esquivar. La obra (demás está decir que Fernanda Penas, Marisa Aguiera, acompañadas de Santiago Fraccarolli dejan absolutamente todo en escena con una representación actoral de una inmejorable proyección) consigue un punto máximo en el momento en que el espectador realmente debe tomar por sí mismo una elección ideológica, y cargar de significado ese significante que se da en la ambigüedad.

No es común que en estos días una dramaturgia nos lleve a una paradoja de tan compleja resolución, porque si en un momento parece que sólo el efecto de lo barroco, el grotesco o la lucha por los medios de comunicación (toda la tragedia se ocasiona por medio de un programa de radio) saturan el conflicto principal, este logra avanzar y crecer en intensidad sin dejar que ninguna de esas líneas argumentales secundarias caigan a la deriva. La misma fuerza de la obra las lleva al mismo cúmulo de contradicciones, es decir, hasta el último lugar donde puedan consumirse: el fuego.  

Quedan para otros críticos las sumas de las potencialidades que La flor del Irupé ofrece y que con el tiempo, espero, recordemos como infaltable dentro de la gesta de un nuevo teatro nacional.

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Ficha Técnica:

Dramaturgia y la dirección: Julieta Ledesma

Actúan: Marisa Aguiera, Santiago Fraccarolli, Fernanda Penas

Voces en off: Marianela Iglesias, Bárbara Landgraf, Alejandro Markman Ureña

Asistente de Dirección: Lucila Ianigro

Productora ejecutiva: Dolores Montaño

Escenografía: Mariana Del Gener

Diseño de Luces: Sandra Grossi

Vestuario: Ezequiel Galeano

Asesora en Dramaturgia y Dirección: Susana Torres Molina

Música original y diseño de sonido: Nicolás Bari, Matías Niebur

Diseño Gráfico: www.estudiocumbre.com

Imagen EVA original (Gráfica): Daniel Santoro

Prensa: Maria Sureda

 

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Estreno: domingo 5 de Mayo

Funciones: domingos 19.30hs

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS – Mario Bravo 960 – CABA

Reservas: 4862-0655 – www.elcamarindelasmusas.com

Localidades: $ 70

Jubilados y est. universitarios: $ 50

 

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