Entrevista a Rafael Sanz Lobato con motivo de su retrospectiva

Por Clara Felis.

 

Rafael Sanz Lobato. Fotografías 1960-2008

Museo de la RABASF

C/ Alcalá, 13

Hasta el 8 de septiembre.

 

Rafael Sanz Lobato. E. Cotarelo.

Rafael Sanz Lobato. E. Cotarelo.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acoge desde el 16 de julio hasta el 8 de septiembre la exposición ‘Rafael Sanz  Lobato. Fotografías 1960-2008.Una retrospectiva del fotógrafo que resume vida y obra.

 La cita fue a las 9.30h en la plaza Santa Bárbara (donde se encuentra su domicilio). El sonido de las tazas de café y de las primeras tertulias de la mañana quedan insonorizadas en el pequeño refugio de Lobato, donde se escucha ‘Granada’ de Albéniz, que recuerda a esa Andalucía que dejó atrás hace ya algunos años pero que sigue estando presente en él. Rafael Sanz (Premio Nacional de Fotografía en 2011) nos abre las puertas de su casa y también de su vida. Una vida dedicada plena y exclusivamente a la fotografía. Una vida centrada en contar historias, en retratar por medio de imágenes las caras y los rincones menos conocidos de nuestro país. Aquellos que todo el mundo mira pero que nadie más ve.

 

  “El blanco y negro es más creativo que el color” (Rafael Sanz Lobato)

 

-Tengo entendido que su pasión por la fotografía ya estaba presente desde bien pequeño

 Pues sí, desde bien pequeño estaba suscrito a revistas fotográficas como ‘Blanco y Negro’. Yo, como era  el mayor de cinco hermanos, salía a la calle con mucha frecuencia a hacer  recados,  incluso lejos del sitio donde vivíamos. Recuerdo que por el año 40 pasaba por un asilo social, por la calle Gutenberg, cerca  del metro Menéndez Pelayo, y veía escenas muy duras. Niños desarrapados, con abrigos rotos llenos de zurcidos y la cabeza llena de pústulas. Al margen  de eso, también existía por aquella época los famosos ciegos que vendían cupones y que generalmente iban acompañados por su mujer o compañera. Ambos iban vestidos de manera estrafalaria. Aquellas cosas  se me quedaron en la cabeza y con 12 o 13 años dije ¡Jo! si tuviera una cámara fotográfica…

 

– Y la tuvo, después de algún tiempo ¿no?

 Pues sí, sobre el año 53. Por aquel entonces yo trabajaba en una empresa constructora, era la época de 48 horas semanales. Teníamos un sueldo bajísimo, y nos obligaban a hacer horas extraordinarias por un tubo. Hasta el punto que si a las siete de la tarde cuando tenías que salir, tenías que pedir permiso. En aquella época  llevaba  muchos años diciéndole a mi madre: ¡Mamá, me gustaría tener una cámara fotográfica!. Y mi madre me decía, ¡hijo, pero si no hay ni para comer, como te vas a comprar una cámara fotográfica!.. Entonces,  cuando llevaba un año trabajando ahorré 1250 pesetas que fue lo que me costó la primera cámara que tuve.

 

Viernes santo. Bercianos de Aliste, 1971© Rafael Sanz Lobato

Viernes santo. Bercianos de Aliste, 1971 © Rafael Sanz Lobato

El 53 fue una etapa muy complicada porque no había escuelas ni sitios donde aprender. Llevaba los a rollos a revelar a  la tienda donde compraba  mis productos fotográficos, y a veces te hacían unos revelados horrorosos. Para defenderme de aquello, hablé un día con el encargado de la tienda y  le pregunté  ¿qué hace falta para revelar? Y me dijo: Nada, una cubeta y poco más. Total que me compré  una cubeta y aprendí a revelar solo.

 

-Sus fotos muestran la realidad social de una época. Documentan sobre un período, narran las historias de aquellos que pasan desapercibidos…

 Yo estuve haciendo documentalismo hasta el año 85 y es algo que siempre ha estado conmigo. El documentalismo es una faceta muy compleja y  hay que dos formas de hacerlo: O bien como hace Sebastián Salgado,  que se va a un sitio donde están pasando cosas continuamente, o bien al estilo Cartier – Bresson que se va a una ciudad o a un pueblo y va como el cazador, con la escopeta cargada esperando a ver cuando salta la perdiz. Hay veces que salta una perdiz,  dos y otras ninguna. Es una tarea muy difícil y muy complicada. Hay que patearse la calle durante horas, horas y horas. Diez horas diarias mínimo. En el documentalismo no hay que preparar nada, hay que esperar y disparar. Ahí está la magia.

 

– Ahí,  y en el blanco y negro

Pues sí, efectivamente. El blanco y negro tiene un halo especial que es incomparable. Es una de las tonalidades más maravillosas que ha dado la fotografía.  Es más creativo que el color y se puede uno expresar hasta el infinito. Nosotros vemos en color todos los días, el color normal, y a veces resulta  hasta vulgar. Para hacer un color especial te tienes que ir al blanco y negro.

 

-Además de sus paisajes, en la exposición también se muestran una serie de retratos de personajes reconocidos tales como José Mercé o Antonio Lorenzo

Esto fue a raíz de colaborar con el Ministerio de Cultura, donde conocí a muchos pintores, escritores, poetas… que acabaron siendo amigos míos. Y todas las fotos que hay allí son fotos amateurs. Lo hacía por amor el arte. Son personas que a mí me interesaban por su fuerte personalidad.

 

-Lo cierto es que intentan cambiar la fotografía así como el lenguaje. Ahora, en lugar de químico dicen analógio que ¡es un palabro horrible!

Segovia, 1967, © Rafael Sanz Lobato

Segovia, 1967, © Rafael Sanz Lobato

Tanto yo como mis alumnos tenemos prohibido pronunciarla. Para mí, lo digital supone una vulgarización del proceso fotográfico.  Ahora la gente se compra una máquina digital con un zoom, que es el objetivo que peor calidad hace las fotos y listo. Pero eso la gente no lo sabe, ni le importa tampoco, ni se preocupa. Lo digital es un agravio más de las grandes multinacionales, a las que no les interesa el arte, sino el dinero, sólo el dinero. Kodak lleva años vulgarizando el mundo de la fotografía y lanzando el mensaje de que todo el mundo puede tener su cámara y ser artista, y eso no es así.

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