Lucía Quintana es Maribel: un gran personaje en una espléndida trayectoria

Por Horacio Otheguy Riveira

El teatro es un trabajo apasionante, en constante evolución

Desde la adolescencia entre escenarios familiares que aman el teatro, y al fin un personaje a su medida, toda una obra que exige gran labor de equipo en torno a una de las criaturas escénicas más interesantes del teatro español del siglo XX y lo que va del XXI.

Durante mucho tiempo, los enormes prejuicios culturales de España habían arrinconado al teatro de Mihura por el simple hecho —tan corriente en la llamada “intelligentsia”— de haber sido un autor de gran éxito durante el franquismo, y para peor: de gran éxito con comedias. Pero el talento acaba imponiéndose a la estupidez, aunque ésta sea muy grande, y las nuevas generaciones supieron interpretar las admirables creaciones de un escritor por demás singular, lleno de brío e ingenio.

Mihura estrenó mucho, casi siempre dirigiendo él mismo sus comedias. Es esta su obra maestra, su primer éxito, muchas veces representada y con dos versiones cinematográficas más otro tanto en producciones para televisión. En todo caso, esta reposición es un estreno por todo lo alto porque por primera vez se representa por una Compañía con más experiencia en los teatros públicos, en las escuelas de teatro de las últimas décadas, integradas en una gran labor de equipo bajo la dirección de un hombre como Gerardo Vera, capaz de restituir a Mihura la dignidad que corresponde a un creador sin atenuantes, y con un admirable elenco, uniendo veteranas muy sabias como Alicia Hermida y Sonsoles Benedicto con un veterano ilustre como Abel Vitón y un grupo de jóvenes abiertos a la experimentación, aportando mucha frescura y plasticidad: Markos Marín, Elisabet Gelabert, Chiqui Fernández, Macarena Sanz, Javier Lara.

Lucía Quintana en 'Maribel y la extraña familia'

Una escalada entre mujeres trágicas

Lucía Quintana ha logrado convencer con un personaje sobre el que la profesión y muchos espectadores creían imposible. En otras producciones los personajes secundarios “se comieron” a la protagonista, pero esta vez todos se comen entre sí en un fantástico canibalismo teatral, mágico, formidable, con gran lucimiento de todos y cada uno… pero con el brillantísimo protagonismo de Maribel, primer gran protagonista de una actriz que siempre logra que el espectador encuentre nuevas maneras de entender personajes que forman parte de la historia del teatro.

Así sucedió desde sus comienzos, cuando su padre, el actor y director, Juan Antonio Quintana la dirigió en la delicada y torturada Sonia de Tío Vania, y poco después vino a Madrid a estudiar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD): “Mi padre y mi madre, Mery Maroto, pintora, escultora y escenógrafa, tenían en Valladolid su propia Compañía, y trabajaban muy duro alternando con otras profesiones, ya que, por ejemplo, mi padre era profesor de Instituto, y en sus horas libres se volcaba en montar funciones teatrales. No quería que yo me dedicara al teatro, aspiraba a algo más seguro, pero cuando me vio interpretar a Sonia, quedó convencido de que ese era mi camino”.

Estudiar y componer personajes con el completo instrumental que aporta la RESAD fue empezar a navegar en aguas procelosas: “Cuanto mayor dificultad, más apasionante, y luego lo que aprendes con cada director, o “desaprendes”, que también es interesante porque son nuevas dificultades a resolver”.

Entre sus mayores creaciones recuerdo la alegría con que realizó un desnudo integral junto a Jesús Noguero. Desde luego, la obra era muy buena, Cara de plata, de Valle Inclán, pero la puesta en escena y las interpretaciones en general resultaban muy aburridas. Cuando la pareja se desnuda era inevitable abrir los ojos como platos, y después, una vez visto lo visto, la satisfacción de escuchar el fluir de un texto formidable en unos actores que dominaban la expresividad total del actor con una naturalidad conmovedora: “El desnudo físico como las escenas sexuales o sentimentales no es diferente al proceso interior, como por ejemplo en Rosana, el maravilloso personaje que hice en Cyrano de Bergerac, es cuestión de dar con el compañero adecuado para crear una situación imaginaria y a la vez real: ese es nuestro trabajo y me parece fundamental que los actores tengamos esa disciplina y esa libertad para movernos con o sin ropa”.

Lucía Quintana en 'Maribel y la extraña familia'

 

El viaje irresistible de una actriz y su personaje

Aquella Rosana también fue una isla en un espectáculo fallido, pero más adelante se integró en contextos muy logrados como, dirigida por Alfredo Sanzol, La cabeza del Bautista, segunda de las tres obras que componen el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, de Valle Inclán, donde fue una revelación la manera de encarnar a una mujer de apabullante sexualidad en una espiral vertiginosa de humor y desesperación.

Y luego Woyzeck, la dura tragedia donde la dirigió por primera vez Gerardo Vera: una mujer arrollada por pasiones y prejuicios, finalmente degollada por su amante, un soldado destruido por la sociedad imperante.

Sin embargo, los mayores gozos sin sombras de Lucía Quintana se han proyectado en grupos de trabajo comprometidos con Alfredo Sanzol, un hombre de teatro, maestro, autor y director, con un lenguaje propio y una visión del teatro coral, contador de historias que parten de su propia experiencia para expandir una poética teatral sumamente original. Juntos hicieron éxitos como Sí, pero no, En la luna…

Maribel tiene un proceso maravilloso en tres actos, un crecimiento, un viaje inesperado para ella misma porque no sabe de todo lo que es capaz, aparentemente condenada a ser una prostituta sin estudios ni futuro. Entonces en el primer acto vive la locura de un cliente que nunca la ha tocado pero la lleva a casa de sus ancianas tías que la reciben como a una señorita. En el segundo acto se exhibe ante sus “colegas” para demostrarse a sí misma que sí puede cambiar y que esa familia la quiere de verdad. En el tercer acto todo se junta y se dispara con una trama de crimen y misterio hasta el desenlace.

Y en sus manos está que todo ese proceso sea creíble y emocionante además de divertido. Una obra coral con una protagonista sobre la que gira toda la historia.

Lucía Quintana no sólo es capaz de lograrlo tarde a tarde, sino que produce un inmenso placer en quienes la aplauden y salen del teatro con una sonrisa. El epílogo musical es óptimo, pero lo que conlleva es que esta extraña familia se queda con uno para siempre, un recuerdo inolvidable de excelente reparto y una Maribel irresistible, única, como si nadie la hubiera representado antes.

Lucía Quintana en 'Maribel y la extraña familia'

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Una respuesta a Lucía Quintana es Maribel: un gran personaje en una espléndida trayectoria

  1. He visto con unas amigas Maribel y la extraña familia en el teatro Isabel la Católica de Granada y lo hemos pasado muy bien. Aunque ya lo había visto en película en televisión me ha encantado en el teatro. Los personajes y los diálogos muy divertidos. Sois todos muy buenos.

    Pilar
    21 junio 2014 at 1:12 am

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