Relatos breves y microrrelatos (Heimito von Doderer)

 

Por Ricardo Martínez

 

Heimito

 

Heimito von Doderer: Relatos breves y microrelatos.

Acantilado, Barcelona, 2013

Innecesariamente, inmerecidamente se asocia en ocasiones la brevedad con la simpleza, por no decir con la inanidad significativa. Y nada más lejos de la realidad. ¿Acaso Nietzsche eligió el aforismo como fórmula literaria para eludir el pensar y el decir? Pensemos solo en la obra de Edmond Jabés  para reparar en un ejemplo de altísima literatura. En ella hay una exposición permanente en favor de la brevedad, de la intensidad. Allí se valora incluso de una manera muy representativa el silencio entre palabras.

Ya hay ejemplos, de hecho, en nuestra literatura, pues allá por el siglo XVI, se nos hacía una invitación implícita, debe entenderse, al uso de esta fórmula de claridad, brevedad, concisión. Fue Juan de Valdés en su ’Diálogo de la lengua’ cuando escribió: “solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible”

El caso de von Doderer es significativo por cuanto habiendo demostrado ya en su extensa obra ‘Los demonios’ el dominio del lenguaje, de la palabra cultivada como creadora de un ambiente sutil y expresivo ahora, nos regala estos relatos, algunos de exquisita brevedad, que reciben, y extienden, el bien de su palabra culta, sugeridora, intensa… ‘Nuestra época’ o ‘El amor’ son ejemplos distinguidos de lo expresado aquí.

Entiéndase que lo breve no se queda en el aquí inmediato del lector, no elude, sino, antes bien, va más allá de las pocas escasas palabras utilizadas, (de ahí la necesidad de que éstas sean significativas, hayan sido bien elegidas) La brevedad, digamos, supone, antes bien, para el lector atento, una invitación, un desafío para ir más allá de lo expuesto con concisión, pues lo que el texto encierra suele ser una sugerencia, una invitación a la imaginación, a la utilidad de la inteligencia más especulativa.

El texto breve, cuando ha sido elaborado con sabiduría, viene a cumplir aquel aserto según el cual el lector se convierte en re-creador, esto es, lleva más allá, ahora desde sí, lo que el escritor ya ha expresado pera que ha de obtener su verdadera vida en la mente de cada uno de los lectores. Así pues, la lectura de este libro, en el fondo, es un reto gozoso para que la realidad agrande sus límites, que nos envuelva casi como una forma de amor.

Nadie, nadie que lea el texto final de este libro emocionante, refinado y embriagador podrá pensar, creo, sino positivamente por tener un regalo así al alcance de la mano (y de todos sus sentidos)

“¿Se puede saber lo que pasó?” Ahora entra el lector.

 

                             

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