Nigromantes estatales

Por Santiago Benito López.

nigromante2Películas y series como El Señor de los anillos o Juego de tronos están más que de moda; cada vez son más aquellos que se deleitan con historias épicas y personajes de fantasía como magos, elfos, gnomos y demás gentecilla. En este caso nuestros políticos no podían ser menos y se suben  a lo que esté de moda con tal de enredarnos a unos con otros ¿cómo?  Pues esta vez jugando a disfrazarse de personajillos mágicos y malvados de orejas puntiagudas. Con tonterías propias de tal profesión nos hemos encontrado, no hace mucho, al alcalde de Baralla (Lugo), Manuel González Capón quien se ha puesto el traje de nigromante y ha fantaseado con tener la habilidad de poder resucitar a los muertos. Por tipos como este, aquellos a los que nos gustan las novelas de fantasía estamos de suerte ya que entre este individuo y el que, como algunos ya denominan el vampiro transilvano de Montoro, aún nos quedan muchas historias “fantásticas” que escuchar y contar.

En esta ocasión este nigromante estatal nos ha deleitado con la frase de que “los que fueron condenados a muerte durante el franquismo sería porque se lo merecieron” y claro, abriendo otra vez heridas que a algunos les pueden escocer, este individuo vuelve a abrir el coto de caza para el argumento de que el fascismo sigue vivo.

Y es que cada vez los políticos nos lo ponen más difícil a los que queremos, de verdad, terminar con el franquismo de una vez por todas. Y cuando digo políticos me refiero tanto a PP, PSOE e IU; cada vez que cada uno de estos nos viene con el temita “franquil” no hace más que restregarlo de nuevo por cada uno de los ciudadanos que, y en función de lo que creen sus interés (que no lo son), se pelean de nuevo por colocarse la etiqueta de “los buenos de la película” de la “Guerra Civil”. Y es que tenemos que fijarnos en que cada vez que uno de estos “ángeles de conciencia” hablan sobre el tema no es para relatar objetivamente la historia sino para decir quién fue el malo y quién fue el bueno: unos que no se cansan de sacar a “Franco” a pasear desde que se levantan hasta que se acuestan y otros que les siguen el juego a los primeros para mantener en el bolsillo cual pañuelo de mocos a todos aquellos que siguen en la guerra pero en el bando contrario, y que sí que los hay todavía por ahí sueltos, pero lejos de ser una mafia fascista que controla el país, como la izquierda cree, no son sino una panda de impresentables, que se limitan a mantener  vivo algo que, no siendo un santo, ya está muerto (que no se me califique ya de facha que yo tengo familia de izquierdas asesinada en el franquismo).

En el caso que hoy nos ocupa, no hablamos de un franquista que nos maneja como a un títere, sino de un impresentable que mantiene a los de enfrente la llama encendida y que además y para más inri es un político que necesita ser mantenido.

Cada vez que los individuos decimos “aquellos” son los malos permitimos que la figura del político, en tanto que político, se siga manteniendo. Hay que acabar con los impresentables que nos limpian el bolsillo y no con los fascistas, que aunque los habrá todavía, no hacen que el fascismo siga vivo. No hay mejor manera de acabar con el franquismo que dejándolo a un lado por completo (dejemos que cada uno entierre a los suyos y punto que es lo único que individualmente nos debe preocupar); ahora bien, para dejarlo de lado de un vez por todas hay que acabar con esas figuras estatales que se ocupan de asuntos estatales, los cuales no revierten individualmente en nuestro quehacer diario. Trabajo y política son nociones que en su significado se contradicen al 99%.

Para que se entienda y haciendo referencia a mi artículo anterior, la figura del político es como la del pedagogo actual: no es que el político sea malo o bueno, sino que es la profesión misma la que carece de sentido ya que para mantenerse y existir como tal “profesión” necesita, como cualquier otra cosa, un contenido al que referirse para ejercer ese trabajo. Para elprivilegios-politicos-466x490 político el único contenido sobre el que trabajar es este tipo de temas que individualmente no nos afectan, pero que a ellos, les mantienen en el negocio a la vez que hacen que nos peguemos unos con otros.  

Lo de González Capón, no merece mayor atención, es un impresentable porque evidentemente nadie se merece la muerte, sea quien sea, pero nada más. Más vale que a este tipejo le diesen con su apellido en el cogote tantas veces como años lleva robando legalmente lo de otros y lo quitasen de en medio, pero no porque sea un fascista que ha vuelto de la tumba sino más bien por ser un político que como tal no satisface ninguna necesidad y que sin embargo nos necesita para mantenerse sin trabajar mandando mensajes que nos enredan a unos con otros y que nos hacen sentir  a su vez que les debemos el “voto” para que salvaguarden lo que creemos nuestros intereses que no son sino los suyos.

Según he podido leer en el diario “El país”, el alcalde popular ya ha pedido perdón al respecto de lo ocurrido: pues sinceramente métase el perdón en el bolsillo, en vez de nuestro dinero y levante el culo del asiento que todos le pagamos porque lejos de poder corregir su error, siendo político de profesión  a lo sumo que podrá llegar será a repetir otra vez una tontería de tal calibre, ya que su “trabajo” no da literalmente para más. Preocupémonos de nuestros asuntos diarios e individuales y no de cosas que en conjunto sólo crean problemas.

Si algo queda del franquismo son algunos sinvergüenzas que se suman a la política para hacer “estado” y vivir a nuestra costa (la izquierda y la derecha) pero Franco ya está muerto, aunque algunos se empeñen en resucitarlo para usarlo como arma política; es curioso como a día de hoy una mano muerta puede seguir manteniendo a los vivos.

 

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