Pink Floyd: La música sensorial de los sueños

 

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Por Juan Israel Aldana Núñez @juanisraldana.

En esta ocasión hablaré de uno de los grupos más importantes de la historia de la música del pasado siglo XX, y considerado gran influencia de los grupos modernos, la música psicodélica, el rock sinfónico, y el rock y el metal progresivo.

La banda británica, estaba capitaneada por Roger Waters y David Gilmour, y contó con Syd Barrett, Nick Mason y Richard Wright como miembros fijos (en una u otra época) y destacados.

Pink Floyd es conocido principalmente por el estilo rock espacial de sus composiciones y por sus elaborados álbumes conceptuales de mediados de los años 1970, pero lo cierto es que comenzaron como una banda mucho más convencional.

Sus primeros años, dirigidos por Syd Barrett, estaban teñidos de la psicodelia imperante en aquel momento (finales de los años 60), aunque comenzaba a mostrar algunas trazas de los que se acabaría convirtiendo en el rock espacial característico de la formación.

El consumo masivo de drogas como el LSD por parte de Barrett provocó que sus composiciones oscilaran entre las clásicas melodías de pop como “Astronomy Domine” y la experimentación de temas más largos, hasta el límite de que ”The Piper at the Gates of Dawn”, el primer album como tal, fuera considerado como uno de los mejores álbumes psicodélicos jamás publicados.

Las letras de este trabajo, divertidas y humorísticas y a veces emulando viajes espaciales como metáforas del sentimiento psicodélico, contrastan con el sonido envolvente del teclado de Wright y con las melancólicas líneas de guitarra de Barrett, dando un sonido general a menudo caótico y confuso.

Con la publicación de “A Saucerful of Secrets” en 1968, el estilo de la banda dio un giro debido a la salida de Barrett de ella y a la entrada de David Gilmour.

Definido como un álbum de transición, en él se mezclan las canciones psicodélicas semejantes a las firmadas por Barrett y piezas más experimentales, con influencias de la música clásica y que ayudaron a marcar el posterior sonido de Pink Floyd.

En este álbum aparece la última canción compuesta por Barrett, “Jugband Blues”.  Los discos “Music from the Film More”, “Ummagumma” y “Atom Heart Mother” siguieron explorando los sonidos del rock espacial que llevarían a su máxima expresión con posteriores trabajos.

“Atom Heart Mother” es quizás el álbum más experimental de la discografía de Pink Floyd y uno de los más inaccesibles. La pieza homónima orquestal ocupa toda una cara del disco con sus más de 23 minutos de duración, mientras que “Alan Psychedelic Breakfast” reproduce los sonidos de un hombre preparándose el desayuno, intercalados entre fragmentos instrumentales.

Con “Meddle”, Pink Floyd comenzó a enfocar su propio sonido de manera directa. En él, la banda se sumergió en piezas largas y elaboradas, como “Echoes” o “One of These Days”, firmando una de las mejores obras de su carrera.

“The Dark Side of the Moon” se convirtió en el álbum más vendido de la banda y uno de los más vendidos de la historia de la música. El nuevo cambio de estilo de la banda se hace patente de nuevo, con canciones como “Money” o “Time” y con la aparición de coristas femeninas y del sonido del saxofón.

Las texturas sonoras exploradas en este disco y las cuidadas atmósferas definieron el sonido clásico de Pink Floyd con una mezcla de blues rock, jazz fusión, rock psicodélico y art rock.

La continuación de “The Dark Side” también fue todo un éxito en ventas y se convirtió en otro clásico del grupo. “Wish You Were Here”, con unas canciones dedicadas a Syd Barrett y otras dirigidas contra la industrialización de la música.

Contiene el tema “Shine on You Crazy Diamond”, uno de los más conocidos de la banda y el más largo, que con sus casi 26 minutos tuvo que ser dividido en dos pistas, una al comienzo y otra al final del álbum.

Esta canción está enteramente dedicada a Barrett, junto a “Wish you Were Here”, otra de las canciones más famosas. El liderazgo de Waters se comenzó a imponer en la grabación de este álbum, y acabaría por ponerse ampliamente de manifiesto en los álbumes siguientes, especialmente en “The Wall” y “The Final Cut”.

“Animals” es uno de los álbumes más oscuros de la época dorada de la banda, en el que Waters trata a la especie humana como cerdos, perros y ovejas, en una metáfora de la sociedad actual basada en el libro “Rebelión en la granja”.

Las canciones son mucho más largas de lo habitual, ya que todas superan los diez minutos excepto “Pigs on the Wing”, que viene separada en dos partes de minuto y medio cada una.

Con “The Wall”, la supremacía de Waters en el control compositivo de Pink Floyd se hizo claramente patente. Con todo, es uno de los discos más famosos de la banda y uno de los más vendidos de la historia, aunque no superó a “The Dark Side” en cifras.

El disco es una ópera rock basada en una estrella de rock que se aísla del mundo a base de consumir drogas, construyendo un muro a su alrededor.

Aunque Waters lo haya negado varias veces, el álbum parece una autobiografía suya, puesto que el protagonista, llamado “Pink”, guarda varias similitudes con él.

La canción “Another Brick in the Wall” se alzó rápidamente como la canción más representativa del disco y una de las más conocidas del grupo, con un característico coro de niños cantando la línea “We don’t need no education”.

“The Final Cut”, un álbum inicialmente pensado como un recopilatorio de los temas que no habían entrado en “The Wall” (y que incluso se iba a llamar ”Spare Bricks”, Ladrillos sobrantes), fue definido como una mezcla entre los estilos de ”Animals” y ”The Wall”, y fue dedicado a la memoria del padre de Waters, muerto en combate en la Segunda Guerra Mundial. Este álbum gira en torno a la Guerra de las Malvinas.

Con la marcha de Waters en 1985, el estilo del grupo dio un giro considerable, especialmente en el aspecto lírico. La música siguió el estilo general de la banda, con atmósferas cuidadas y el típico sonido de Gilmour a la guitarra, pero se echó en falta la cohesión de Waters y su habilidad como letrista.

Esto se materializó en ”A Momentary Lapse of Reason”, un álbum bien acogido por el público y compuesto casi enteramente por Gilmour, quien dejó más espacio al resto de miembros en el siguiente disco, “The Division Bell”.

Este disco fue un regreso a los tiempos anteriores a ”The Dark Side of the Moon”, pues se pueden apreciar largas notas en el teclado y los efectos de eco que posee el sonido de la guitarra.

Líricamente, el trabajo parece tener referencias implícitas a Waters y a la historia de ”The Wall”, aunque predomina el tema de la caída del muro de Berlín.

Tras la gira correspondiente a éste último álbum, inevitablemente cada miembro fue desligándose del resto durante los años siguientes. Y aunque nunca hubo una ruptura oficial, desde entonces, los integrantes no volvieron a tocar juntos.

Con respecto a Syd Barrett, el primer líder de la banda; a medida que la fama de Pink Floyd creció, su abuso de drogas fue afectándole cada vez más, llegando a incapacitarlo para actuar en conciertos, o asumir cualquier responsabilidad como parte del grupo.

Sólo tres años después de la fundación de Pink Floyd, Barrett dejó la banda e intentó una breve carrera en solitario, tras los cuales se retiró, recluyéndose desde entonces en la casa de sus padres.

Pink Floyd sobrevivió a su pérdida, pero la enfermedad mental de Barrett tuvo un profundo efecto en las letras de sus nuevos líderes y una gran influencia durante toda la posterior carrera del grupo. Moriría en Julio de 2006.

Ya bien entrado el Siglo XX, y cuando parecía que de Pink Floyd sólo quedaba un recuerdo en la memoria colectiva, se produjo el gran acontecimiento.

El 2 de julio de 2005, la banda se reunió una vez más para una sola actuación en el famoso concierto del Live 8 en Londres. Para este acontecimiento, sin embargo, Waters se unió a sus ex-compañeros después de 24 años sin tocar juntos. Pink Floyd interpretó un conjunto de cuatro canciones, con Gilmour y Waters compartiendo las labores vocales.

Al final de la actuación los 4 miembros se fundieron en un abrazo conjunto que se convirtió en una de las imágenes más famosas del concierto. Muchos fans expresaron su esperanza de ver una reunión del grupo después del Live 8 de Londres, y se les ofreció una suma de 250 millones de dólares para llevarla a cabo, pero la banda aclaró que no tenía pensado realizar tales planes.

De todos modos, como en ésta vida todo es posible, quién sabe si un día nos despertamos con la sorpresa de que los tres supervivientes e integrantes, deciden acercarse por una última vez al “Lado Oscuro de la Luna”

 

Escucha The best of Pink Floyd: a foot in the door en Spotify

 

 

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Una respuesta a Pink Floyd: La música sensorial de los sueños

  1. Muchas gracias por hacer un contenido sobre la mejor banda de todos los tiempos. Saludos desde Paraguay.

    Paco
    5 octubre 2016 at 4:57 am

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