La cabaña en el bosque (2011), de Drew Goddard

 

Por Miguel Ángel Martín Maestro

 

Cuando uno se asoma al cine de género, ya sea comedia adolescente,  ciencia ficción, terror… corre el riesgo de enfrentarse a prejuicios que, por un lado espantan a muchos espectadores que huyen de todo aquello que huele a camino trillado, y a mucho cinéfilo que piensa que el género, por si solo, no merece el tiempo que se le puede dedicar. Si a eso se le une que nos encontramos ante una película del año 2011 que, por sorpresa aparece en la cartelera española cuando hacía más de un año que estaba programada su inicial distribución, y encima en este tiempo obtiene la marca “de culto”, tenemos el campo abonado para que pase sin pena ni gloria o se convierta en el bombazo del año (algo difícil cuando ha llegado a algunas localidades medianas y pequeñas en una única copia y en versión original, doble agradecimiento pues).

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La cabaña en el bosque (2011), de Drew Goddard

La primera escena ya advierte al espectador que esto no es una película de terror gore al uso, ni de psicópata encelado en asesinar a un grupo de jóvenes, ni de fenómenos paranormales en medio del bosque, aunque también. Voy a mantener un mutismo absoluto sobre lo que la película cuenta, porque cualquier adelanto puede romper el chiste o enfadar al espectador al que le gusta acudir virgen a la proyección. No digo nada si revelo que hay un grupo de jóvenes, que en un momento dado de la proyección son llamados “el deportista, la puta, el estudiante, el tonto y la virgen”, que se van de campo un fin de semana, llegan a una gasolinera que nos recuerda “La matanza de Texas”, encuentran una cabaña en el bosque que parece salida de las películas de Sam Raimi, y de repente “encuentran” un sótano, que si no es del terror marca su destino futuro. Dicen algunos creyentes que las religiones no son deterministas porque rige el libre albedrío, viene bien esta reflexión de manual de autoayuda barato porque una vez llegados a ese sótano y a esa libre opción comienza el festival, aunque es una libre opción manejada desde otro estrato que se mantiene en un discreto segundo plano hasta que ambos mundos confluyen.

Hay sangre, y a raudales, hay escenas reconocibles e identificables de múltiples películas del género de terror y del terror en el bosque, hay una galería de monstruos “entrañables”, protagonistas de un sinfín de películas de ayer y de hoy que toman cuerpo en un delirante final apocalíptico. Y hay eso y hay humor, mucho de él negro, claro. Cuando estamos en la disyuntiva de la vida o la muerte también hay espacio para la sonrisa y hasta para la carcajada, la explicación científica de porqué las rubias teñidas pueden volverse tontas o el momento de señalar a la virgen son dos de los más hilarantes, pero la película ofrece aún más.

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La cabaña en el bosque (2011), de Drew Goddard

La película también habla de la lucha de clases, y aquí cada uno que saque las meta-interpretaciones que quiera, en un mundo globalizadamente en ruina como éste, la existencia de un mundo superior y un mundo inferior no debe dejar indiferente. En este caso los del mundo inferior dominan y el superior es el dominado, es la carne de cañón, la víctima propiciatoria para hacer de cordero sacrificial. Que la inmensa mayoría de personas pasamos por este mundo sin enterarnos de lo que sucede en las altas esferas y , a lo más que podemos aspirar es a ser conscientes del engaño múltiple, perpetuo y reiterado en el que vivimos, fomentado y amparado por todas las clases dirigentes, es evidente. Si al menos alcanzas el convencimiento de que te engañan podrás escupir sobre la tumba de mucha gente, y si no, serás igualmente engañado y pondrás la cama.  En esta película el héroe pasa a ser quien mantiene la mente más despierta, es irónico, y otro punto a favor de la película,  que sea gracias a las drogas, y que esté dispuesto a poner todo patas arriba para que el poderoso sienta el miedo y la desesperación que siente la inmensa mayoría de aplastados por la rueda invencible del poder, que para mantenerse siempre contará con la ayuda inestimable de gente procedente del mismo estrato que el oprimido. Y no se si será demasiado complejo el entramado que interpreto del divertimento resultante de la película, lo mismo si lo leyera el creador pensaría que los críticos, profesionales o amateurs, siempre buscan lo enrevesado en lo simple. Otros críticos hablan que la película no deja de ser una interpretación del lado salvaje de un rodaje, donde los actores se revelan frente al equipo técnico. Por eso las ideas son libres, como los gustos, tantos como espectáculo se quiera. Añadir que director y guionista de esta película han trabajado para series como “Buffy” o “Perdidos”, no estamos ante principiantes.

Ustedes mismos, si quieren divertirse no hay excusa, si quieren buscar aguas subterráneas también se pueden encontrar, lo que no puedo dejar de decir es que esta película goza de momentos especialmente logrados, que existe una intriga paralela desde el primer momento y que es una de las sorpresas agradables de la temporada. Me hubiera gustado contar más de la historia, pero a descubrir tocan, tiemblen con el miedo evidente y analicen la sutileza inicial de la segunda línea narrativa que influye en la evidente. Cuando ambas confluyen el terror permanece, y no es poco bagaje.

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