Dos músicos quieren liberarse mientras ‘La banqueta’ encoge

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Por Horacio Otheguy Riveira

Comedia francesa que funciona como una metáfora sobre la capacidad del ser humano para crearse prisiones en un contexto de dichosa libertad.

El alma pater del espectáculo se llama Paco Mir, uno de los formidables actores de Tricicle, que además es un artista hiperactivo como autor, adaptador, director de obras propias y ajenas y cuantas actividades se le crucen por el camino de la creación audiovisual. Aunque suele tomarse a la chacota, a veces le da la vena y habla de sí mismo seriamente:

“Iba para estudiante de Bellas Artes (aunque en realidad quería dibujar tiras cómicas) cuando casualmente di con el teatro y hoy en día, después de patear escenarios de todo el mundo durante más de 32 años, de crear ocho obras con Tricicle, de escribir cuatro funciones, de ganar dos premios Max, de producir varias series de televisión, de crear campañas de publicidad y de adaptar y dirigir —con cierto éxito— un pequeño montón de teatro, zarzuela y ópera, aún tengo la sensación de que estoy en el mundillo del espectáculo por casualidad. Por si las moscas, nunca he dejado de dibujar”.

 

La banqueta.

 

Una rebelión en ambiente bucólico

En esta ocasión adapta una obra francesa a peculiaridades españolas y dirige a dos actores con mucha experiencia en el teatro catalán (y que resulta muy grato recibir en Madrid). Ellos conforman con Mir un singular número de tres chiflados con elegancia en un contexto de reminiscencias de dramedia muy transitada, pero con un toque ingenioso que le imprime cierto aire de novedad que se agradece. Mir no está en escena, pero su estilo se expande hasta sugerir la presencia de un tercer personaje.

La banqueta podría ser la clásica reyerta de actores famosos que acaban odiándose, víctimas de su excesiva convivencia, o la pareja de cómicos reales sobre los que mucho se ha escrito y dramatizado, al estilo de Laurel y Hardy, El Gordo y el Flaco (Neil Simon escribió al respecto uno de sus mayores éxitos: Los reyes de la risa), pero no, son dos pianistas que llevan 25 años de éxito continuo y que, al comenzar la representación, llegan a un espléndido hotel en un valle austríaco donde podrán abocarse a ensayar y descansar antes de ir a Japón, donde les esperan una serie de conciertos que se prevén triunfales, dada su óptima trayectoria.

Pero nada es lo que parece. Vladimir (en realidad Paco García) y Pablo se han hecho famosos tocando el piano a cuatro manos y han ido acumulando imperiosos deseos de cambiar de vida sin darse cuenta, en un contexto de competencias desleales y rabietas largamente silenciadas.

 

La banqueta.

 

Vladimir entra en el salón de ensayos con guantes blancos, maníaco de la limpieza y el orden al borde de la paranoia, lo que le permite visualizar un sinfín de incomodidades en su vida, fuera y dentro del dúo, pero que la existencia del dúo complica cada día más. En el círculo vicioso de protestas y manías va rumbo al desastre total con la intención de arrastrar también a su compañero.

Por su parte, Pablo parece estar muy a gusto con todo, hasta que le agobian las rarezas del otro con su aire de superioridad, y sobre todo se deja llevar por la graciosa novedad que se produce en su vida al conocer íntimamente a la cocinera del hotel. Con ella inicia romance inesperado: mucho más joven, es una encantadora criatura muy carnal en el contexto de un valle mágico, que le lleva a descubrir las delicias del senderismo montañés, y allí en las alturas y abrazándola planea un cambio de vida radical que le llevará a abandonar a esposa e hijos.

 

Cuestión de odios, cuestión de amores

Mientras tanto suena misteriosamente el violonchelo del ruso Slava Rostropovich (1927-2007) —el músico más galardonado de la historia—, y la banqueta encoge día a día. ¡Cáspita! Lo que a todas vistas no puede ser, pues a todas vistas sucede. Y es que se trata, nada menos, que de la banqueta que Vladimir y Pablo llevan desde sus comienzos a todas partes, a todos los ensayos, a todos los conciertos, para sentarse frente al piano, acomodar espalda y manos adecuadamente con el fin de atacar complejas partituras y elevar al séptimo cielo a numerosos espectadores. Una banqueta que extrañamente disminuye y tiende a desaparecer.

Así las cosas: el impulso libertario, rompedor, radical, les humaniza, pero también les torna infantiles, caprichosos. Entre bronca y bronca sigue sonando el violonchelo, puede que se queden sin banqueta que llevarse al trasero, pero Japón espera, su representante no admite dilaciones, hay mucho dinero en juego, prestigio que van a tirar por la borda… y la risa que provocan estos dos granujas entrañables se convierte en otra cosa con un final en el que habrán de ser los primeros en sorprenderse de sí mismos y sus verdaderas intenciones.

Mientras tanto, el público recompone lo ya visto, aplaude con ganas y sonrisas paternales, y piensa en sus propios odios y amores, con o sin banqueta.

 

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La banqueta

Autor: Gérald Sibleyras.

Traducción: Ricard Borràs.

Adaptación y dirección: Paco Mir.

Intérpretes: Ricard Borràs y Pep Ferrer.

Intérprete violonchelo: Manuel Martínez del Fresno.

Diseño escenografía: Paula Bosch.

Vestuario: Anna Güell.

Confección ciclorama: Let´s Go Print.

Lugar: Teatro Galileo.

Fechas: Desde el 12 de noviembre de 2013.

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