El nuevo Buenafuente

 

Por IVÁN F. MULA

Le ha costado lo suyo pero, al final, Andreu Buenafuente vuelve a tener programa. Tras el agridulce intento de conquistar la franja del prime time de los domingos en Antena 3 y el eterno periplo de negociaciones con Mediaset que no fueron a ningún lado, el showman catalán ha terminado en el lugar en el que mejor se le identifica: el late night de laSexta. De esta forma, regresa a la cadena de la que se marchó hace dos años y, también, a la televisión, 17 meses después de su último programa. En todas las entrevistas promocionales de En el aire, su nuevo show, prometió que se estaba esforzando en renovar su tan popular formato; un discurso inédito en el comunicador hasta ahora. Tras la cancelación de Buenas noches y Buenafuente había declarado que “no iba a cambiar, puesto que no sabía hacer otra cosa”. Lo cierto es que parte de razón no le faltaba. Renovarse puede resultar una ardua tarea para quien se ha convertido con los años en un género en sí mismo.

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Aunque no hubiese vuelto nunca, hay que reconocer que Andreu Buenafuente forma ya parte de la historia de la televisión de nuestro país. Guste o no –bien es sabido que el presentador despierta filias y fobias a partes iguales-, fue su propuesta a nivel nacional la que nos sacó de las ruidosas y (ya por entonces) decadentes Crónicas marcianas del, sin embargo, genial Xavier Sardà. Buenafuente ofreció cuando nadie lo hacía una alternativa de humor inteligente al amarillismo de los enfrentamientos entre grandes hermanos y otros animales televisivos similares. Las imitaciones, la participación de cómicos, las entrevistas o la crítica política, que fueron los puntos fuertes del programa de Sardà, se diluyeron poco a poco entre la jauría de gritos y polémicas que, más tarde, acabaría por convertirse en marca de la casa (Telecinco). Buenafuente, inspirado en el estilo de late show americano (mesa, taza y skyline), y con la experiencia de haberse ya consolidad en las noches de TV3 para los catalanes, supuso una salvación para los noctámbulos que buscaban otro estilo de entretenimiento televisivo.

El programa de Buenafuente no sufrió, en realidad, desgaste cualitativo en sus dos etapas (Antena 3 y laSexta) tanto como problemas de presupuesto. Poco a poco, la franja del late night fue siendo abandonada por las diferentes cadenas nacionales que, a causa de la crisis económica, empezaron a tener dificultades para rentabilizar la inversión a nivel publicitario. Por este motivo, para poder estrenar En al aire, El Terrat ha necesitado un ajuste considerable de los costes, además de la participación de varias marcas comerciales que ayudarán a sufragar los gastos.

De esta manera es como En el aire ha conseguido, a pesar de todo, esa imagen digna de programa grande con un plató que condiciona, ya de entrada, una dinámica diferente a la que conocíamos. Acostumbrados a tener a Andreu tras un escritorio enfrentándose en solitario a las cámaras y los invitados, nos encontramos ahora con una mesa común abierta a más colaboradores, en un estilo más cercano a la tertulia radiofónica. Precisamente, en la parte de atrás, una cabina de radio homenajea a este medio.

Es importante comentar que Buenafuente sigue siendo el mismo y que, por lo tanto, no gustará a quien nunca le haya gustado. Pero es cierto que la apertura del formato le otorga una espontaneidad y una inmediatez si bien no del todo nuevas, sí más presentes que nunca.

Por su parte, Berto Romero ha logrado convertirse en parte esencial del programa, hasta el punto que sin él parece que a Buenafuente le falte algo. Y como Berto, muchos colaboradores son los que entran y salen de allí, ganando notablemente en dinamismo. Y aunque por momentos se percibe como prisa la tensión de querer llevar un buen ritmo, en general, se consigue un espectáculo de gran frescura. Son paradójicamente los fragmentos guionizados los que peor funcionan en En el aire. Demasiados chistes fallidos, comparaciones muy tópicas o demagogia poco inteligente en los textos de inicio y algunos gags desmerecen el conjunto que funciona perfectamente sin la necesidad de soltar ocurrencias tan encorsetadas.

El otro punto débil de En el aire es el esfuerzo de estar conectados a lo que se esté diciendo en las redes sociales. Error, sin embargo, muy común hoy en día. Tratar de ponerse al mismo ritmo que Internet (Twitter Facebook…) desde un programa de televisión en directo suena tan ridículo como un abuelo queriendo pasar por moderno usando el mismo vocabulario que escucha a los jóvenes.

En definitiva, aún con muchos aspectos a mejorar, Andreu Buenafuente ha demostrado con su tenacidad que es capaz de evolucionar sin perder su esencia; algo poco común en profesionales con una larga trayectoria como la suya. Con esa constancia y humildad, ahora sí, seguro que tendremos Buenafuente para rato.

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