¡Menudo circo!

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Por Juan Luis Marín. En breve una Comunidad Autónoma prohibirá las actuaciones con animales en los circos. Y lo primero que pienso es: “¡puta madre!”

El argumento de uno de los responsables de esta brillante decisión es “cada día nos parecemos más a los europeos”.

Y lo que pienso a continuación es: “este tío es un visionario”.

Porque sé que el él y los suyos serán consecuentes y llegarán hasta el fondo del asunto. Que se las trae…

Porque si es cruel amaestrar y exhibir animales ante hordas de niños con una ilusión tan estúpida (joder, que se compren un libro…), más cruel es encerrarlos tras unos barrotes, lejos de su hábitat para que se rían de ellos y les den de comer mendrugos de pan duro. Los circos han de desaparecer. Tanto como los zoos.

Pero aquí no acaba la cosa. Porque la crueldad más extrema la vemos cada día en la calle: esos perros atados a una correa, convertidos en animales sumisos que llaman de compañía. Por no hablar de los que son obligados a trabajar con la policía (¿y cómo los pagan… con bonos de peluquería canina?) o los cuerpos de rescate (y sin preguntar…). Esclavizados. Pero con suerte, porque les da el aire, no como a los gatos domésticos. Que solo ven el mundo exterior a través de una ventana. Joooder, ¿para qué coño quieren siete vidas? Habría que prohibir tener mascotas. De cualquier tipo. ¿Qué tortura es esa de tener peces en una pecera, lagartos en una urna… o gusanos de seda en una caja de zapatos? Explotadores. El negocio de las mascotas debe eliminarse de inmediato para que quienes se “forran” con él vendiendo jaulas, pienso y pelotas de goma se vayan a la cola del paro junto a los domadores de leones y toda esa gente inútil y draconiana que trabaja en los zoos. Como tienen carrera, veterinarios creo que se llaman… ya van de estrellas.

Por no hablar del uso que se hace de los animales en cine y televisión. Es increíble que permitamos que un perro protagonice una película (joder, que lo hagan por infografía), o que unos gilipollas disfrazados de vaqueros se monten en unos caballos y les hagan de correr al galope (que la empresa de Jim Henson se los haga de trapo). Y, por supuesto, hay que establecer un sistema de vigilancia para detectar niños delincuentes que queman hormigas con una lupa o cazan lagartijas. Deben ir de cabeza al reformatorio.

Y poner cámaras ocultas en todos los domicilios para pillar in fraganti a los desalmados que gasean mosquitos y polillas con insecticida o, directamente, los revientan contra las paredes a zapatazos. Hay que ser neanderthal…

De hecho, la Unión Soviética hace años que debió desaparecer del mapa por enviar una perra al espacio. Y los Estados Unidos, que después lo hicieron con un mono. ¿Qué culpa tenía la muy perra… o el mono de los huevos?

Y a todos esos científicos que experimentan con animales para buscar cura a enfermedades humanas… Coño, si Dios las puso ahí será porque las merecemos. Las cobayas no tienen culpa de nuestros pecados.

Espero que esos grandes políticos que han prohibido las actuaciones de animales en los circos sigan adelante con la misión divina que han emprendido y hagan lo que tienen que hacer. Es decir, adiós a circos, zoos, mascotas e investigaciones para, finalmente, acabar prohibiendo la despiadada exhibición de geranios en los balcones o actos tan despreciables como pisar la uva para convertirla en vivo… Qué hijos de puta.

Y de ahí, a presidentes del gobierno.

Con dos cojones…

Y un palito.

Pero sin arrancarlo del tronco, que si no es homicidio.

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