Entrevista a Edward Rutherfurd por “París”, su última novela

 

Edward Rutherfurd es el gran maestro de la novela histórica multigeneracional donde personajes reales y ficticios se entremezclan. En sus novelas se describe con gran calidad literaria la vida en las ciudades más importantes de Occidente desde sus orígenes hasta la actualidad. Las sagas familiares, las guerras, el arte, las intrigas de poder, las revueltas sociales… elementos clave que configuran el alma de las obras de Rutherfurd. Las grandes ciudades se convierten en protagonistas, y si antes lo fueron Nueva York o Londres, ahora lo es París, la ciudad de la luz.

 

París, de Edward Rutherfurd.

París, de Edward Rutherfurd.

París.  Edward Rutherfurd.  Traducido por Dolors Gallart y Ana Herrera.  Roca Editorial, 2013.  845 páginas.  24,90 €

Desde la construcción de Notre Dame a las peligrosas maquinaciones del cardenal Richelieu; de la resplandeciente corte de Versalles a la violencia de la Revolución francesa y las comunas parisinas; del hedonismo de la Belle Époque, cuando el movimiento impresionista alcanza su cenit, a la tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial; de los escritores de la Generación Perdida que en aquellos años 20 se podía encontrar bebiendo en Les Deux Magots, a la ocupación nazi, los luchadores de la Resistencia y la revuelta estudiantil de mayo del 68… París sigue los pasos de cuatro familias ficticias que representan los distintos estratos de la sociedad parisina: De Cygne, Blanchard, Le Sourd y Gascon.

 

P.- En tu ciclo de novelas en torno a grandes urbes, primero fue Londres, luego Nueva York, ahora París… ¿Las más importantes ciudades del mundo quizá? ¿Cuál será la siguiente?

Marte… No, es broma. Tengo cinco o seis proyectos en desarrollo (como dicen en Hollywood) con los que estoy ahora mismo en fase de documentación. Todavía no he decidido cual será el proyecto definitivo, pero seguramente abordará un tema internacional. Quiero decir que no se tratará de un pueblecito inglés, sino de otra gran ciudad. Además cuanto mayor me hago también me siento más valiente y atrevido.

 

P.- ¿Cómo al historiador Rutherfurd se le ocurrió seguir los pasos de escritores como James A. Michener y centrarse en la historia de lugares y ciudades concretos?

A lo largo de los años no siempre escribí novela histórica, sino que también hice otro tipo de historias; lo que pasa es que no llegaron a publicarse. De hecho, escribí también doce obras de teatro cuando estaba en la veintena que ni siquiera llegaron a representarse. Mi padre, buen lingüista y amante de la historia, le propuso leer los libros de Michener confiando en que me gustarían. Y así fue, me encantaron. Otro factor importante en mi avance literario es el lugar donde nací, Salisbury, un lugar con diez mil años de historia que va desde Stonehenge hasta nuestros días. Por cualquier resquicio de la ciudad encuentras señales de la historia y de los acontecimientos ocurridos en diferentes periodos. En su momento me pareció que ese era un buen tema para hacer una novela histórica, y ahí empezó todo.

 

P.- Tras cada ciudad, en este caso París, se encuentra la historia de diversas sagas familiares, verdadero eje central de la novela. ¿Quizá la trama generacional es el mejor camino para atraer al lector sobre los grandes acontecimientos de la historia?

Hoy día la gente se interesa mucho por los árboles genealógicos, existe un interés renovado por los antepasados. Curiosamente la tecnología moderna con todos sus avances permite saber cada vez más sobre aquellos. Por otro lado, la historia básicamente no es más que la acumulación de muchas historias familiares diferentes. Ahí radica el interés de mis novelas: como contador de historias me permito crear esa amalgama de tramas que acaban convirtiéndose en la historia con mayúsculas.

 

Edward Rutherfurd.

Edward Rutherfurd.

P.- Imagino una exhaustiva labor de documentación. ¿Por donde empieza uno a documentarse de un periodo histórico tan amplio como el que tratas en tu libro? ¿Tiene claros desde el principio los hechos históricos que marcarán a los personajes?

Depende de los conocimientos que tenga sobre el tema antes de empezar a escribir el libro. En este caso, ya tenía ciertos puntos claros incluso antes de comenzar a documentarme: quería hablar sobre el proceso de construcción de la Torre Eiffel, que apareciese la Revolución y la resistencia francesas, y que también fuese importante Versalles. El punto de partida entonces es sobre todo, caminar por el lugar, sentirlo, notarlo… y a partir de ahí, educar la imaginación, documentarme fielmente sobre todas las cosas que me estoy imaginando. Una vez enfrascado en el proceso de documentación me lo tomo de dos maneras: por un lado de forma pasiva, recibiendo la información y dejando que la imaginación vaya libremente; y de forma activa, eligiendo y decidiendo lo que finalmente voy a tomar para la novela. Es como una especie de yin y yang, dos fuerzas que se van compensando la una a la otra. Pero también, como novelista, debo ser responsable con la imagen de la historia que da.

 

P.- ¿Es importante mantener el rigor histórico en una novela como esta?

Es ciertamente muy importante. Dentro de esa historia inventada, los personajes podrán hacer cualquier cosa que sea históricamente creíble y encaje de manera lógica. Sin embargo, es clave entender que tanto las novelas como las películas terminan siendo propaganda, entonces hay que tener mucho cuidado con lo que se cuenta. Así por ejemplo, en los pasados años 20-30 muchos libros eran antisemitas, y quizás no se hicieran de forma consciente, pero esa idea podría irse arraigando entre los lectores hasta que se conformó la idea de que los judíos no eran de fiar. Yo intento que la historia sea justa y fiel con lo que realmente pasó, y a ese respecto tengo en mucha consideración la trama histórica sobre la que escribo.

 

P.- Llegado a este punto, ¿son los personajes inventados de la novela los que marcan la línea de separación con la realidad?

Es con los personajes inventados con los que puedo jugar y dar rienda suelta a la imaginación. Normalmente la historia del personaje viene condicionada por los acontecimientos históricos, pero a partir de ahí, decido donde va a haber un asesinato, una infidelidad o una relación amorosa, y siempre respetando el lugar donde se sitúan dichos personajes.

En ese sentido, París se convierte por derecho propio, y desde el principio, en un personaje más dentro de la novela. La ciudad francesa es una combinación de lo masculino y lo femenino, pero quizás es más como una mujer fuerte, que pase lo que pase, es capaz de levantarse y seguir adelante con elegancia.

 

ParísIP.- Con las cuatro sagas familiares, has pretendido abarcar todas las escalas sociales para dar una visión desde diferentes perspectivas de la historia. Pero, ¿la clase social determina el destino de cada personaje?

Lo que he intentado describir es como funciona el sistema de clases en Francia, pues no es igual que en otros países. Así por ejemplo, la relación entre la iglesia católica y la aristocracia conservadora era muy fuerte, los sacerdotes llegaron a considerar sagrada a la monarquía. Normalmente mis personajes se mueven de una clase social a otra, pero en esta novela no es tan preciso ese salto por el sistema francés tan cerrado que se daba, de hecho es el que termina explicando la Revolución Francesa. Quizá en esta ocasión puede hacerse más inevitable que la clase social determine el destino del personaje.

 

P.- Historia, drama, calidad literaria y entretenimiento configuran la receta perfecta para el éxito. ¿Primas alguna sobre las otras en tus libros o buscas la conjunción adecuada?

Profesionalmente me considero volcado en el entretenimiento, y además me encanta la historia, pero en lo más profundo de mi corazón tengo que confesar que lo que más me gusta es el teatro. Como te decía, escribí varias obras teatrales, de ahí que dé un gran valor al diálogo: escribir buenos diálogos es algo que se sabe o no se sabe. La conjunción de todo es el ideal a buscar.

 

P.- ¿Qué destacarías de lo acontecido durante todo ese periodo que abarca tu novela? ¿Quizá la historia se repite a lo largo de los años?

Sí, la historia se repite. Lo que más me conmovió, y que además está relacionado con la parte de mi familia francesa, fue el viaje de descubrimiento de un hombre que nace en el siglo XIX, que es un poco antisemita, pero que tendrá a lo largo de los años se verá en situaciones cruciales: deberá defender el honor de Francia, vivirá la gran tragedia de la Primera Guerra Mundial, verá el motín del ejército francés, vivirá la ocupación alemana, la deportación de los judíos, la Segunda Guerra Mundial… se verá enfrentado a cambios que deberá asumir dadas las circunstancias históricas. Algo que le acabará llevando a salvar una chica judía de mano de los nazis. No es la historia de un hombre excepcional, sino de un hombre normal y corriente, que en el fondo afronta una búsqueda a nivel personal.

 

Por Benito Garrido.

 

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