El cacareo del ego

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Por Alejandro Sotodosos

De lo que quiero hablar hoy es de algo que no se puede ver, palpar u oler. De algo incorpóreo, de algo que escapa a nuestros sentidos y que, sin embargo, forma parte de muchas personas. Y en especial de los artistas.

No es otra cosa sino el ego. Un término que define a la perfección el polifacético Alejandro Jodorowsky: «El ego es como tu perro. El perro tiene que seguir al amo y no el amo al perro. Hay que hacer que el perro te siga. No ha y que matarlo, sino que domarlo».

Sin duda, el ego es algo inherente a la práctica mayoría de los creadores. Y, por extensión, a gran parte de los escritores.

ego

Escribo unas líneas hoy sobre él, porque me parece uno de los grandes enemigos de los escritores. Lo llevo constatando desde que, hace poco más de dos años, llegó hasta mí la propuesta más romántica que me han hecho jamás: aunar esfuerzos entre escritores de todos los géneros en pos de la difusión de la cultura y la extensión de nuestro limitado conocimiento a través de nuestras obras.

Desde aquel noviembre de 2011, en aquella reunión en un café de Alcalá de Henares –mi ciudad natal-, pude comprobar cómo el ego de cada uno de nosotros hacía de aquella idea de asociación una quimera. Y lo digo desde mi propio ego, aparentemente domesticado y maniatado con el fin de no inmolarme entre vanos halagos.

Es innegable aquello de que la unión hace la fuerza. Algo que, a priori, con unas bases –en forma de estatutos- bien definidas, orden, trabajo e ilusión, parecía algo relativamente sencillo. Aunque nada es tan fácil como parece.

No fue hasta pasado unos meses cuando el ego comenzó a manifestarse. Una quincena de escritores, unidos por la ilusión de los principios y por las expectativas de un proyecto nacido de la nada, remaban contra todas las corrientes que el mar de la cultura les ponía a su paso.

Hasta que el roce hizo que los primeros engranajes chirriasen. Aquello parecía ir viento en popa, hasta que aquel gallinero de egos comenzó a cacarear. Los conflictos tenían sus variantes, aunque todos residían en egos desatados contra egos reprimidos deseando romper sus cadenas.

Entonces se formaron los bandos, y comenzaron las disputas, y los objetivos románticos pasaron a un segundo plano, fruto del desconcierto ante la falta de un timón solidario.

Es ahí cuando me pregunté por qué mi ego no se desató y por qué yo no sentí el deseo de postular el mío sobre los demás. Y pronto encontré la respuesta.

Quizá el ego sea la manifestación de nuestros objetivos. La finalidad por la cual hacemos algo, el mecanismo rotatorio que oscila sobre nuestro objetivo. En mi caso, lo que pretendo conseguir con la escritura y todo lo que la rodea y envuelve va más allá de la fama, del dinero o del éxito. Lo que yo escribo no es mejor ni peor que lo que escribe otro. Es, simplemente, lo que yo siento, imagino y plasmo sobre un folio en blanco. Sin competir con nadie que no sea yo mismo.

Para mí, el éxito no se mide en ejemplares vendidos, reseñas publicadas o entrevistas realizadas. No quiero decir con esto que no me guste vender muchos ejemplares, ni ver mi obra en estanterías, ni leer reseñas sobre una de mis novelas. Sería hipócrita negarlo.

Lo que quiero decir es que para mí, lo verdaderamente importante está en el escribir, en la felicidad que experimento imaginando, creando, tecleando. Y siento que mi objetivo está cumplido cuando, al menos una persona, me dice que lo que ha leído le ha arañado el alma. Eso cierra mi círculo y alimenta mi ego, escondido en el desván de mi yo.

No pretendo que nadie adopte mi postura, ni que comparta mi opinión; simplemente pienso que cuando alguien es feliz con lo que hace, y cuando de verdad ama lo que hace, el ego no es más que un perro que persigue la sombra de tus sueños. Sin bozal, ni correa.

Nunca dejes de soñar.

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4 respuestas a El cacareo del ego

  1. Acabo de leer el cacareo del ego; muy bien plasmado pero en el que se echan en falta algunos ejemplos que hubieran redondeado las descripción de cacareos.
    Es difícil conocer el Ego de nadie aunque es inherente al ser humano. No podría precisar si en el habito literario existe una mayor cantidad que en otros sectores,… Podría ser, al fin y al cabo la creación es muy intima y lo muy intimo es lo más valorado por las personas.
    Es una pena, ya que la idea a priori es muy buena, juntarse un colectivo con los mismos intereses buscando la promoción de lo que de verdad les gusta; talento y ganas en perfecta conjunción de astros.
    Por mi parte, te animaría a que continúes escribiendo y lanzando estos pequeños comentarios a fin de que otros, me incluyo entre ellos, podamos darle al coco de vez en cuando.
    Por mi parte, este mes he generado una página WEB de carácter literario que dejo bajo estas líneas; el fin de la misma, es aproximadamente el mismo; buscar algún autor sobresaliente encerrado aún en la Jaula del Escritor novel y colaborando con él, tratar de publicar sus trabajos con el mayor alcance posible.

    http://www.novelles-seleccionnovell.es/

    Saludos y sigue

    Javier
    25 enero 2014 at 10:55 am

  2. Buenos días, Javier. No he querido exponer ejemplos concretos, ya que no quiero que nadie en particular se sienta ofendido ni atacado. Simplemente he querido exponer el problema general, que supongo será sintomático en todas las asociaciones culturales y artísticas.

    No obstante, aunque es algo que no deja avanzar al ritmo que debería al colectivo, no por ello hay que dejar de luchar por lo que amamos. Hay que tratar de minimizar los daños y seguir hacia adelante.

    Le he echado un vistado a la web. El proyecto es muy romántico, al estilo de los que me gustan. Así que ahora mismo me pongo en contacto contigo para que me cuentes más.

    Me alegro de que te haya hecho reflexionar. Es el objetivo primordial de lo que expongo en esta sección. Un saludo.

    Alejandro Sotodosos
    25 enero 2014 at 12:09 pm

  3. Buenos días, Javier. No he querido exponer ejemplos concretos, ya que no quiero que nadie en particular se sienta ofendido ni atacado. Simplemente he querido exponer el problema general, que supongo será sintomático en todas las asociaciones culturales y artísticas.

    No obstante, aunque es algo que no deja avanzar al ritmo que debería al colectivo, no por ello hay que dejar de luchar por lo que amamos. Hay que tratar de minimizar los daños y seguir hacia adelante.

    Le he echado un vistazo a la web. El proyecto es muy romántico, al estilo de los que me gustan. Así que ahora mismo me pongo en contacto contigo para que me cuentes más.

    Me alegro de que te haya hecho reflexionar. Es el objetivo primordial de lo que expongo en esta sección. Un saludo.

    Alejandro Sotodosos
    25 enero 2014 at 12:10 pm

  4. El “yo” es una estructura necesaria: conforma nuestra identidad. El “ego” es una superestructura destructiva: conforma nuestra vanidad. Creo que de este modo tan escueto podríamos distinguir entre ambos elementos. Que, semánticamente, parecen lo mismo, pero que a nivel psicológico los podríamos diferenciar y etiquetar así. Todos deberíamos afirmar nuestra identidad – siendo, simplemente, y haciendo lo que deseamos y nos gusta más allá de reconocimientos – y deberíamos arrojar al abismo la estúpida vanidad que está basada en un deseo de “superar” a los otros ( y compararnos) para “ocupar” un lugar donde los otros nos miren y nos valoren.

    emilioporta
    4 febrero 2014 at 3:48 am

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