La máquina de paro

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Por ALBERT ALEXANDRE (@AlbertAlexan)

Este país verá como las colas del paro se llenan de chefs y maestros pasteleros, lo ha dicho la tele.

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8 de Enero de 1998. Antena 3 emite uno de los seriales más laureados de la historia televisiva: Manos a la obra.

Benito y Manolo encarnan a dos de los paletas más rememorados del imaginario popular español. Los castizos gordo y flaco, nuestros particulares Oliver Hardy y Stan Laurel  chapuceando y soñando con una vida mejor.

La televisión española, con sus armas habituales (la mofa burda y el paleto bonachón) nos habla de una realidad muy presente por aquel entonces: el “milagro” inmobiliario de Aznar compartido por los socialistas que a la postre ha sido la tumba del país.

Manos a la obra engrandece el mito del ladrillo. Confirma, en la vida holgada de dos liantes, que dedicarse a la construcción es cosa sencilla y bien remunerada. Los jóvenes de la nación sin intenciones académicas marchan en éxodo hacia el cemento, las grúas, los sueldazos y las largas jornadas laborales.

Quince años después, ¿quién puede imaginar el estreno de un serie como aquella? Sería una desfachatez que con más de 300.000 obreros de la construcción parados (en 2009 llegaron a ser 700.000) se emitiera Manos a la obra II. Ningún director financiero apostaría por una ficción que, pese a todo, llegó a tener 13 millones de espectadores en su primera temporada.

13 de Enero de 1998. Telecinco irrumpe en la competición por la audiencia con su apuesta: Periodistas.

Algunos chicos sexys, algunas chicas guapas, pisos bonitos perfectamente amueblados, la verdad como motor, ese aroma frenético de las redacciones de antaño, la calle como jungla en la que encontrar una buena historia… ¿Cuántos jóvenes se lanzaron cegados hacia las facultades de comunicación tras ver las andaduras de José Coronado o Belén Rueda? ¿Cuántos padres y madres observaban la decisión de sus hijos con orgullo?

Actualmente más del 50 por ciento de los periodistas del país (27.000 profesionales aproximadamente) no encuentran trabajo ni como meros becarios; muchos de ellos, los llamados freelance, son obligados a tomar el camino de la falsa libertad que en realidad es la verdadera esclavitud laboral.

30 de Abril de 2000. Nuevamente Telecinco y en la senda de una ancestral tradición televisiva española, lanza una serie dedicada a los médicos: Hospital Central.

La nación y la televisión -su hermana mona- necesitan médicos siempre. Más bien o más mal pagados nunca está de menos poder afirmar que el ratio de pacientes por doctor es superior que en Ruanda.

Desde Farmacia de Guardia (la serie con más audiencia de la historia nacional con una media del 48 por ciento de share), hasta M.I.R y pasando por Médico de familia, los centros de salud nacionales han sido retratados como un lugar frenético en el que el amor rivaliza con la medicina o como lugares costumbristas que recuperan todos los tics de los médicos de provincias.

Cierto es que en el caso clínico, las cifras de desempleo no son tan brutales como en los anteriores. De todos modos a nadie se le escapa que la sanidad, acostumbrada al bisturí y no a las tijeras, vive actualmente uno de los momentos más tristes de su historia. 

La conclusión satírica y no científica que podemos extraer de los ejemplos analizados es: profesión que transita por la caja tonta, profesión que en el futuro tendrá graves problemas de subsistencia.

Vayamos ahora a nuestros días y examinemos cómo está retratado el mundo del trabajo en la televisión de hoy.

Este artículo surge tras constatar un hecho que a nadie puede escapársele. Haciendo una lista que quería ser exhaustiva en principio pero que finalmente y debido a la profusión de programas existentes ha tenido que ser desidiosa, he podido constatar que la parrilla televisiva ha sido tomada por los programas dedicados a la cocina.

Pesadilla en la cocina (versión anglosajona), Karlos Arguiñano, Pesadilla en la cocina con Chikote, Top Chef, Deja sitio para el postre, Cupcakes Maniacs, Guerra de Cupcakes, Master Chef Kids, Master Chef o mi favorito por ser un monstruoso híbrido, Cocineros españoles por el mundo (suma de Callejeros, Callejeros Viajeros y programas de cocina), son algunos de los programas que podemos hallar en el muestrario de canales en abierto.

Aún no existe ninguna ficción dedicada a la noble profesión de los fogones, sin embargo, no hay que ser un lince para afirmar que en poco tiempo presenciaremos los sabores y amores de la vida en un restaurante de lujo. En Catalunya ya tenemos una serie llamada La Riera que trata de eso y es todo un éxito.

Una nueva evidencia demuestra lo hasta aquí dicho. ¿Alguien puede explicar porque la modelo de turno de los anuncios de Ferrero Roché, tan clásica como el calvo de la lotería, ha dado paso a un falso cocinero francés? Es la invasión de la alta cocina, la irrupción de las emulsiones, el asalto de los maridajes y el blitzkrieg de las esferificaciones… eso, en diez años, ya sabemos a lo que nos lleva.

Nuestros cocineros de hoy serán los parados de mañana. 

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