Conmovedora Alicia Hermida en una obra que no está a su altura

Por Horacio Otheguy Riveira

En ‘El arte de la entrevista’, como sucedió con ‘El crítico’, Juan Mayorga sobrecarga de palabras una trama insustancial.

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No siempre se puede con lo que se quiere, y de las peores cosas que les pueden pasar a un espectador de teatro está el contrastar lo que ha visto en escena con las intenciones del autor. Ya en El crítico, un raro afán de trascendencia filosófica mareaba una perdiz diletante, y las situaciones dramáticas se iban diluyendo mientras los actores no paraban de echarse pesados discursos hasta dar con un epílogo con toque mágico que dejaba perplejo. Parecía el borrador de una obra prometedora.

 En El arte de la entrevista, más de lo mismo, sólo que en un contexto más convencional, un ligero melodrama de historias de madres, abuelas, y nieta, de madurez, vejez y juventud, de abandonos lejanos y conflictos oscuros. Pero escrita a la manera de un teatro perimido en el que los personajes llegan, dicen “casi” todo lo que piensan y se van.

 Esta vez el autor plantea unos personajes y un inquietante conflicto que no percibo por ninguna parte, o que en todo caso apenas veo aflorar en el desenlace:

 La cámara entra en la casa y la desestabiliza para siempre, resignificando todos los días anteriores de la vida familiar y haciendo que tres mujeres se vean como nunca antes se habían visto. La cámara convierte un día cualquiera en un día de dolor, pero también de esperanza. De esperanza hacia el futuro, desde luego, pero también de esperanza hacia el pasado. Cecilia, Paula y Rosa descubren que el pasado está tan abierto como el futuro.

¿Y el hombre? El hombre —como este que firma— es un intruso.

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Nada del argumento y de los diálogos llega a mantener el interés, y sus cuatro actores poco pueden hacer con una puesta en escena muy plana, monótona incluso en las luces o la música. Nada tiene vida suficiente en este disertar sobre asuntos sin desarrollo atractivo, dirigidos con una abrumadora falta de energía por un director como Juan José Afonso, que sí resolvió con eficacia los problemas de El crítico, y que ha sido admirable en la compleja tragicomedia de Stephen Adly Guirgis, El hijoputa del sombrero, y ante comedias bien resueltas de Neil Simon como Los reyes de la risa y La extraña pareja, por nombrar sólo unas pocas funciones de una ya larga carrera.

 Los tres actores defienden de manera encomiable personajes muy endebles. La profesionalidad de Luisa Martín, innegable. Pero es el arte de Alicia Hermida lo que hace llevadera la representación. Más aún después de disfrutarla en una comedia tan divertida como Maribel y la extraña familia.

 Su personaje es centro de la historia y la actriz ilumina el escenario cada vez que habla, aunque la hacen deambular demasiado ¡y hasta echarse un sueñecito en una mecedora! mientras los demás siguen en infatigable habla que te habla. Pero en cuanto reaparece su voz, asume sus escenas con brillantez y eficacia, con el punto dramático de un renacer que ha de esperar a la espléndida escena final para fijar con grandeza su estupenda labor a lo largo de toda la función. Un final de buena dramaturgia, que al fin de cuentas Juan Mayorga ha demostrado dominar otras veces (Animales nocturnos, Hammelin, El chico de la última fila).

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Alicia Hermida en Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura, dirigida por Gerardo Vera.

 Es esta una función muy apagada, que ganaría mucho en una sala pequeña, y con otra puesta en escena que auspiciara la dolorosa intimidad que quiere transmitir entre entrevistadores y entrevistados, entre la vida que se vive sin saber adónde va, y la que se oculta tras esa grieta de la que se habla, esa grieta por donde se puede destruir todo lo existente. Un proyecto, un borrador, un espectáculo triste, y una gran actriz que se mueve con talento y sensibilidad por un personaje que no se ha escrito todavía. Una gran actriz que ha dado mucho de sí en cine, televisión y teatro, y que dirige una prestigiosa escuela de actores.

 Una estupenda entrevista con Fernando Macías de El Periódico de Extremadura, termina con una definición del trabajo actoral que ella ha sabido hacer realidad siempre que le ha tocado llevarlo a la práctica:

 

— ¿Cuáles son los valores más importantes que enseña a sus alumnos?

 — Les enseñamos lo necesario, que para un actor es tener energía, estar vivo, y sobre todo, quitarse las máscaras. Un actor tiene que estar lo más limpio e inocente posible. La filosofía que les transmitimos a los chicos es que tienen que aspirar a ser un artista, no un profesional. En cuanto a la técnica, el actor tiene que ser esencial. Todo lo que no sea necesario sobra. No hacer que se hace, sino hacer.

Días después de editada esta crónica, esta maravillosa mujer de teatro recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, después de 60 años dedicada de lleno a las artes escénicas. Una felicidad compartida por sus muchos admiradores.

 El arte de la entrevista

Autor: Juan Mayorga

 Director: Juan José Afonso

 Intérpretes: Ramón Esquinas, Alicia Hermida, Luisa Martín, Elena Rivera

 Escenografía y vestuario: Elisa Sanz

Iluminación: Carlos Alzueta

 Música: Marc Álvarez

 Fotos: marcosGpunto

Lugar: Teatro María Guerrero

 Fechas: 21 de febrero-13 de abril de 2014

 Encuentro con el público: jueves 14 de marzo al finalizar la representación.

 

 

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Una respuesta a Conmovedora Alicia Hermida en una obra que no está a su altura

  1. Alicia es una mujer inteligente, actriz y luchadora por los derechos humanos.
    No he visto esta actuación, pero estoy segura que no me defraudaría.
    Suerte, Alicia

    elena esther
    27 febrero 2014 at 17:12 pm

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