Daniel Álvarez Prendes: «Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis fue una especie de exorcismo que desarrolló Vasilicós para no diluirse como griego y como escritor durante su exilio forzoso».

Por Julia lópez


hojas de lata 02.jpgHoja de Lata es una editorial asturiana que se ha abierto un hueco en el mercado de los libros con un catálogo muy cuidado que apuesta por la recuperación de obras clásicas y la publicación de autores inéditos, siempre de gran calidad. Uno de sus últimos lanzamientos es la novela sobre la que vamos a charlar: Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis. Su autor, el griego Vasilis Vasilicós, es internacionalmente conocido gracias, sobre todo, a su thriller político Z, que fue llevado al cine por el director Costa-Gavras en 1969. Con motivo de esta publicación conversamos con Daniel Álvarez Prendes, uno de los creadores de la editorial.

¿Cuándo y cómo surge la idea de crear Hoja de Lata?

Desde que nos conocimos, mi compañera Laura y yo llevábamos dándole vueltas a la idea de lanzar una editorial de narrativa y ensayo. El hecho de tener sendos trabajos, y viendo el desolador panorama económico y laboral que había y sigue habiendo en España, hizo que lo fuéramos dejando en la fresquera, que no nos atreviéramos a dar el paso. Hete aquí que el desempleo tomó la decisión por nosotros en 2011 y es así como nos convertimos en emprendedores a la fuerza.

¿Cómo se abre paso una editorial nueva e independiente, como la vuestra, en el mercado literario español, en el que existe un claro predominio de grandes grupos editoriales? ¿Cuáles han sido los principales obstáculos que habéis tenido que sortear?

Los grandes grupos editoriales juegan en otra liga, cada vez con menos equipos, por cierto, después de la última absorción de los sellos literarios del grupo Santillana. Pero al mismo tiempo, existe desde hace años el fenómeno interesantísimo de las pequeñas editoriales independientes que tienen un público propio, con gusto por las ediciones cuidadas, por los títulos sorprendentes y por las sugerencias que se puedan encontrar en su librería de confianza. Es ahí donde nosotros aspiramos a jugar. Los obstáculos principales son el poder hacerte un hueco en los medios, conseguir que salga reseñada una de tus obras, y convencer a los libreros de las bondades de tu catálogo. En nuestro caso se añade el inconveniente de estar publicando desde la periferia del reino, desde Asturias, con lo cual el trato tanto con los medios como con los libreros de las grandes ciudades se hace más dificultoso. Por eso, tratamos de contrarrestar ambos hándicaps con un trabajo concienzudo y con un catálogo sugerente.

¿Cómo definirías vuestro catálogo? ¿A qué tipo de lector va dirigido?

Va descaradamente dirigido a un lector habitual, que sabe lo que quiere leer o que se quiere dejar asesorar por su librero. A las personas que saben valorar una edición hecha con mimo y a las que no les duele gastarse su dinero en un libro de papel. Laura y yo hemos sido libreros toda nuestra vida y tenemos muy en mente, casi poniéndoles nombre y rostro, a nuestros lectores y lectoras.

¿Cómo encaja Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis en ese catálogo? ¿Por qué decidisteis publicar esta novela?

A Vasilis Vasilicós lo conocemos desde siempre por Z, pero husmeando en su obra descubrimos esta novela y nos sedujo la pasión con la que hablaba de ella. Leer la edición inglesa y decidir que la queríamos publicar fue todo uno.

La obra, aunque es variada y amena, se podría calificar de híbrido entre novela, pseudo-autobiografía y ensayo. ¿Qué le dirías a un lector de novela “tradicional”, que se ciñe más al canon de género decimonónico o al bestseller actual, si quisiera acercarse a este texto de Vasilicós?

No es una novela para todos los públicos, por tanto, no se la recomendaríamos a quienes no estén por la labor de dejarse sorprender por el ingenio de Vasilicós. A las osadas lectoras e intrépidos lectores que se atrevan con la novela, les diría que se dejaran llevar, que desterraran durante 400 páginas los esquemas tradicionales de narraciones lineales y abrieran los ojos a la maravillosa y descarada forma de contar que tiene Vasilicós. Es una novela de aprendizaje, un viaje por el Mediterráneo con un guía de excepción, un repaso a la historia reciente de un país abrumado por el peso de su historia de hace dos mil años. Es una obra tan entretenida como pícara, inteligente y culta, el fruto de un espíritu joven de ochenta años.

La novela plantea un interesante juego de espejos entre escritor, narrador-biógrafo y escritor biografiado. Como editor que ha conocido al autor, ¿podrías hablarnos de hasta qué punto se identifica Vasilicós con Zrasakis y su biógrafo? ¿Cuánto hay de verdad personal en esta novela?

Lo poco que sé de Glafcos ZrasakisLo poco que sé de Glafcos Zrasakis fue una especie de exorcismo que desarrolló Vasilicós para no diluirse como griego y como escritor durante su exilio forzoso. Por tanto, tiene mucho de autobiográfico: los temores y complejos que presenta Glafcos Zrasakis son en parte los que tenía Vasilicós por aquel entonces; algunas de las escenas más dramáticas vividas por el escritor ficticio las conoció el autor real en sus carnes; las reflexiones del exiliado, que añora su patria pero que, tras años de vivir lejos de sus fronteras, se siente un extraño cuando regresa, también es algo que experimentó nuestro autor. Sin embargo, el modo que tiene Vasilicós de narrar su periplo es tan humano, tan honesto, que cualquier lector se puede sentir identificado con Zrasakis, meterse en su piel.

¿Cómo tuvo lugar el proceso de revisión y edición de Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis? Parece que esta publicación retocada por Vasilicós se ha lanzado en España antes incluso de que lo haya hecho en Grecia.

Tenemos la inmensa suerte de que nuestro traductor y amigo Ángel Pérez viva en Grecia. Una vez que decidimos apostar por la novela, planteamos nuestra intención a Vasilicós, quien se mostró entusiasmado, pero quería asegurarse de que nuestra edición fuera satisfactoria para ambas partes. Ahí es donde el papel de Ángel fue crucial: Vasilicós estaba muy insatisfecho con alguna de las ediciones de la novela que se han publicado; hay que tener en cuenta que esta obra es un work in progress que Vasilicós lleva reescribiendo desde hace cuarenta años, con partes que se han añadido y que se han eliminado. Hoy, octogenario como es, el autor ya sabe a ciencia cierta cómo quiere que sea la versión definitiva de la obra. Nos hizo un planteamiento de estructura, lo debatimos, lo consensuamos y así fue publicado, como bien dices, antes incluso de que salga la edición definitiva en Grecia, prevista para el año que viene.

¿Podrías hablarnos de cuáles son los temas principales que trata la novela? ¿Crees que puede resultar una pieza interesante para un lector que, además, tenga vocación de escritor?

Es una historia griega de exilio, de literatura, de viajes, de política a finales del siglo XX, un remedo de thriller ambientado en la Guerra Fría pero con un escenario mediterráneo. El lector viajará desde las tierras secas y luminosas del Egeo hasta los lagos gélidos y nebulosos de los Balcanes, de los campus de las universidades estadounidenses a las terrazas de los cafés romanos.

En mi opinión, la lectura de esta novela tiene algo del Libro del desasosiego con pinceladas que evocan la obra de Conrad El corazón de las tinieblas.

Tu criterio no te engaña: Vasilicós reconoce la influencia tanto de Pessoa como de Pirandello, además de las ya citadas de Navokov, Sartre y Dostoyevski. Si bien hay varios referentes en la concepción general de la obra, hay tres títulos que de manera directa condicionaron a Vasilicós a la hora de parir la novela: El doble, de Dostoyevski, el primer libro que plantea de manera internacional el problema de la identidad, La verdadera vida de Sebastian Knight, de Nabokov, y El idiota de la familia, de Sartre.

El personaje de Glafcos Zrasakis representa a un escritor griego, exiliado, que estuvo comprometido políticamente con la izquierda social y que, al final, muestra cierto desencanto con la propia lucha por un futuro mejor. Me ha llamado la atención la semejanza de las descripciones de algunos episodios de conflicto social y de la realidad cotidiana de hace cuarenta años o más (manifestaciones, espionaje, protestas, desarrollo tecnológico, homogeneización del aspecto de las ciudades por la presencia de las mismas marcas multinacionales en todas ellas…) con lo que sucede hoy en día. ¿Consideras que publicar Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis ahora, en nuestro país, con este contexto económico y el desencanto político generalizado, puede traer un mensaje de esperanza para el público lector, o todo lo contrario?

Hay que tener muy presente la historia reciente de Grecia para poder darle sentido a las palabras de Zrasakis: el triunfo de los partisanos antifascistas, que produjo la ilusión de que el cambio era posible, fue aplastado por la intervención de británicos y americanos, para instaurar un gobierno afín. Posteriormente, las aspiraciones de la izquierda parlamentaria griega sucumbieron bajo los tanques del golpe militar. Son las palabras del desencanto tras haber acariciado la victoria. Pero la lectura que ha de hacerse de la novela es, a la fuerza, optimista. Vasilicós lo sigue siendo, a sus ochenta años y después de haber vivido todo en su vida, incluido ahora el auge del neofascismo en su país.

De situaciones críticas puede salir lo mejor y lo peor; colaboremos para que en esta ocasión sea la ciudadanía quien salga bien parada y no los especuladores financieros.

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