La enfermedad viste a los hombres de marrón

Por Daniel Dimeco

Todas las historias son mejores que la propia si Fortuna da la espalda y la enfermedad viste a los hombres de marrón.

El río baja turbio, embroncado, con el ceño cargado de espuma. En el fondo arrastra palabras no expresadas, emociones angustiosas, sentimientos aletargados, restos de anhelos inútilmente renovados… Próximo a la desembocadura acarrea, no falto de ira, los años muertos, el lastre oscuro y ensangrentado de reproches y heridas, miedos y necesidades insatisfechas. Y desde el núcleo hacia las márgenes se ramifica el cáncer: el que consume la relación de familia en esta obra teatral escrita por Lucía Carballal y el que devora el cuerpo de Luis, un profesor universitario que ha decidido llegar al desenlace sin la compañía de los fármacos.

El hall del Teatro Lara impone a los actores (y a la propia historia) una desnudez que es un arma de doble filo. En el caso de Mejor historia que la nuestra significa un plus de cercanía e intimidad, una convivencia intensa y paralela donde cohabitan personajes y espectadores con la descomposición en sus diferentes aristas. Al fin y al cabo se trata de los despojos de vida y la enfermedad de Luis, interpretado por un magistral y magnético Chema Muñoz, que, a su vez, deja al descubierto la tirantez que mantiene con su hija Maite, una muy verosímil Mamen Camacho, una mujer incapaz de tomar decisiones, de hacer las cosas que tanto alaba en los demás, de ser ella misma y no a través de los ojos ajenos.

Foto: Andrés Lázaro.

Foto: Andrés Lázaro.

Al cuarteto lo cierran Antonio de Cos, un actor cada vez más íntegro, con una infinidad de registros y un futuro bien señalado por el tesón y el trabajo, quien destaca como el marido comprensivo de Maite intentando acercar posiciones entre su mujer y su suegro; y, por último, una jovencísima Paloma Zavala en el papel de Paula, la cuidadora del enfermo, que pareciera ser la más alejada del epicentro de la dureza, por no ser miembro de la familia, aunque sin por ello cejar en el intento de encontrar un hogar, carencia que comparten los cuatro personajes de Mejor historia que la nuestra.

La cena está servida y la función va a comenzar. Manteles marrones superpuestos cubren la mesa, centro escénico de la obra, un rectángulo para las comidas familiares que nunca cuajan, para charlas que acaban en puñaladas de acero oxidado, aderezadas con gritos destemplados y raciones de desplantes por único postre. Capas de manteles como las de las cebollas revisten la vida cotidiana, enmascaran los conflictos que se han ido acumulando y que, poco a poco, a medida que se aproxima el final, parece ser que cada uno se ve obligado en quitar unilateralmente. Hasta el tapizado de las sillas hace juego con algunas prendas de los personajes y con el estado anímico que se respira en la casa.

Un texto preciso e incisivo, un tejido de incomunicaciones perpetuas que su autora, Lucía Carballal, Accésit Premio Marqués de Bradomín 2012, consigue plasmar de manera exquisita y a cuyo trabajo la mirada afinadísima de Francesco Carril, director de la puesta en escena, le suma aún más calidad. Un equipo de personas que afila el bisturí y lo hunde en las profundidades de una enfermedad que sigue causándonos pavura y tiñéndolo todo de una desesperanzadora tonalidad marrón.

Mejor historia que la nuestra

Autora: Lucía Carballal

Dirección: Francesco Carril

Intérpretes: Mamen Camacho, Antonio de Cos, Chema Muñoz y Paloma Zavala

Lugar: Teatro Lara Off. Corredera Baja de San Pablo, 15. Madrid.

Días: Todos los miércoles hasta el 25 de junio

Horario: 22.00h.

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