José L. Hernández Garvi presenta “Héroes, villanos y genios”, Premio Algaba 2014

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«Entre el grupo de personajes que aparecen representados en La rendición de Breda destaca la figura de Ambrosio de Spínola, general en jefe de los Tercios de Flandes y uno de los más fieles servidores extranjeros de la monarquía española durante la que fue conocida como Guerra de los Ochenta Años».

Maquetación 1Actualidad editorial:

Se presenta en sociedad el libro de José Luis Hernández Garvi titulado Héroes, villanos y genios (Editorial EDAF, 2014), con el que este pasado mes de septiembre –junto al estudio Una ventana del castillo de Praga, de Miguel Ángel de Uña– fue galardonado con el XII Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas. El jurado estuvo presidido por Ramón Pernas, Director de Ámbito Cultural, y compuesto por el catedrático Patricio de Blas, el periodista Juan Ignacio García Garzón, el historiador Felipe Hernández Cava y el editor Melquíades Prieto.

El autor, divulgador histórico y colaborador habitual de diversos medios de comunicación, reflexiona en el libro sobre extranjeros insignes al servicio de los Austrias, sobre el desempeño público de los patriotas foráneos frente a la actuación de los nacionales. Durante los siglos XVI y XVII el Viejo Continente estaba inmerso en profundos y traumáticos cambios. El Imperio español luchaba en los campos de batalla europeos por mantener su hegemonía, imponiendo por la fuerza de las armas la cohesión entre sus posesiones. A pesar de los claroscuros que los definen, los casi doscientos años de los sucesivos reinados de la dinastía de los Austrias constituyen uno de los periodos más deslumbrantes y apasionantes de la Historia de España. Siglos antes de que la Unión Europea fuese una utopía sobre el papel, súbditos de las posesiones del imperio español o naturales de más allá de sus límites, se pusieron bajo las órdenes de una monarquía que nunca tuvo en cuenta las diferencias derivadas de sus lugares de procedencia. Así, un buen número de militares, estadistas, navegantes, artistas y científicos, se convirtieron en insignes servidores de unos reyes que nunca los trataron como foráneos. En ese contexto, Hernández Garvi concierta una cita con personajes extranjeros (héroes unos, villanos otros, también hubo genios) que dieron lustre a la España de entonces: Spínola, Doria, Magallanes, El Greco, El Bosco, Tiziano, Rubens, Vesalio, Juanelo… Garvi nos acerca a la biografía de algunos de estos personajes en un apasionante relato con el que seguro atrapará al lector.

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P.- En ese tiempo al que nos llevas, ¿qué hubo más: héroes, villanos o genios?

Cuando hablamos de los reinados de los Austrias solemos caer en la tentación de adoptar posturas maniqueas que afectan a la imagen que tenemos sobre los protagonistas de este periodo de nuestra historia, conceptos subjetivos que en muchas ocasiones han sido tergiversados por influencias externas. Teniendo en cuenta esta premisa, no debemos posicionarnos en términos absolutos: los malvados y traidores no siempre lo fueron y los personajes que gozan de mayor prestigio a veces mostraron su lado más oscuro. En este sentido, no se puede decir que unos prevaleciesen sobre otros.

P.- Hay que leer el libro, pero ¿nos das algún ejemplo de cada tipología?

Me resulta difícil escoger entre todos los personajes que aparecen en el libro, porque cada uno de ellos aporta personalidades complejas en las que se combinaron cualidades y defectos. Puesto en la tesitura de elegir, entre los héroes destacaría la figura de Ambrosio Spínola, brillante general que con lealtad desinteresada sirvió a la Corona española en Flandes. En cuanto a los villanos, Guillermo de Croy representó al político ambicioso que antepuso sus intereses personales por encima del deber superior que alardeaba defender. En lo que se refiere a los genios, mi elección resulta aun más complicada, aunque debo reconocer mi debilidad por pintores como El Bosco o Tiziano.

Hdez garvi

José Luis Hernández Garvi.

P.- Este 2014 nos ha servido para homenajear a uno de ellos, El Greco, que hoy es “Marca España”. ¿Ha sido el destino de muchos de aquellos foráneos?

Desgraciadamente no siempre ha sido así. De la misma forma que ha ocurrido con muchos españoles egregios, casi nunca se produjo en vida el merecido reconocimiento de los méritos de muchos de los extranjeros insignes que sirvieron a los Austrias. Hay que reconocer que desde tiempos inmemoriales la envidia es un pecado capital muy extendido en nuestro país, defecto que en muchas ocasiones nos impide hacer un juicio justo. Tuvieron que pasar siglos para que el revisionismo histórico de acontecimientos y personajes pusiera a cada uno en el lugar que merecía. Los españoles también somos un pueblo de extremos. Cuando las circunstancias cambiaron y nuestra consideración hacia ellos mejoró, en muchos casos como resultado de las opiniones llegadas desde fuera de nuestras fronteras, nos apresuramos a nacionalizar a muchos de estos ilustres extranjeros olvidados, castellanizando sus nombres y haciéndolos de los nuestros. La figura de El Greco es posiblemente una de las que mejor se ajustan a esta apreciación.

P.- Con el libro viajamos a una Europa convulsa… ¿Nos la dibujas en pocos trazos?

Durante los siglos XVI y XVII el Viejo Continente estaba inmerso en profundos y traumáticos cambios. El Imperio español luchaba en los campos de batalla europeos por mantener su hegemonía, imponiendo por la fuerza de las armas la cohesión entre sus posesiones. La rebelión en Flandes, con un evidente trasfondo de intransigencia religiosa, se convirtió en un auténtico “Vietnam español” que consumió ingentes recursos financieros y humanos en una guerra de desgaste en la que la paz parecía inalcanzable. Al mismo tiempo, estados emergentes como Inglaterra y Francia se convirtieron en los principales enemigos de España, sin olvidar la amenaza turca en el Mediterráneo. En medio de un clima de guerra intermitente, el trazado de las fronteras estaba sometido al avance de los ejércitos y la política era un peligroso juego de alianzas en el que cada bando jugaba sus cartas en su provecho.

P.- En ese paisaje revuelto encontramos a una serie de figuras que decidieron servir a la monarquía hispánica de la Casa de Habsburgo. ¿Por qué?

Las motivaciones que llevaron a estos extranjeros a dar ese paso fueron tan diversas como sus respectivas personalidades, entrando en juego ambiciones de dudosa moralidad, convicciones personales o simples intereses profesionales. También hay que tener en cuenta que en aquel entonces la Corte española ofrecía unas oportunidades de promoción inigualables donde militares profesionales podían hacer carrera en los Tercios, hábiles políticos podían manejar a su antojo las riendas del poder, marinos y exploradores pugnaban por obtener gloria y riqueza participando en la época de los grandes descubrimientos, y artistas y científicos llegados de toda Europa podían ser recompensados generosamente por sus obras. Gracias a esta concentración de talentos tan diversos España se enriqueció con un legado artístico y cultural que sigue admirando al mundo.

P.- ¿Eran los extranjeros más patriotas que los nacionales?

Conviene puntualizar que en aquella época el término “español” o “extranjero”, ligado a la concepción de patriotismo que con el tiempo nos hemos forjado, no tenía el significado de nuestros días. El Imperio español de los Austrias estaba compuesto por un conjunto de estados y posesiones territoriales que se extendían por cuatro continentes, extensas regiones en las que se hablaban diferentes idiomas, se practicaban diferentes religiones y convivían varias razas. En este contexto, no existía entre los súbditos el sentimiento de pertenencia a un país de carácter supranacional. La supuesta lealtad al rey se imponía sobre la fidelidad a unos principios representados por una bandera o un himno.

P.- Volver a los Austrias en estos tiempos en los que tanto se habla del final de esa dinastía es meterse en la boca del lobo…

La época de los Austrias, con sus luces y sombras, es uno de los periodos más fascinantes de la historia de nuestro país. Al margen del carácter subjetivo que contiene esta afirmación, no cabe duda de que la concentración de personajes y acontecimientos que se produjo durante esos años desborda la capacidad de sorpresa de historiadores y lectores. La revelación de nuevos datos relacionados con el descubrimiento de viejos documentos olvidados proporciona una fuente inagotable de inspiración para académicos y escritores. También hay que tener en cuenta que durante esos años se fundieron en un crisol los rasgos peculiares que nos definen como pueblo, circunstancia que hay que tener en cuenta a la hora de buscar los orígenes de nuestra identidad nacional.

P.- ¿Se pueden establecer paralelismos entre ese tiempo y el que nos ha tocado vivir?

Existen más paralelismos de los que la separación de siglos impuesta por el tiempo nos puede hacer creer. La historia se repite en ciclos que apenas se distinguen por el contexto de sus hechos principales, periodos de los que casi nunca extraemos conclusiones que puedan servirnos para no cometer los mismos errores en el futuro. En la época de los Austrias nos encontramos con gobernantes ineptos y corruptos, crímenes de estado, crisis políticas, guerras sangrientas y escándalos sexuales, acontecimientos que nos recuerdan tristemente a la realidad cotidiana que vivimos hoy en día. En esos tiempos que nos parecen tan lejanos, también se alzaron voces que reclamaron la necesidad de una regeneración moral de la sociedad, deseos que a pesar de las buenas intenciones nunca llegaron a cumplirse. El estudio de aquella época nos puede ayudar para impedir que esa situación se vuelva a repetir en nuestros días.

P.- Eres un veterano en estas lides editoriales. Dicen, no leemos… ¿por qué sigues empeñado en publicar libros?

Para alguien que siente la pasión de la escritura no se trata de un empeño, sino una necesidad ligada a una pasión. Como autor no puedo establecer límites a mi producción literaria, dejándome llevar por impulsos ligados al deseo de compartir con los lectores mi curiosidad sobre hechos muy diversos de nuestro pasado.

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Héroes, villanos y genios.  José Luis Hernández Garvi.  Editorial EDAF, 2014.  384 páginas.

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