Caso Buñuel

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Por Mariña Alonso.

BuñuelLuis Buñuel Portolés nació un 22 de febrero en Calanda (Teruel), en el seno de una familia numerosa, siendo su padre Leonardo Buñuel González y su madre María Portolés Cerezuela. Matriculado inicialmente en Ingeniería Agronómica por deseo de su progenitor, en seguida comenzó a interesarse por el cine al tiempo que a implicarse con las corrientes políticas y literarias de su época.

El caso de Buñuel es realmente singular y objeto de estudio indiscutible. Durante la mayor parte de su vida fue un fervoroso comunista –se afilió al partido en 1932– pero jamás lo reconoció públicamente. Como con casi todo en su vida, Buñuel no dudó en ofrecer una visión dicotómica de las cosas, una contradicción interior que hacía aún más penetrante su genio. Sus pasiones y obsesiones más ocultas quedaron reflejadas para siempre en el celuloide gracias a películas como La edad de oro (1930), Susana (1950), Viridiana (1961). Gracias a su incursión en el mundo cinematográfico podemos disfrutar hoy y por qué no, analizar, también, la filmografía de un hombre que nunca dejó nada al azar –como erróneamente se ha dicho en incontables ocasiones– en sus films.

Buñuel fue, ante todo, fiel a sí mismo. Aunque por el camino amó y aborreció muchas cosas. Siendo niño simpatizó con la Iglesia: fue jesuita. Aunque a la postre acabó por odiarla y hacerla culpable capital de la corrupción de la sociedad. Fue surrealista convencido y junto a Dalí sacó a la luz Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929), obra idiosincrásica del cine surrealista, ganándose la ovación de Bretón y el resto de sus compañeros. Quiso ser escritor aunque abandonó esta vocación por considerar que no era lo suficientemente bueno. Y durante gran parte de su vida negó pertenecer a ningún clan, partido o asociación, desencantado con los grandes ideales revolucionarios que habían abrazado las nuevas generaciones en los albores del siglo XX.

Lo que pocos acostumbran a saber es de la complejidad de la obra del director español, quien logró fijar su residencia en México, país donde filmó varias de sus películas. La obra de Buñuel tiene su razón de ser en la frustración del deseo y toda ella gira en torno a este mismo concepto. Su cine es el cine de la imposibilidad de consumar actos (de índole sexual, criminal, etc.) así como el cine del sexo y de la muerte. Para entender esta relación habría que comprender primero la profunda aversión que Buñuel sintió hacia el sexo y en general los sentimientos encontrados que le despertó siempre el género femenino. En sus películas el acto sexual está directamente ligado a la idea de la muerte, por lo que el componente necrofílico y la asociación coito/pecado son evidentes. En Ensayo de un crimen (1955), por ejemplo, Archibaldo vive atenazado por la idea de asesinar a todas aquellas mujeres que le atraen sexualmente como respuesta desesperada a su propia insatisfacción sexual. En Viridiana Don Jaime (Fernando Rey) persuade a la protagonista para vestirse con el traje de novia que su esposa, difunta, había llevado durante su enlace. Una vez que Viridiana ha sido narcotizada, Don Jaime intentará poseerla, aunque finalmente dicha violación no llegará a producirse de forma explícita. La solución que propone Buñuel para la frustración lujuriosa de sus personajes será, por norma general, el onanismo, simbolizado en multitud de escenas: la mano cortada de Un perro andaluz y El ángel exterminador, Don Jaime tocando el órgano en Viridiana, o Don Guadalupe limpiando de forma obsesiva el cañón de la escopeta de caza en Susana.

viridiana fetichismoMención aparte merece el tema del fetichismo en las películas de Buñuel. Y más concretamente el fetichismo de los pies. Todas sus películas rinden tributo a las piernas y los pies, reflejo directo de la obsesión personal del director y relato reiterativo que encuentra su culmen en Tristana (1970), donde Catherine Deneuve interpreta a una joven a la que le ha sido amputada una de sus piernas al padecer un cáncer de rodilla. Por otro lado, no sería equivocado relacionar la presencia –e importancia– constante de determinados objetos en la obra de Buñuel con el llamado objeto surrealista: un objeto cotidiano que de pronto cobra especial importancia por lo que es capaz de transmitir, por su capacidad de estimular la mente, de exaltar la imaginación y el afecto. Lo que los surrealistas denominaron objeto encontrado.

La religión católica y el mundo que la rodea (dogmas, convencionalismos, instituciones) serán elementos centrales en el cine de Buñuel y, al igual que la burguesía y su opulencia, se convertirán en blanco de escarnio para el director. Sus films serán la herramienta gracias a la cual podrá juzgar y rechazar la función didáctica y social de la religión y demostrar hasta qué punto ésta se equivoca en sus planteamientos y promueve, al final, la injusticia en el mundo. La fe puede ser moralmente intachable pero inútil en el plano terrenal. Numerosas películas se convierten en testigos fehacientes de este discurso. Así, en la escena final de Viridiana, la protagonista decide aceptar en silencio el ménage à trois con Jorge (Francisco Rabal) y Ramona (Margarita Lozano) como primer paso en su aceptación de que en el mundo, más allá de lo espiritual, lo que verdaderamente importa es el hombre.

Sin duda esta relación obsesiva de Buñuel con lo religioso denota, en el fondo, el lastre de su propia educación, de su infancia, de los valores a los que, en la vida adulta, renunció. Para el calandino la Iglesia, representante del poder divino en la Tierra, es en su naturaleza corrupta, interesada, siempre al servicio del poder político y sectaria. Además de constituir el principal símbolo de la riqueza solapada y de la opresión moral.

Más allá de todas estas cuestiones quien conozca mínimamente el cine de Buñuel se extrañará ante la diferencia de edad que suele existir entre los personajes principales. Es frecuente en sus películas encontrarnos con una pareja formada por un hombre de edad avanzada y una muchacha joven. Valgan como ejemplos Viridiana, Tristana o Ese oscuro objeto del deseo, entre otros. La explicación podríamos encontrarla en los padres del director. Su padre, a su regreso de América en posesión de una considerable fortuna, se casó con la madre de Buñuel siendo ésta casi 30 años más jóven (contaba con sólo 17 años). Buñuel como primogénito siempre gozó, además, de la predilección de su madre y hasta la muerte de su padre mantuvo una evidente rivalidad con éste. Sabiendo esto es fácil comprender por qué este tipo de parejas tienen tanta cabida en su cine.

Me interesa cerrar este artículo con una brevísima cita del autor y que resume a la perfección la manera de ser, de pensar, de este gran personaje. Reza así:

La moda es la manada;

lo interesante es hacer

lo que a uno le da la gana.

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