Entrevista a Erika Bornay: La mujer y su mundo creativo

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Por César Ureña Gutiérrez

unnamed (18)Erika Bornay es una reconocida y prestigiosa historiadora del arte que ha publicado diversos libros centrados en el estudio de la iconografía de la mujer. Entre ellos destacan “Mujeres de la Biblia en la pintura del Barroco”, “La cabellera femenina” o “La hijas de Lilith”. Sin embargo, desde hace años, también viene desarrollando su otra gran pasión: la literatura, y ha publicado ya un libro de relatos (inspirados en diversos cuadros del pintor norteamericano Edward Hopper) y tres novelas, la última –“Amélie Chabrier o la embriaguez de una impostura”– hace tan sólo unos meses. Su obra literaria se caracteriza, a mi juicio, por una profunda condición introspectiva que explora con perspicacia y gran complejidad el universo femenino desde ángulos y perspectivas diversas. Tanto en su obra narrativa como en la académica hay un motivo central que es la mujer: la mujer y su mundo, la mujer y su representación. Resulta muy interesante cómo enfoca este asunto en su creación literaria, pues la mujer, lejos de tener un sentido unívoco o de representar un arquetipo establecido que reivindique su condición de género, me parece que está tratada de un modo mucho más complejo y enriquecedor, en ocasiones con personajes antagónicos y con una sutileza y pluralidad de lecturas que hacen de su manifestación no sólo una descripción minuciosa de la condición de la mujer y de su lucha en una sociedad que la margina, sino también una invocación a su irrevocable significación humana.

 

Pregunta: Acaba de aparecer una última novela tuya de ficción “Amélie Chabrier o la embriaguez de una impostura”.  Entiendo que es una síntesis entre ficción e historia de la cultura del París de los impresionistas.

Respuesta: En efecto. El París de la segunda parte del siglo XIX fue especialmente brillante, y me interesó hacer un relato de aquella sociedad en sus aspectos culturales y artísticos e incluso canallas, fusionándolo con una historia ficticia no sin cierta  intriga. Al mismo tiempo he querido recuperar la memoria de algunas mujeres de aquel periodo que tuvieron un cierto protagonismo en el arte y la literatura e incluso en los hechos de la Comuna, como la heroína Louise Michel, con quienes la memoria ha sido olvidadiza.  Con la protagonista de mi novela, en su lucha por ser,  he querido indirectamente, rendir homenaje a tantas artistas de quien ya nadie se acuerda.

P: Como antes señalábamos, la mujer es siempre el personaje principal de toda tu literatura y de tus ensayos de arte. ¿Cuál es el origen de este interés?

R: Se lo debo a mi madre. Le eran propias todas las cualidades que hubieran podido hacer de ella una rigurosa intelectual. Nunca pudo saltar la barrera que, a pesar de ser tan leída,  hizo de ella  una simple ama de casa. Su frustración le hizo tener muchas charlas  conmigo sobre la injusta subordinación de la mujer al hombre y me ayudó a que alcanzara una libertad -siempre relativa, claro- y lo poco que he conseguido profesionalmente.

P: Siempre has mostrado un gran empeño por revalorizar a creadoras y artistas injustamente olvidadas o insuficientemente consideradas. Tu libro “Arte se escribe con M de mujer” es un buen ejemplo de ello. ¿Consideras que hay aún mucho trabajo por hacer en este sentido?

R: Sí, se ha de recuperar todavía mucha memoria de mujeres artistas.

P: ¿Qué libros tienes en la mesita de noche? ¿Son tus favoritos?

R: No tengo mesita de noche. Tengo un cajoncito al pie de la cama donde siempre hay 6 u 8 libros. Algunos en espera de ser leídos, otros ya terminados, pero de los que quiero revisar alguna página. Entre los que esperan hay “Un mundo deslumbrante” de Siri Hustvedt, y “El arte en carne viva” de Alberto Hernando. Elijo las lecturas, según el sueño y el humor. Acabo de leer “Cap el cel obert” de Carme Riera y “Limonov” de Carrere ¡no podía arrancármelo de las manos! ¿Mis autores favoritos? En general, los ingleses y los franceses del siglo diecinueve.

P: ¿Crees que hay en el mundo del arte y de la literatura discriminación hacia la mujer?

R: ¡Evidentemente! La hay. En el campo de las artes visuales, sé de una artista hoy en día  bastante notable a quien en los inicios  de su carrera artística, el galerista le insinuó que en lugar de su nombre pusiera solo ¡su  inicial! ¡Como les ocurrió en su momento a las hermanas Brönte! En el área de la literatura, también aparece esta discriminación, sobre todo si no tienes la juventud y el atractivo para que te promocionen con una gran página a todo color en un  periódico. Lo hemos visto a menudo. Por otra parte, también existe un cierto “olvido” si no perteneces a ciertos círculos que se mueven como satélites, alrededor del mundo editorial y de la crítica  donde el amiguismo es notable.

P: Un pintor favorito.

R: Como en la literatura, más bien obras favoritas. Pienso en cualquier amanecer de invierno de Friedrich, alguna ventana azul de Matisse abierta sobre el Mediterráneo, un Chillida, alguno de los grabados japoneses de Mary Cassatt (¿conoces “La carta”?), una Constelación de Miró… No sé. ¡Por suerte, hay tantas que me han emocionado!

P: ¿Qué cuadro colgarías en una pared de tu casa?

R: ¡Ufff!, en mi casa… Pero teniendo en cuenta las características de la misma, sus espacios y ambiente, se integraría muy bien una obra de Félix Vallotton. Un pintor del que estoy deseando ver una exposición antológica.

P: ¿Quién te gustaría que te hubiera hecho un  retrato?

R: No sé si podré responder a esta pregunta. ¡Han existido tan espléndidos retratistas entre los grandes maestros! ¿Cómo elegir? Ahora me viene a la memoria el sorprendente “Retrato de una dama” de van der Weyden. Lo conoces, ¿no? Él me hubiera gustado que me hiciera un retrato. Pero remitámonos a alguien contemporáneo, se me ocurre la ilustradora y pintora Hope Gangloff.

P: ¿Qué valoras en un ser humano?

R: Honradez. Inteligencia. Sentido del humor.

P: ¿Qué crees que se ha perdido en el arte?

R: Rigor. Excelencia. Hay como una permisividad, una cierta indolencia estética.

P: ¿Qué libro te hubiera encantado escribir?

R: “Middelmarch” de George Eliot, en realidad el seudónimo de la escritora Mary Anne Evans. ¿Seguimos hablando de discriminación?

P: ¿Guardas algún recuerdo, si no de felicidad, sí de plenitud total?

R: Sí, hace bastantes años. Un atardecer sentada en una pequeña duna en el desierto del Negev, cerca del kibbutz donde pasé un verano recogiendo fruta. Había varías razones para aquella plenitud espiritual. Recuerdo el color dorado que me envolvía, el día y la hora, cómo iba vestida, cada detalle. Nunca olvidaré aquel momento.

P: De no haber tenido estas dos profesiones, ¿qué te hubiera gustado ser?

R: Me apasiona lo que hago, pero si te digo lo que también me gustaría mucho si tuviera otra vida,  te va a sorprender por lo insólito de mi respuesta. Me gustaría estar en un organismo en África para la preservación y cuidado de animales salvajes. Me fascinan los animales.

P: Tras tu última novela ¿has pensado en algún nuevo proyecto literario?

R: Estoy en ello. Es un encargo editorial en el que dialogan arte y literatura.

 

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