Miguel Dueñas a propósito de “Suficiente soga”, Premio de Narrativa Francisco Ayala

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«Luego, el Rata fue tripulante y, después, sobrecargo, aunque al final acabaría ocupándose de la limpieza de las máquinas ante la ausencia de trabajo. Pero, por encima de todo, lo que mejor se le daba al Rata en ese barco era contar historias. De tempestades, de accidentes, de lo que fuera. Así que, casi desde el mismo día en que nos lo trajeron al campo de prisioneros, el Rata acabó dedicándose a eso».

portada Suficiente soga

Suficiente soga, de Miguel Dueñas.

Miguel Dueñas nace en Madrid en 1975. Músico profesional, inicia su andadura literaria de la mano de la Escuela de Escritores de la misma ciudad. Es autor de numerosos relatos breves, de los que ha publicado varios, entre ellos, La mujer de Luis, incluido en la antología de cuentos Es raro olvidar todo (2013). Ha resultado, además, finalista del Premio Cosecha EÑE 2013 con el relato Ni una sola mella. En Suficiente soga, su primera novela, aborda el tema de la inventiva humana como elemento de resistencia. Con ella se ha hecho merecedor del III Premio de Narrativa Francisco Ayala, organizado y publicado por la editorial Musa a las 9, y con el patrocinio de CajaGranada Fundación y la colaboración de la Fundación Francisco Ayala.

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Suficiente soga. Miguel Dueñas. Editorial Musa a las 9, 2015. Formato digital.

Un grupo de prisioneros sobrevive en un campo de concentración no sólo gracias al sometimiento y la pasividad, sino a la resistencia diaria que la invención y la fantasía les proporcionan. En un círculo de fabulaciones, cada vez más intrincado y peligroso, los presos distraen el tiempo con esas historias que se van contando, hasta que la ficción se impone y difumina la línea entre las víctimas y los victimarios, la vida y la muerte, la esperanza, la derrota y la fe… Una historia, entre muchas, que obliga a reflexionar sobre la impostación de los recuerdos, la ocultación, la mentira como paliativo de la realidad y la complejidad de narrar los traumas de la historia colectiva.

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P.- Según he leído esta novela nació inicialmente como un relato corto que sin poder evitarlo se fue alargando. Me interesa eso, ¿cuál es la fina línea que marca la separación de un género y otro?

Es cierto que hay autores que hablan de “el paso a la novela”, como si, entre un género y otro, uno tuviese la necesidad de pasar por una suerte de rito o preparación mental concreta, algo así como un examen de promoción interna en el universo de los escritores. En mi caso, todo transcurrió de un modo natural y continuo. El texto, en principio con formato de relato, empezó a desenvolverse por caminos en los que eran necesarias más páginas; los personajes necesitaban una historia previa a su encuentro en esta novela; cada uno precisaba de un bagaje propio antes de encontrarse en el campo de prisioneros. Es por eso por lo que, prácticamente desde el principio, supe que estaba ante una novela y no un relato. Podríamos decir que fue la novela quien me encauzó a mí en lugar de yo a ella.

P.- ¿Cuándo y cómo surgió la idea de hacer esta novela en torno a la mentira y su íntima ligazón con la supervivencia?

Pienso que la mentira es consustancial al ser humano; de un modo u otro, tarde o temprano, todo el mundo miente. Pero la mentira es siempre considerada desde un punto de vista negativo, tanto por los personajes de las novelas como en la vida real. Es por eso por lo que me pregunté qué pasaría si la mentira pudiese ser considerada como algo positivo, que resultase tan necesaria que, sin ella, uno pudiera acabar perdiendo la vida. Para ello tuve que encerrar a mis personajes (necesitaba que ninguno de ellos tuviese contacto con el exterior, real y veraz), y, ellos mismos, fueron creando una realidad diferente edificada en torno a la fabulación y la mentira.

P.- La cuestión está en seguir viviendo. ¿Solo una situación extrema como la que tú planteas justificaría la impostura y la mentira quitándole la carga negativa que normalmente conlleva?

Es difícil de decir. Creo que la mentira es valiosa: desde que tu pareja te pregunta qué tal le queda su nuevo corte de pelo, hasta que, pongamos, tu padre, en su lecho de muerte, te pregunta si ha sido un buen padre. ¿Existe un ser humano capaz de contestar que no a pesar de que pudiera ser cierto? Todos diríamos que sí, aunque nuestro padre fuese un delincuente. Es evidente que unas mentiras tienen más importancia o valor que otras, pero creo que el hecho de mentir, si no conlleva un perjuicio personal o social, ha sido necesario desde el inicio de los tiempos.

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Miguel Dueñas.

P.- Suficiente soga también podría verse como un alegato a la memoria personal, aunque sea falseada y manipulada según la conveniencia de cada uno.

Yo siempre he dicho que por encima de lo que tú cuentes en una novela, está el modo en el que lo has contado; creo que es más importante cómo decir las cosas que las cosas que se dicen. Por eso me parece tan importante la memoria del narrador en Suficiente soga, o la de otros personajes como el Rata, porque lo importante es bajo qué premisas relatan los hechos de sus vivencias, independientemente de que, quizás, pudieran no haber ocurrido nunca.

P.- Una guerra, un campo de prisioneros y una realidad que es preferible no mirar de frente. ¿Lo mejor y lo peor del ser humano suele aflorar en momentos así?

Me temo que lo mejor y lo peor de cada uno aflora cuando menos se lo espera. Quizás sea eso lo bonito del ser humano, su imprevisibilidad frente al encorsetamiento histórico, social o personal. Puede que en momentos concretos como guerras o encierros extremos, afloren conductas más llamativas que en otros contextos, pero creo que, siempre que esté admitido por los postulados morales de cada uno, todos podemos ser capaces de casi cualquier cosa.

P.- El Rata, Ronnie, Alma, William Jodl, el mismo narrador… ¿Cómo nacieron tus personajes? ¿En qué o quienes te inspiraste para dibujarlos?

Todos nacieron de sensaciones, todas ellas primarias y basadas en la emotividad. ¿Qué es si no el personaje de Alma, sino pura emoción contenida? Quería que cada personaje simbolizara, con sus diálogos y sus actos, cada uno de los sentimientos que afloran en el ser humano ante hechos como los que viven mis personajes; desde el más descarnado hastío, como es el de Ronnie o el del narrador, hasta el odio profundo, engendrado por William Jodl y los otros guardias. Cada uno de ellos se complementa a través de los otros.

P.- Novela muy cinematográfica. ¿Te la planteaste así ya a la hora de escribir?

Sí. Creo que el lector de hoy no quiere que nadie le cuente nada, es él quien quiere verlo por sí mismo. Por eso es necesario crear una serie de imágenes potentes para que las observe. Creo que el narrador de antes, el omnisciente que cuenta lo que quiere que el lector sepa en el momento en el que lo desea, no es el que demanda el lector de hoy. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pues nutrámonos de imágenes entonces para narrar nuestras historias.

P.- Cómo experto contador de cuentos que eres, ¿podríamos decir que en el fondo, cualquier novela se acaba convirtiendo en una estudiada ordenación de fabulaciones y de historias?

La verdad, no es este un mal titular. Muchas de las vivencias que se cuentan en las novelas (incluyo Suficiente soga) son reales, vividas en mayor o menor medida, o presenciadas por el autor que las escribe. La diferencia entre unas y otras es el punto de vista desde el que se narren esas vivencias así como la verosimilitud que les otorguemos.

P.- Las cosas ocurrieron más o menos del siguiente modo… Contar historias es clave incluso hoy día, ya no para sobrevivir, sino más bien para evadirnos o escapar de la realidad, ¿no?

Es el principio básico de la supervivencia. Todos hemos oído en alguna película: ¿Hay algún médico en la sala…? Ante una catástrofe o una situación extrema como la que planteo en Suficiente soga, las más importantes, en principio, son las tareas manuales y científicas. Podemos necesitar un médico, claro (ahí está el ejemplo de Lost), una persona con conocimientos de construcción… Pero, según transcurriesen los días, serían las tareas artísticas las más necesarias. Empezaríamos a necesitar músicos y poetas, o contadores de historias, y no nos importaría que esas historias no hubiesen ocurrido nunca.

P.- ¿Cómo llega un músico profesional a interesarse por la escritura de relatos primero, y de novela después?

Supongo que el lenguaje musical y el literario vienen a significar lo mismo, están conformados por la misma materia. De hecho, en Suficiente soga, la musicalidad del texto es tan importante como la mentira misma; un personaje no solo se forma a través de sus actos y sus parlamentos, sino, también, a través de las palabras que utiliza en esos parlamentos. Todas las palabras tienen su sonoridad y, es también ella, quien dota de historia a nuestros personajes. De humanidad y verosimilitud.

P.- ¿Qué supone para un escritor novel un premio como este?

Es este un premio valiente otorgado a una novela distinta. Creo que, aparte de un premio, es también un regalo. Hoy día es cada vez más difícil llegar al público, y son los premios valientes como este los que nos hacen arriesgar a los autores en nuestras creaciones.

P.- ¿Tienes ya algún nuevo proyecto narrativo entre manos?

Me motiva la emoción, creo que es la emotividad la que valida un buen texto, un autor no es nadie si no consigue emocionar a sus lectores. El proyecto en el que ahora trabajo está basado en la lucha entre lo que uno cree que es frente a lo que es realmente.

P.- Un rápido reto: ¿podrías ponerte en el papel del Rata y contarme un breve relato de apenas dos líneas?

¡¡¡ACEPTO!!!

La peor noche de mi vida fue la noche siguiente a aquella en la que nació mi hija. Tuve que salir del quirófano, me obligaron, y, en poco menos de un par de minutos, nació ella. Perfecta. Sana. Como un roble. Y no es que quisiera que hubiese nacido herida, o con una vuelta de cordón constriñéndole el cuello. Ni mucho menos. Pero el caso es que no pude pegar ojo pensando en que Alma nació perfecta, sola, sin que yo interviniese.

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Por Benito Garrido (@benitogarridog).

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