‘Cuentos rusos’, Editorial Gadir

Por Víctor G. (@libresdelectura)

Tolstói, Chéjov, Gógol, Pushkin. Esto es lo que encontramos al abrir la magnífica recopilación de cuentos rusos llevada a cabo por la editorial Gadir.

Para mí, la Literatura siempre ha sido la herramienta con la que ir arrancándonos, libro a libro, los filtros de prejuicios y desconocimiento con los que nacen nuestros ojos. Por ello, no podemos dejar escapar la oportunidad de adentrarnos en la literatura rusa siempre que tengamos la ocasión. Porque abre mundos, ensancha nuestra panorámica y nos deja entrar en la cabeza de unos escritores clave para toda literatura contemporánea.

Aquí nos vamos a encontrar con cuatro autores y seis relatos. Vamos a ir desde la espiritualidad más zen de Tolstói al surrealismo total de Gógol, de la crítica irónica de Chéjov a la moraleja ‘esopiana’ de Pushkin.

En Las tres preguntas de Tolstói, se nos presenta una de tantas historias que podemos encontrar en la literatura zen entre maestro y discípulo pero desde la pluma más fría y rusa que podemos encontrar. Frío que Tolstói combate con destreza amanuense consiguiendo introducir al lector en el tópico clásico del hic et nunc, tan defendido por las filosofías filantrópicas. Tres preguntas a resolver, tres preguntas que acaban resueltas de la forma más sencilla pero a la vez más didáctica y enriquecedora, que nos llevan a abrir los ojos al aquí, al momento presente, al ahora.

En Karma, también de Tolstói, caminamos por el sendero de ese resultado que en vida nos refleja las acciones que hemos estado llevando a cabo anteriormente. Vamos subidos en el carro del protagonista y siendo azotados por la sabiduría del viejo sabio que lo acompaña. ¿Somos lo que hacemos? ¿Somos el resultado de nuestras acciones? Otro recital de budismo zen de la mano de Tolstói.

En tercer lugar nos encontramos con Kashtanka, de Chéjov. Un perro, su amo, y el amor o desamor entre ellos dos. El amor al prójimo, la fidelidad y su recompensa. Un buen texto para recapacitar sobre nuestros valores, sobre las destinaciones de nuestro amor, sobre lo turbio, que a veces, tenemos nuestro entendimiento hacia quién más (o menos) lo merece.

Le sigue la Historia de una anguila, del mismo autor. Aquí encontramos la crítica característica de Chéjov que tanto sabe engalanarla con el humor inteligente, rebuscado, ácido. Uno a uno, van introduciéndose personajes en el agua para conseguir atrapar una anguila, cada uno ofreciendo (o imponiendo) sus teorías, sus consejos, sus trucos. ¿Cómo puede ser que acaben cinco personas, incluido el patrón, metidas en el agua para atrapar un anguila? Aquí se habla de la estupidez humana, de la ignorancia igual entre distintos rangos o clases sociales y el idéntico resultado que todos consiguen si están gobernados por el desconocimiento y la inaptitud.

En quinto lugar aparece el mejor de los relatos del libro: La nariz, de Gógol. Surrealismo puro que llama a la sonrisa más sincera de alguien totalmente desengañado, capaz de describir la estupidez humana desde la ironía más cómica. ¿Os imagináis despertar un día y ver que no tenéis nariz? ¿Y si, además, os la encontráis paseando por la calle? De lectura totalmente obligada.

Por último, el libro se cierra con El cuento del gallo de oro. Un lujo visual para todo amante de la literatura de Esopo. En él se narra la tópica ambición de un rey que, en la necesidad, va en busca del sabio que le haga alumbrar su oscuridad pero que, en el momento de bonanza cuando debe cumplir lo prometido con aquel, le ciega el poder, la avaricia, la altura.

En definitiva, un libro que puede leerse en una tarde y que dura para años. Una de aquellas joyas que todo lector debería tener en su biblioteca como medicamento para un posible día en que se dude del poder y del valor de nuestra reina Literatura.

 

 

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