“Ostende 1936, el verano de la amistad”. Por Volker Weidermann

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«Cada día se rompen la cabeza con la cuestión de cómo podrán contribuir a que el mundo tome otro rumbo, a fin de que ellos puedan regresar al país de donde proceden y luego quizá un día volver aquí, a esta playa veraniega, como turistas, porque ahora son refugiados en un mundo de vacaciones».

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Ostende 1936, de Volker Weidermann.

Actualidad editorial:

El escritor alemán Volker Weidermann llega por primera vez a las librerías españolas con Ostende 1936, el verano de la amistad (Alianza Editorial, 2015), una novela que narra de manera documentada, amena y conmovedora, con innumerables y divertidas anécdotas, la amistad entre Zweig y Roth en aquel verano, poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Junto a Koestler, Keun, Toller, Kisch…, celebran la vida como si fueran las últimas vacaciones, el último momento de felicidad antes del desastre. De una tragedia de la que aún les queda una brizna de esperanza de que pueda evitarse.

«Durante el verano de 1936, quien quisiera encontrar a la flor y nata de la literatura alemana en el exilio debía acercarse a la Riviera belga, a Ostende, y sentarse a una de las mesas del Café Flore. Aquí acudían todos los días Stefan Zweig, Joseph Roth, Egon Erwin Kisch, Arthur Koestler, Ernst Toller. Muchos de ellos, como Roth, se marcharon de Alemania y de Austria el mismo día de la toma de posesión de Hitler. Otros, confiando que la vida del nazismo fuera breve, se habían demorado más, entre ellos se hallaba Stefan Zweig. El Flore se había convertido en un barco, como el Titanic: de día cada uno tenía su propia mesa para trabajar, mientras de noche se reunían en grupo, a charlar, chismorrear, beber y enamorarse. El lema era “optimismo”, disfrutar de la playa y el sol, tratando de ignorar la inminencia del Apocalipsis. Sería un verano marcado por la amistad, como anuncia el título del libro de Volker Weidermann: Ostende 1936. El verano de la amistad».

Ostende 1936. Stefan Zweig se dispone a pasar el verano en este balneario belga junto a su amante Lotte Altmann y su máquina de escribir. Se les une su amigo Joseph Roth, también dispuesto a escribir y a eludir la prohibición local de bebidas de alta graduación alcohólica. Mantienen una amistad que se proyecta en sus obras literarias: se corrigen mutuamente sus escritos, se dan consejos, se ayudan…, discuten. En Ostende, Roth se va a enamorar, por última vez, de Irmgard Keun, una escritora obsesionada por irse de su país, en el que se queman libros. Si es peculiar la amistad entre dos personalidades tan diferentes como el metódico y acomodado Zweig y el bebedor Roth, no menos sorprendente es el amor enternecedor entre éste y la joven apasionada Keun. Llegan a Ostende otros escritores austriacos y alemanes. Sol, mar, cafés…, podrían ser unas buenas vacaciones entre amigos si cada día no se agravara la situación en Europa y en España, si no estuvieran preocupados por su incierto futuro, si todos ellos no estuvieran perseguidos y sus libros prohibidos en la Alemania nazi, si no hubieran perdido su patria. Son poetas fugitivos, escritores en el exilio.

«Para todos ellos, aquel verano representaría un momento de normalidad en una existencia que de normal no tenía casi nada. A pesar de ello, era imposible dejar de lado la política en sus conversaciones. Kisch, comunista militante, al cruzarse con Roth al comienzo de las vacaciones, le saludó chistoso: “¿Sin corona? ¿Sin armiño? ¿Qué te pasa, viejo judío de Habsburgo?” Y él respondió: “Muy gracioso, viejo judío bolchevique”. El exilio forzoso les había obligado a observar las cosas sin ilusiones, pero así acababan también por tener que constatar con dolor su propia impotencia. Una impotencia que para muchos de ellos acababa siendo insoportable. Habían querido creer que antes o después podrían volver a casa, y sabían que cuanto más se alargase el viaje menos posibilidades tenían de volver. Roth, ayudando a su amigo Zweig en la conclusión del Candelabro enterrado, le había escrito: “El verano se estaba acabando, era un verano ya muy viejo, muy cansado… Un verano que se parecía a un viejo judío; un verano que parecía querer descansar él mismo en el camposanto”».

Volker Weidermann es redactor jefe del suplemento cultural del periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung. Nacido en 1969 en Darmstadt, estudió Ciencias Políticas y Filología Germánica en las universidades de Heidelberg y Berlín. Es autor de varios libros. Entre otros, de una biografía sobre Max Frisch (Max Frisch. Sein Leben, seine Bücher) y un ensayo sobre los libros que fueron quemados por los nazis en Alemania (Das Buch der verbrannten Bücher).

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Ostende 1936, el verano de la amistad.  Volker Weidermann.  Traducción de Eduardo Gil Bera.  Alianza Editorial, 2015.  150 páginas.

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