The Man from Earth: Un desafío a la lógica temporal

 

Por Guillermo Malagamba.

man from earthQue la inmortalidad sea tratada en el cine no es nada nuevo, que se haya tratado desde un punto de vista fantástico menos nuevo todavía, no me refiero sólo a Highlander, a poco que lo pensemos nos vienen otros títulos a la cabeza: Drácula, El retrato de Dorian Gray, Lobezno… pero ¿y si le damos un barniz realista al asunto?, es decir, ¿cómo puede una persona vivir cientos o miles de años? En fin, me refiero a su salud mental, a su integración en el mundo; hablando de Highlander me viene a la cabeza a Christopher Lambert cuando su esposa le pregunta por qué no envejece, a lo que el guerrero responde que porque la quiere como el primer día; minutos después asistimos al funeral mientras de fondo atrona Queen y su Who wants to live forever, en una de esas escenas que se nos marcaron a fuego en la memoria y nos humedecieron la retina.

No fue sino hasta 2007 que una película se atrevió con el valiente reto de tratar la inmortalidad desde un punto de vista más científico, dejando entrever lo complicado que sería tratar los retos del día a día y responder todas las preguntas difíciles de contestar y que asaltan al raciocinio en tropel. Si un hombre hubiera podido sobrevivir desde la prehistoria hasta nuestros días, ¿cómo sobrevivió a las guerras? ¿Cuántos idiomas ha hablado? ¿Cuánta gente ha conocido? ¿Hasta qué punto le conviene vivir solo? ¿Ha tenido hijos? ¿Cuántos? ¿Son como él? Si ha vivido la historia de la humanidad, ¿sabe si los libros de texto mienten? ¿Cómo es vivir la caída del Imperio Romano? ¿Y el auge del nazismo? ¿Cómo era vivir en Atenas cuando Pericles era joven? ¿Y ser español en el siglo XV? ¿Y comunista norteamericano en los 50?

Si el contenido es ciertamente excitante, el continente encuentra la virtud en la austeridad y la belleza en lo simple. La película está íntegramente rodada en una casa por culpa del  obstáculo del presupuesto. Richard Schenkman consigue jugar con planos largos y cortos para captar los diferentes momentos de la larga conversación de los protagonistas, consiguiendo que el intrépido guión no caiga en las redes del tedio y convirtiendo la película en un ejercicio casi teatral, aprovechando muy bien el espacio para jugar con diferentes ángulos y tiros de cámara.

La película ha alcanzado el estatus de película de culto. Consigue tocar la teología, la psique humana y el sentido de la existencia con profundidad (sin llegar a, por ejemplo, Ghost in the Shell), y el deje teatral, aunque sea obligado, le da cierto encanto que tienen cintas como La soga o Doce hombres sin piedad. Perdonen si creen que blasfemo con mis afirmaciones, pero no se me ocurre una película en la que blasfemar sea más conveniente.

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