Cuestionario literario: Alejandro Palomas

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madre 1 Alejandro Palomas no necesita presentación, sus dos últimas novelas lo han convertido en un nombre de referencia dentro del campo literario y editorial de nuestro país. Y la razón por la cual hablamos de estos dos campos, aparentemente asimilables, pero en verdad distintos, es porque Palomas es de aquellos escritores que han conseguido un amplio reconocimiento del público –en la última Feria del Libro de Madrid, las colas bien lo atestiguaban- así como de la crítica, que no ha dudado en aplaudir su novela Una Madre así como reconocer los méritos literarios de Un hijo, un libro, escrito originariamente en catalán, con el cual el autor se dirige a un público –a lo mejor el más exigente- juvenil. Si bien estas dos novelas son las más destacables dentro de su trayectoria, el éxito de Alejandro Palomas no es fruto de un día, al contrario, su éxito es el resultado de una ya extensa producción literaria a través de la cual Palomas ha ido demostrando, hasta el día de hoy, su valor como escritor. De entre sus anteriores novelas, cabe destacar El secreto de los Hoffman, con la cual fue finalista del Premio Ciudad de Torreviejas o El alma del mundo, gracias a la cual se convirtió en finalista del Premio Primavera. La narrativa de Alejandro Palomas se caracteriza por una escrupulosa y atenta mirada a la cotidianidad, a los pequeños detalles que conforman el día a día y que, por el ritmo incesante y la costumbre, pasan desapercibidos. Los pequeños detalles sirven, asimismo, a Palomas como punto de partida, como motivo podría decirse, para realizar una introspección de las personas, poniendo de relieve las contradicciones, los indecibles y no siempre coherentes sentimientos, los miedos y los conflictos con uno mismo y con los demás. La dificultad de la comunicación y, por tanto, la dificultad de las relaciones, marcadas por lo no dicho, por los secretos e, incluso, como el título de aquella películas, por las mentiras, constituye el núcleo de la narrativa de este escritor. En Una madre confluyen todos estos temas: una reunión familiar es el contexto que Alejandro Palomas elige para profundizar sobre estos temas; la familia se convierte en metáfora de la sociedad, las relaciones familiares son, en su diminuto ámbito, el reflejo de las relaciones humanas; lo concreto se convierte así en universal. Un hijo es una novela dirigida a priori a un público adolescente, pero que como toda literatura que merezca dicho apelativo –se piense por ejemplo en la narrativa de Fernando J. López-, trasciende toda clasificación por edad. En dicha novela, inscribible en parte en la tradición del Bildungromans, un pre-adolescente se enfrenta a un marco familiar complicado, marcado por la ausencia de la madre; la lectura y la imaginación se convierten en su refugio a la vez que en la vía de aprendizaje. La historia de Guille, el protagonista, termina por convertirse en la historia de todo lector, adulto o adolescente, en la historia del individuo cuya vida es siempre un aprendizaje acerca de la supervivencia y acerca de cómo sobrellevar y enfrentarse a las adversidades y los obstáculos que se interponen en todo recorrido vital.

¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?

El silencio no compartido. Tenderme en la espesura de un bosque en otoño con Rulfo, mi perro, a mi lado, oírle respirar, notar su calor cerca y respirar despacio, sabiendo que al llegar a casa tengo a un puñado de personajes especiales esperándome para que viva con ellos en la ficción, en la que compartimos.

¿Cuál es su gran miedo?

Mi gran miedo es mi gran duda: no sé si seré capaz de sobrevivir a la muerte de los dos seres que en este momento más quiero y necesito: mi perro y mi madre.

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

La compasión, sin duda.

¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)

Cuando no tengo ganas de elaborar una verdad que no creo demasiado necesaria. Nunca miento por miedo, y mucho menos por costumbre. A veces, es demasiado cansino tener que explicar y el mejor resumen es una mentira que no dé lugar a más preguntas. Pero debo confesar también que soy mal mentiroso. Enseguida se me pilla.

¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?

Me muerdo la lengua, sí, pero no por temor al qué dirán, sino porque sé que en caliente meto la pata y después tengo que desandar los pasos mal dados. Con la edad aprendes a ahorrar energía y el Alejandro impulsivo –que sigue existiendo- es un derroche demasiado exagerado de energía que prefiero emplear en cosas más creativas.

¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?

Hace unas horas. Siempre lo hago. No me corto en las redes. Maquillo el tono, la voz, empleo la ironía, el sarcasmo, el humor, pero no suelo reprimirme. Al fin y al cabo, las redes son como la vida misma: si no eres quien eres, eres poco.

¿Qué es para usted la libertad?

Ah, una gran pregunta. La libertad es el objetivo, es la aspiración de la que nacen todas las demás. Libertad es elegir constantemente, también prescindir. No hay libertad sin madurez. Tampoco sin compromiso.

¿Siente que ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?

En absoluto. Ser una persona reconocida me ayuda a sumar empatías, me acerca a los demás y me ofrece espejos que antes no tenía y que me resitúan constantemente en lo más pequeño. Por eso me gusta escribir sobre lo mínimo, engrandecer lo que tenemos más a mano. Por eso me gusta tanto definirme como un escritor de kilómetro 0.

¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?

Depende. No es aconsejable ser autor y expresarte políticamente, porque eso te cierra sectores de un público que pueden no tener afinidad política contigo, pero con el que compartes el mismo color emocional. Yo soy muy visceral y me puede la injusticia, sea del color que sea. Y tarde o temprano suelto lo que pienso, aunque a veces el precio sea alto.

¿Activismo público o compromiso privado?

Las dos cosas. Siempre.

¿Informarse o ser informado?

Las dos cosas. Y elegir, elegir siempre.

¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?

En mi caso, la información es básica para trabajar la ficción de un modo relajado. Me gusta mezclar la actualidad con lo que escribo, pero sin dar datos concretos, apenas una atmósfera. Y sin embargo, para que esa atmósfera sea creíble, tiene que estar muy asimilada, muy masticada. La información es básica para evitar los lugares comunes y conseguir que lo cotidiano parezca único.

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La cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?

La cultura es querer entender el mundo desde la no agresión. Y es, sobre todo, generosidad desde el individuo hacia el medio que el individuo habita y comparte. Lo demás es ruido.

¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?

No es cultura lo que ensucia, ni lo hueco, ni lo que abusa de ese extraño paraguas llamado “tradición” para justificar barbaries, sufrimiento y muerte.

¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?

Hay de todo, pero si he de serte sincero no sé lo que es un referente cultural. La experiencia me dice que en realidad, lo referentes culturales no son los que creemos que son, sino los que el subconsciente almacena en algún rincón de la psique y va amasando despacio a lo largo de los años sin hacer ruido, a oscuras. Si te doy referentes te estaré hablando desde lo reconocible y estaré mintiendo. De hecho, cada vez que escribo una novela, un poemario o un relato descubro sombras de referentes que ni siquiera creía conocer.

¿Un autor para releer?

Jeanette Winterson. Una y mil veces, 

¿Un autor recién descubierto?

Mentiría si te citara a alguno. Hace mucho tiempo que dedico mi tiempo de lectura a releer títulos que por algún motivo u otro dejaron en mí una huella que quiero revisar. 

¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?

Las horas, de Stephen Daldry.

La creación, ¿un arte, una pasión o un ofició que se puede aprender?

Una locura que nos habla de lo que no sabemos enfrentar de otro modo. La locura más dulce.

¿Todos podemos escribir un libro?

Todos podemos hacer casi todo. La cuestión no es el qué, sino el para qué.

¿Todos podemos publicar?

La respuesta es la misma. Si publicar es el fin y no el medio, hablamos de carencias, de lo no resuelto. En ese caso, y desgraciadamente creo que es muy frecuente, la publicación no es el camino.

¿Todos podemos ser artistas?

No lo sé. Creo que el artista lo es desde que se reconoce viviendo en la búsqueda de algo que sólo intuye. Ser artista es ser solidario con uno mismo.

El éxito, ¿personal o profesional?

En mi caso, soy lo que hago, con lo cual vivo como algo muy íntimo mi éxito profesional. Mi escritura es el testimonio de mi evolución más íntima. Si hay éxito profesional, hay satisfacción íntima. No hay frontera.

El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?

No necesariamente. El éxito es saber que tu intimidad es compartida por reconocible. Que lo que haces, lo que vibra dentro de ti, es parte de un todo que de pronto te mira y te saluda. Que hay alguien al otro lado.

¿Cuál considera que es su gran logro?

Mi mayor logro es haber aprendido a entablar un buen diálogo entre el Alejandro que soy y el que me mira ser. En ese diálogo cabe la ficción, la risa, el drama, la comedia… la vida. Se me da bien la vida, pero se me da mejor compartirla.

¿Cuál es su lema?

La vida es una maratón. Y también una apuesta personal a la que nadie sobrevive.

 

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