Lo que hacemos en las sombras (2014), de Taika Cohen y Jemaine Clement

 

Por Jaime Fa de Lucas.

lo-que-hacemos-en-las-sombras-cartelPelícula neozelandesa en forma de falso documental que se adentra en la casa de unos vampiros para reflejar sus problemas e inquietudes. La verdad es que esperaba algo más rancio, con más tópicos, menos solvente, sin embargo, el resultado me ha parecido bastante bueno: una parodia del mundo de los vampiros que levanta muchas carcajadas y deja alguna que otra reflexión. Lo más destacable es que posiblemente sea una de las mejores películas de humor que ha pasado por las carteleras este año.

La estética es voluntariamente realista, cámara en mano siguiendo a los personajes y que la imagen vibre, alternando con primeros planos más estáticos en los que se hacen entrevistas individuales más íntimas. Todo esto es fundamental para transmitir la idea de falso documental. Las actuaciones de los personajes principales son bastante sólidas. Alguno del reparto deja bastante que desear, pero no empaña el conjunto en exceso. Quizás el guión podría haber sido más compacto, más orientado hacia algo concreto, ya que a veces resulta disperso y da la sensación de que no hay una dirección clara en la película, no obstante, esa falta de concreción no chirría.

Es cierto que hay tópicos, es inevitable, pero creo que no se abusa de ellos a un nivel demasiado básico y se intenta estirar sus implicaciones al máximo para ir un poco más allá y que el humor resulte fresco. Las risas están aseguradas. Parte del humor se basa en la parodia, principalmente haciendo sangre con el mundo del terror pop. Se cuestiona la validez de las figuras pop de terror –vampiros, hombres lobo, zombies…– y se intenta machacar estereotipos remarcando la absurdidad de los mismos. Utiliza referencias contemporáneas, llegando a criticar a Crepúsculo e incluso en un alarde metaficcional, se mofa tanto del terror pop como de los falsos documentales calcando alguna escena de una de las películas más famosas del género, El proyecto de la bruja de Blair (1999).

Las reflexiones son ligeras, pero están. Hay una contraposición evidente entre lo clásico y lo moderno. La casa en la que viven los vampiros es antigua, así como sus vestimentas y todo lo que les rodea. Si en Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013) vemos unos vampiros actualizados, modernos, adaptados al entorno, aquí tenemos unos vampiros anacrónicos. Esto se enfatiza con el ingreso del nuevo vampiro joven que usa el gramófono como si de un DJ se tratara, les enseña las cámaras de fotos, les instala internet gracias a un amigo, etc. Si a esto le sumamos esa parodia del mundo pop de terror, podemos leer entre líneas cómo se pone en tela de juicio la validez de estas figuras en nuestra época, especialmente la del vampiro. Quizás la única opción posible para reinventar a los amigos de la sangre sea acudir al humor, algo que en esta película funciona a las mil maravillas.

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