Cuestionario literario: Javier López Menacho

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precarioJavier López Menacho es periodista y escritor, y lo es por vocación y por instinto. Este gaditano estudió Turismo en Cádiz y  posteriormente viajó hasta Barcelona, donde realizó, bajo la escrupulosa y prestigiosa batuta de Jorge Carrión, el máster de Escritura Creativa de la Universidad Pompeu Fabra. En paralelo a su formación académica, López Menacho realizó su formación vital y, sin duda, política a través de un sinfín de trabajos precarios, trabajos sin contrato, con sueldos ínfimos, trabajos que ni tan siquiera permitían sobrellevar económicamente el día a día. Fue un aprendizaje vital y político, fue el vivir y el experimentar en primera persona aquello que algunos de los titulares de los periódicos anunciaban, pero sólo a través de las cifras: la juventud, formada y con un amplio bagaje cultural y formativo, estaba destinada a la precariedad que se manifestaba a través de los sueldos, a través del no respeto de los derechos mínimos del trabajador –solamente quien gira la cabeza hacia otro lado, en un cómodo autoengaño, no verá la cantidad de trabajadores que, en la lucha constante para llegar a fin de mes, trabajan sin contrato, realizando horas extras que nunca serán contabilizadas, sin horarios y sin prestaciones sociales. Las cifras y las encuestas poco ilustran de la realidad que tras ella se esconde, bien lo sabía López Menacho: en esos días desesperanzadores, laboralmente hablando, el periodista gaditano anotaba sus experiencias al regresar a casa. Esas anotaciones escritas, como él mismo dice, sin la conciencia de estar escribiendo un libro, escritas más bien como forma de desahogo, casi a modo de diario personal, fueron convirtiéndose en un relato de denuncia de la situación laboral de la España de pre-crisis, de esa España, paradójicamente gobernada por los socialistas, cuyos dirigentes negaban no sólo los indicios, sino las heridas, las profundas heridas, que ya sangraban entre la población y, en particular, entre los más jóvenes, cuyo futuro laboral y profesional se disolvía a pasos agigantados. De esas anotaciones surgió Yo, precario (Libros del Lince): la experiencia, narrada en primera persona, se convirtió en un relato generacional, en el más fiel testimonio de cuánto acontecía y en el más riguroso de los reportajes periodísticos. Para muchos de quienes vivían esa realidad, Yo,  precario se convirtió en su testimonio, en un altavoz a partir del cual denunciar una realidad que algunos negaban, otros ignoraban y otros tantos matizaban. Y convirtiéndose en altavoz, Yo, precario puso sobre la mesa cuestiones vinculadas a los derechos laborales, a los sueldos, a las irregularidades y a las mentiras con las que se había seducido una generación entera, a la que se había prometido un futuro inexistente. El libro fue un altavoz necesario para muchos que todavía escuchaban cantos de sirena: algunos reconocidos periodistas, desde la distancia que marcan los platós y las copiosas nóminas, se sorprendieron ante lo narrado por López Menacho, a quien más de una vez se le preguntó sobre la veracidad de lo narrado. “¿Es verdaderamente posible que te pagaran cinco euros por ir disfrazado de chocolatina?”, le pregunto una periodista, cuyas palabras evidenciaban la ceguera no sólo de los gobernantes, sino también de parte de la prensa y de determinados sectores sociales. Si bien la experiencia propiamente literaria se interrumpió tras Yo precario, ese libro, más próximo al periodismo narrativo que a la canónica novela, dirigió a López Menacho en el mundo del periodismo y, en concreto, en la búsqueda y en la realización de un periodismo independiente realizado a pie de calle. Así nación La Réplica, un medio de comunicación, creado por un grupo de jóvenes periodistas comprometidos con la causa política, que en relativamente poco tiempo se han convertido en uno de los medios de izquierda de referencia para la opinión pública. A la espera de que Javier López Menacho vuelva con voz propia al ámbito literario, sus artículos en La Réplica son de lectura más que recomendable.

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¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?
En un principio, cualquier estado de felicidad me parece perfecto. La mía sería tener el máximo tiempo para emplearlo en todas las cosas que me hacen feliz: viajar, escribir, leer, visitar a mis amigos y a mi familia…  Sencillas pero enormes aspiraciones.

¿Cuál es su gran miedo?
Soy como Woody Allen, medio hipocondríaco, y vivo con la sensación de que puedo morir en cualquier momento debido a una desconocida enfermedad o un accidente fatal. El miedo, supongo, es irme temprano de aquí.

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?
Me irritan mucho aquellos que dicen “esta persona mola porque dice las cosas como las piensa y sin cortarse”, y en realidad hacen lo contrario, hablan sin pensar y dicen lo primero que les viene a la cabeza en busca de impunidad. Lo aceptamos como ejemplo de sinceridad y autenticidad, y aunque es más culpa del adulador que del personaje en cuestión, lo cierto es que hoy en día se ha convertido en una “virtud” sobrevalorada.

¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)
La mayoría de veces que miento me sorprendo haciéndolo y no sé el motivo exacto por el que lo hago, pues siempre son chorradas y casi siempre es fácilmente evitable. Lo mismo soy un mentiroso compulsivo, vete tú a saber.

¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?

No, no suelo hacerlo. Si una opinión está fundamentada y realizada con respeto, no propicia mal alguno, si acaso todo lo contrario. Otro asunto es que haya quien se las tome a mal. No suelo cortarme.

¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?

Siempre.

¿Qué es para usted la libertad?
Me remito a la canción de Calamaro: “no sabemos muy bien qué es ni dónde está, oímos hablar de la hermana más hermosa que se busca y no se puede encontrar. La conocen los que la perdieron, los que la vieron de cerca irse muy lejos, y los que la volvieron a encontrar, la conocen los presos, la libertad.”

¿Siente el ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?

Me considero una persona tan anónima (o no) como cualquier otra, así que no me veo condicionado en el ejercicio de mi libertad.

¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?

Expresarlas. Concibo la expresión de las opiniones, incluso las que no me gustan, como el motor de la construcción y el avance social.

¿Activismo público o compromiso privado?
Las dos, aunque la segunda se me antoja esencial. Creo que el activismo público no podría existir sin compromiso privado, pero sí el compromiso privado sin activismo público. En cualquier caso, la segunda te vincula a la realidad en la que vives y es una manera de dotarnos de motivos para vivir.

¿Informarse o ser informado?
Informarse, que implica proactividad y profundidad en la intención de comprender y contextualizar la información. La verdad, nunca ha sido de telediarios.
¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?
En este mundo y estado de las cosas es claramente un contrapoder, una de las pocas formas de autorregularnos, de no ir directos (al menos habrá que dar un rodeo) al abismo.

 

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La cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?

La segunda. Ni siquiera tengo claro que esnobismo y cultura tengan una estrecha relación.

¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?

Hay muchos objetos culturales que tienen que ver con la mercadotecnia propia de nuestro tiempo o con el folklore que no los percibo como cultura; no responden a quiénes somos, dónde vamos ni de dónde venimos, no generan nuevas preguntas ni contestan a ninguna. Su objetivo es vender, entretener, quemar el tiempo… todo ello es muy respetable, pero no lo considero cultura.

¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?

Yo accedí a la cultura a través del cómic, que es lo que devoraba de niño. Luego se expandió como una plaga incontrolable a casi todas las disciplinas del arte.

¿Un autor para releer?
Alan Moore, Poe, Cortázar y Bolaño. Siempre vuelvo.
¿Un autor recién descubierto?

Eva Ensler.

¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?
Inside Out.

La creación, ¿un arte, una pasión o un oficio que se puede aprender?
Es una pasión que puede aspirar a convertirse en oficio. El artista nace, más que se hace. Una vez me contó un profesor de literatura el caso de un alumno que estuvo seis años en su clase de cuento. Era disciplinado y ambicioso. Leía a grandes autores, iba a charlas que trataban el proceso creativo, participaba en clase con gran empeño. Pues bien, no hizo ni un cuento medianamente bueno en esos seis años. No había duende.

¿Todos podemos escribir un libro?
No, no creo que todo el mundo pueda hacerlo.

¿Todos podemos publicar?

Tampoco, puedes autopublicarte en Amazon y tal, pero que un editor apueste por tu proyecto e invierta económicamente es mucho más difícil, tiene que ver con la calidad literaria, el compromiso del editor, la línea editorial, el marketing y algo que no se sabe qué es y es lo que termina haciendo que tu libro se publique.

¿Todos podemos ser artistas?
Creo que todo el mundo tiene un lado artístico, una válvula de escape de la realidad. Ahora, te puede pillar escribiendo, jugando al baloncesto o tocando la pandereta.

El éxito, ¿personal o profesional?
Para mí es éxito es combinar lo profesional y lo personal en una vida plena.

El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?
Si por reconocimiento, nos referimos a reconocimiento masivo, no lo creo. Tener quien te bienacompañe en esta vida, ya es un éxito. Al final, hasta los más repleto de fama, dinero y reconocimiento,

¿Cuál considera que es su gran logro?

Haber conseguido una juntar una comunidad de buenas personas a mi alrededor que se caracterizan por la honestidad, la lealtad y el amor por los bares.

¿Cuál es su lema?

Me aplico esa máxima de Woody Allen que decía que el 90% del éxito se basa en insistir. Y eso intento, insistir cada día.

 

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