Desde el hielo al infierno: la mujer como el mal

Por Alicia Louzao

“La Reina de las Nieves” forma parte de la larga antología de cuentos del famoso danés Hans Christian Andersen. Quizás el título no suene mucho, pero al pronunciar “Frozen” ya a todos nos alcanza la eterna melodía de “Let it go” que queda atrapada en la sesera como un gusano retorciéndose dentro de una crisálida.

Le debemos a Disney la recreación de una buena cantidad de heroínas más o menos subordinadas, tomadas prestadas tanto de los hermanos Grimm como de Andersen, Perrault, etc., que ofrecían una imagen distorsionada de aquellas figuras originales de las páginas de sus autores, sin duda algunas mucho más violentas que las versiones predecesoras. Sin embargo algo ha acontecido en los últimos años que ha metamorfoseado el concepto de “princesa” tras las paredes del gigante de los dibujos, sean animados, sean en 3D. Ahora ya no nos topamos a las lánguidas princesas que esperaban por su príncipe para ser rescatadas. Como dice Antonio Rodríguez Almodóvar en “El papel de la mujer en los cuentos populares”: “la parte femenina de la especie sólo estaría ocupada en los relatos tradicionales por el estereotipo de la princesa pasiva que aguarda al príncipe azul”. Al menos, antes. En nuestra infancia.

¿Debemos felicitar a Disney por este cambio? Ni mucho menos. En las páginas de la historia ha habido fascinantes figuras que bien merecen su propia película Disney, junto con mochilas, disfraces, reproducciones en muñeca y otras difamaciones, muchas veces deliciosas, que establecen un vínculo entre los museos más prestigiosos y los Toys´ R’us.

En “Frozen”, Elsa es el personaje femenino que comparte protagonismo con su hermana Ana. En esta película, comete lo que llamamos hoy en día dos intentos de “homicidio involuntario” contra la disparatada y extrovertida Ana. Involuntarios, ciertamente (aunque también guiados por la ira momentánea de verse tan incomprendida, dueña de extraordinarios poderes que son temidos por todos), pero ataques al fin y al cabo. Así como en Disney la poderosa reina tiene un nombre claro, es huérfana, con hermana incluida y acaba tornándose en menos malévola, en el cuento original no posee nombre alguno y sus besos fríos hielan y dominan por completo a su víctima, el pequeño Kay, el niño que se pierde en el invierno y acaba conviviendo con la reina en su palacio. El espacio gélido del cuento de Andersen se asemeja mucho al de la película dirigida por Jennifer Lee y Chris Buck:

Los muros del palacio eran de nieve y ventisca, y las ventanas y puertas, de viento cortante; había más de un centenar de salones, todos obra de la ventisca (…) y eran muy grandes, muy vacíos, fríos y resplandecientes (…) en medio del vacío, inmenso salón de nieve había un lago helado; estaba roto en mil pedazos, y en medio se sentaba la Reina de las Nieves, y por eso se decía que se sentaba en el espejo de la razón.

Con el repetido adjetivo “vacío” Andersen provoca una sensación de soledad y de lejanía que hace que vinculemos sus desiertos “helados palacios del intelecto” como opina Alberto Adell en la edición de La Reina de las Nieves y otros cuentos, al concepto de perfección, pero una perfección muerta, sombría.

El personaje de Elsa/la Reina de Andersen podría relacionarse con el rol de la mujer fatal que discurre por las páginas de la Historia. Tomemos por ejemplo a la hechicera Circe o al personaje bíblico Lilith. Circe, como Elsa, reside sola en un palacio (bien construido, situado en un valle rodeado de bosques, esto es, ajeno a todo contacto humano, como el palacio del cuento de Andersen) desde donde el cual puede doblegar a todos los hombres y conseguir que actúen según la voluntad de la hechicera. “Son seductoras que desvían al hombre de sus deseos e intereses y casi siempre le hunden en la desgracia y que aparecen frecuentemente en otras mitologías”, como opina Mercedes Aguirre Castro en “El tema de la mujer fatal en La Odisea”. Circe no siente aprecio por los hombres. Bajo su magia los convierte en cerdos. Como ocurre con Kay, hechizado y en manos de la bruja:

Es cierto que el pequeño Kay está con la Reina de las Nieves y lo encuentra todo allí perfecto y lo cree lo mejor del mundo, pero esto se debe a que tiene una esquirla de cristal en el corazón y una motita de cristal en el ojo; tiene que expulsarlas o la Reina seguirá ejerciendo dominio sobre él.

Circe se presenta bellísima a los ojos de Odiseo, así como la Reina a los ojos de Kay, quien era “hermosísima, un rostro más inteligente y más hermoso no cabía imaginar; ahora no le pareció de hielo, como cuando se había sentado en la ventana; a sus ojos era perfecta”.

Con respecto a Lilith, según la Enciclopedia Británica, Lilith es:

female femon of Jewish folklore; her name and personality are derived from the class of Mesopotamian demons called lilû (feminine: lilithu). In literatura Lilith ius variously depicted as the mother of Adam’s demonic offspring following his separation from Eve or as his first wife, who left him because of their incompatibility.

Lilith es el icono de la mujer situada fuera del círculo de lo correcto, tenemos por tanto a otra mujer fatal, demoníaca, perversa. Como dice Golrock Eetessam Párraga en “Lilith en el arte decimonónico: estudio del mito de la femme fatale”, tras muchos siglos de representaciones de diversas Venus que contribuían a la recreación varonil en el prototipo femenino curvilíneo ideal, tenemos que esperar al Romanticismo para “de nuevo en imbuirse de lleno en los movimientos del prerrafaelismo y el simbolismo, para poder hablar de la creación intencionada de un arquetipo mítico a partir de la recuperación de la imagen del mito religioso hebraico, la circunstancia social que rodea a una mujer que comienza la andadura de la emancipación del patriarcado social”. Esto es, imágenes de mujeres independientes y, por ende, demoníacas, circulan por las páginas de la literatura y por los lienzos, como son las mujeres vampiro, las lamias, etc. Y, por supuesto, Elsa. Y la reina de Andersen.

No debe extrañarnos el poder que ejerce la Reina, pues como opina María Helena Sánchez Ortega en “La mujer como fuente del mal; el maleficio”: “la mujer fue con mucha frecuencia la supuesta depositaria de facultades extraordinarias relacionadas con la magia y la capacidad para hacer el mal. Su posición a este respecto evolucionó lentamente desde una postura casi privilegiada en la época greco-latina, para deslizarse poco a poco por el sendero de la demonización, especialmente después del triunfo y la lenta penetración del cristianismo”.

Desde épocas remotas, las mitologías observaban en la deidad de la luna el poder femenino representado, mientras que el sol daba forma al poder varonil. Bajo el efecto de la luna, los llamados “lunáticos” actuaban perversamente, movidos por el hechizo y encanto de esta. Esto es, a la luna se le concedían las propiedades de poder transformar a la gente bajo su encantamiento. De nuevo, observamos el papel femenino relacionado con lo malévolo y lo perverso que ha llegado hasta nuestros días tomando diversas formas, desde los cuentos infantiles (como el de Andersen) hasta películas como “Susana o el demonio hecho carne” de Buñuel, cuyo título no puede ser más explícito y en cuya trama Susana es una mujer sin apellidos que acaba trastornando por completo a los hombres de la familia que la ha recogido, huida del internado de monjas en donde estaba encerrada.

(Foto: “Circe offering the cup to Ulysses” Gallery Oldham, UK)

En “Frozen” Elsa, asustada por el accidente que ha hecho que su hermana “muriera” brevemente, debido a un rayo de hielo que le congeló el cerebro, se oculta y echa la llave tras la puerta de su habitación, convertida en un recinto gélido. Años más tarde, un enfrentamiento con su hermana es resultado de un nuevo ataque, esta vez en el corazón, algo mucho más grave. Elsa huye y construye su propio palacio. En él presenciamos la metamorfosis de la protagonista en una bruja de verdad, dando alas a sus poderes. En el Reino del cuento de Andersen, los copos de nieve no caen del cielo, sino que vienen de la tierra y se vuelven gigantescos y temibles, “tenían formas extrañísimas; algunos parecían grandes, horribles erizos; otros, nudos de serpientes que extendían las cabezas, y otros, como pequeños osos rechonchos, con pelos erizados, todos de un blanco resplandeciente, todos copos vivos de nieve”. Esta imaginería nos traslada la idea de la bruja hechicera; en este caso, todo cobra un aspecto de hielo.

Sobre el frío como espacio en donde el mal sucede y se desarrolla tiene mucho que decir Dante Alighieri y su “Inferno” de La Divina Comedia:

Volvíme, entonces, y miré delante,

bajo mis pies, un lago congelado,

más parecido al vidrio que no al agua.

De tan espesa capa no se cubren,

en invierno, el Danubio en tierra austríaca,

(…) yacían así los condenados, lívidos,

Hasta el lugar en que el rubor asoma,

chasqueando con los dientes cual cigüeñas.

Hacia el hielo inclinaban las cabezas,

testimoniando con su boca el frío

y con los ojos la infinita pena

(…) Mil rostros vi, de tinte tan violáceo,

que desde entonces siempre me horroriza

la vista de un estanque congelado.

Podemos observar paralelismos con el reino de hielo del cuento de Andersen: el eterno invierno, la soledad de los condenados (como la soledad de la reina), el lago congelado en medio del salón sobre el cual reposa la reina…

Esto es, cuando leemos “La Reina de las Nieves” o visualizamos la película, ese invierno eterno es, en realidad, el temible infierno sobre el que gobierna, en el más puro matriarcado, la bruja iracunda del hielo que domina a los hombres bajo su voluntad (en Andersen) y que alza columnas de ventisca para rodearse de la más completa soledad.

Por tanto, la próxima vez que veamos “Frozen” o que tarareemos la famosa canción, que veamos un póster de la película, debemos recordar el cuento de Andersen y tener en cuenta que estamos ante algo que es mucho más que un cuento para niños.

Referencias:

Aguirre Castro, Mercedes (1994). “El tema de la mujer fatal en La Odisea”. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios griegos e indoeuropeos, 4: 301-317.

Alighieri, Dante, La Divina Comedia.

Andersen, Hans Christian. La Reina de las Nieves y otros cuentos.

Eetessam Párraga, Golrock (2009). “Lilith en el arte decimonónico: estudio del mito de la femme fatale”. Signa: Revista de la Asociación Española de Semiótica, 18: 229-249.

Rodríguez Almodóvar, Antonio. “El papel de la mujer en los cuentos populares”. Revista de la Asociación de Amigos del Libro infantil y juvenil, 29: 91-94.

Sánchez Ortega, María Helena. “La mujer como fuente del mal; el maleficio”. Manuscrits: revista d’historia moderna, 9: 41-81.

Related Posts with Thumbnails

3 respuestas a Desde el hielo al infierno: la mujer como el mal

  1. Di que sí a los cuentos de verdad, nada de edulcorantes.

    Juan Manuel García
    28 septiembre 2015 at 12:03 pm

  2. Tenía muchas ganas de ver Frozen y nunca me ponía, pero, después de la cita de Dante, ¡no puedo postergar más! Muy buen artículo

    Lucía
    1 octubre 2015 at 18:10 pm

  3. ¡Muchas gracias!
    Sí que es una película que tiene mucha miga, en donde el papel de los personajes masculinos aparece en un segundo (o tercer) plano.

    Me alegra que os haya gustado 🙂

    Alicia
    3 octubre 2015 at 0:57 am

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.