Bajo el sol de medianoche

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cortoBajo el sol de medianoche, Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, Norma Editorial (2015), 96 pp., 19,50€

Por Mario Rosano.

En un famoso texto, el pensador francés Michel Foucault ha dicho que el anonimato literario no nos es soportable. Esto significa que el valor que le otorgamos a una obra literaria varía en función de cómo respondamos al dónde, al quién y al cuándo, al en qué circunstancias y al a partir de qué, de dicha obra. El autor, dice Foucault, no es sino una función que agrupa varios textos más o menos homogéneos. Debido a esta cuestión, emprender la aventura de reescribir a un personaje ajeno es una empresa loca, que para un iniciado en las tribulaciones del personaje en cuestión puede ser poco menos que delito… Así de prejuicioso comencé yo a leer Bajo el sol de media noche, el nuevo número de Corto Maltés que acaban de publicar los españoles Juan Díaz Canales (Blacksad) y Rubén Pellejero (Dieter Lumpen).

Fenianos, espías y marinos, boxeadores y mujeres guapas, libertadores de pacotilla con aires de grandeza, exploradores, mendigos, proxenetas e incluso Rasputín: ingredientes perfectos para un cóctel perfecto…, pero el buen barman sabe que aquellos matizan diferente según se les agite o se les mezcle, y me da la sensación de que este nuevo número peca de lo segundo. Un incapacitado Jack London le ha pedido a Corto que se enfrente a sus fantasmas. Nuestro marinero ha de llevar un mensaje a un antiguo amor del escritor, y para ello ha de atravesar un Gran norte, al parecer, no lo suficientemente frío. Así como en Corto en Siberia el lento paso de la acción nos va sumergiendo cada vez más en un ambiente helado hasta helarnos los huesos, en este nuevo número parece como si la enorme extensión que hay desde Melville Island a Dawson City fuese cosa tan solo de unos pasos. Cuando se trata de Corto Maltés, la obra de Hugo Pratt se divide en dos clases: aquellos ingentes álbumes que son como novelas, cuya acción exige un desarrollo pausado y profundo de los acontecimientos y aquellos otros que funcionan más bien como un conjunto relativamente extenso de entremeses que gravitan en torno a un mismo marco geográfico. Bajo el sol de medianoche tiene trama de sobra para coger el relevo de los primeros pero su desarrollo es tan precipitado que se queda en un incómodo punto intermedio entre ambos; al acabar su lectura parece como si no conociésemos a ninguno de los personajes que acompañan a Corto en su aventura. El crítico literario Harry Levin ha dicho en un pequeño texto que gran parte de la ficción contemporánea tiende hacia la autobiografía, y esto me parece relevante porque en esa maravillosa biografía de Pratt que es El deseo de ser inútil queda claro que el autor veneciano conoce a sus personajes como (por utilizar una metáfora del gremio al que estamos atendiendo) Blake conoce a Mortimer, y no como un psicoanalista conoce a su paciente.

Pero ¿dónde queda Corto? Creo, a riesgo de parecer demasiado tópico, que entre los álbumes de Pratt encontramos siempre ciertos temas recurrentes más allá de la aventura: el del héroe atrapado en la trampa de su propia nostalgia, el de la complejidad de las relaciones humanas y, en definitiva, el de la soledad. Como protagonista Corto es el encargado de canalizarlos y, aunque cínico y contestón, bajo su gorra blanca siempre podemos encontrar a un tipo de una nobleza extraordinaria que, como dijo el propio Pratt, siente profundamente las cosas, aunque no las explicite. Y es ese espacio para el silencio lo que nos hace crear en nuestro imaginario la pintura de un marino de principios del XX que todavía tiene algo que decirnos en 2015. En este nuevo número Corto es omnipresente. Pocas son las viñetas donde no esté rondando. Pocas son las viñetas donde no diga algo. Pocas son las viñetas donde fumarse un pitillo sea una excusa para tener un vis a vis consigo

En definitiva, Bajo el sol de medianoche es, quizás, un número curioso para un iniciado e innecesario para un profano, aunque no por ello deja de estar plagado de ciertos detalles que son para aquel como las pepitas para el buscador de oro (pienso en ciertas viñetas y en ciertos personajes que en verdad existieron…). Al fin y al cabo quienes han puesto en marcha el proyecto son dos profesionales reputados con una trayectoria y una obra nada desdeñable. Pero volver a Corto son palabras mayores. Que importa quién habla, alguien ha dicho qué importa quién habla. En ciertas ocasiones sí importa, que me perdone Beckett. ¿O es que acaso uno se enfrenta igual al Quijote de Cervantes que al homónimo de Avellaneda?

 

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