Felipe el Hermoso, anatomía de un crimen

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«Un buen día, en el siglo pasado, llegó un genio llamado don Miguel de Unamuno, y nos contó que lo más importante, y lo que más interés le suscitaba, era la intrahistoria. La intrahistoria, amigos, o lo que es lo mismo, que lo que debía importarnos no eran tanto los grandes acontecimientos como los pequeños y no tanto los hechos como las motivaciones que permitían su nacimiento».

felipe-el-hermoso-anatomia-un-crimenActualidad editorial:

En el libro Felipe el Hermoso, anatomía de un crimen, editado por Oberon, David Botello y May Rodríguez desvelan las claves de un crimen que la historia oficial se ha ‘olvidado’ de contar… Traiciones, mentiras, escándalos, sexo, poder y guerras: todo un «Juego de Tronos» en Castilla. A Felipe el Hermoso le dieron matarile. Juana la Loca no estaba loca. Y muchísimo menos de amor. Isabel la Católica envenenó a su propio hermano; luego dio un golpe de Estado y montó una guerra civil para legitimarse. Isabel tiene tantas posibilidades de ser bastarda como su sobrina Juana, alias la Beltraneja. “No queremos engañar a nadie. Este libro puede herir sensibilidades”, afirman David Botello y May Rodríguez, autores del libro y advierten: “venimos en son de guerra, a darle patadas al árbol de cartón piedra de la historia oficial”.

David y May, expertos investigadores, están convencidos de que a Felipe el Hermoso se lo cargaron. Han investigado el crimen, han descubierto al asesino, han desvelado a lo largo de las páginas del libro sus motivos y, de propina, se han remontado al reinado de Isabel y Fernando para entender el contexto y destapar lo que la historia oficial no ha contado. A pesar de que Felipe, primer rey de los Austria, es un tipo importante, sabemos muy poco de él. A lo mejor es que se han olvidado un poco a posta. El reinado de Felipe I es un fastidio, sobre todo si comulgas con eso de que Isabel y Fernando unieron España. “Porque, vamos a ver, cuando muere Isabel, el trono de Castilla lo hereda su hija Juana. Fernando sigue vivito y coleando en su trono de Aragón. Eso de que haya dos reyes distintos nos suena a que siguen existiendo dos reinos: el de Castilla para Juana y el de Aragón para Fernando”, explican los autores y concluyen que “el sentido común nos dice que no: los reyes católicos no unieron España”.

Algunos «detallitos» que se olvidaron de contarnos…

* El padre de Isabel, Juan II, y Álvaro de Luna eran amantes. Sí. Eran homosexuales. Cuando Juan II se casó con Isabel de Portugal, se formó un triangulo amoroso. Parece ser que Álvaro de Luna visitaba con tanta frecuencia la alcoba de Isabel como la de Juan. Cuando Isabel de Portugal perdió la cabeza, le dio por gritar por los pasillos del castillo de Arévalo: «¡Don Álvaro! ¡Don Álvaro!». ¿Le echaba de menos, más que a su marido el rey? ¿Qué probabilidades hay de que Isabel la Católica sea hija de Álvaro de Luna?

* A Isabel se le olvidó contar a su querido Fernando que se había proclamado reina de Castilla sin contar con él. Fernando no se lo tomó muy bien y estuvo a punto de montar una guerra contra su querida esposa. Al final, Isabel, no se sabe cómo, le convenció de que era lo mejor que les podía ocurrir. Fernando, no se sabe cómo, se lo tragó. Tanto monta, monta tanto.

* Todos los personajes que amenazaban el acceso de Isabel al trono acabaron muriendo de forma tan repentina como conveniente. El primero fue Pedro Girón, con quien estaban a puntito de casarla; el segundo fue su hermano Alfonsito, que se comió una trucha en mal estado; y el tercero, su hermano Enrique, murió convencido de que Isabel, con ayuda de Fernando, le había envenenado. ¿Es que todos los que rodean a sus católicas altezas son malísimos?

* ¡Cuidado con el agua fría! A los implicados en el crimen les venía de perlas que todo el mundo se tragara que Felipe la palmó por culpa de un vaso de agua fría. La jugada les salió tan redonda que hasta nuestras abuelas nos advertían: «no bebas agua fría, que te puede pasar lo que a Felipe el Hermoso». Pero lo cierto es que, fuera de Castilla, en Flandes, nadie duda de que a Felipe lo asesinaron.

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David Botello Méndez: a la hora de contar historias, David vale para un roto y para un descosido. Guionista, escritor, periodista, creador de contenidos, desarrollador de formatos de televisión, storyteller… Lo mismo te escribe un libro, una obra de teatro, una serie o un programa de televisión. Se ha pasado media vida buscando historias y tratando de plasmarlas en cualquier formato. En cuanto conoció a May, se dio cuenta de que tenía una gran historia entre manos.

May Rodríguez Albendea: en este tándem, May es el que sabe de historia. Si quieres encontrarlo, solo tienes que preguntar en la Biblioteca Nacional. May estudió Políticas y Estudios Internacionales, lo que pasa es que cuando le preguntas, te dice que es historiador. Y vaya si lo es. Uno de esos tipos que se pone los guantes de látex para leer legajos en castellano antiguo y luego contarte lo que ha leído con una claridad y una gracia castellana que te deja tiritando. Si le dejas, te cuenta la lucha feroz de intereses y de poderes en la historia de la política europea; lo que pasa es que casi nunca le dejamos y por eso ha escrito este libro.

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Felipe el Hermoso. Anatomía de un crimen.  David Botello y May Rodríguez.  Oberon, 2015.  368 páginas.  14,90 €

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Una respuesta a Felipe el Hermoso, anatomía de un crimen

  1. Por un lado me parece que es cierto eso de que lo que conocemos en cualquier país casi siempre es : la historia oficial, y por el otro, pienso que irnos a los detalles de cientos de años atrás también es un engaño.
    Si los periódicos nos mienten con lo que leemos que sucedió en el día de ayer ¿quién puede contarnos una verdad que se pudrió con el tiempo transcurrido y cuya descomposición está contada encima, por el que tiene el interés de que el libro del que habla o escribió, sea vendido?
    Por mi parte me gusta leer Historia o la historia novelada, pero no tengo ningún interés en el chismerío de pasillo, para eso está la realidad televisiva de hoy.

    No me parece honesto invocar a Unamuno un genio del pensamiento en un artículo que comenta un libro que por lo visto, tampoco vale mucho la pena leer.Habría que analizar primero qué interpretamos por “intrahistoria” nosotros y cuáles son las coincidencias y diferencias al respecto con Unamuno.

    Norma Aristeguy
    4 diciembre 2015 at 18:15 pm

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