7 experiencias duras que te hacen mejor escritor

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sufrimiento

Que las emociones negativas es algo de lo que a todos nos gustaría huir es más que evidente. Que por mucho que queramos, estamos obligados a pasar por experiencias variadas en la vida y que no todas son agradables, es un hecho consumado. A esto, yo añadiría que las personas que han pasado por situaciones más duras suelen ser más comprensivas. Sobre todo si es algo parecido. De ahí que existan los grupos de apoyo.

Pero aquí hablamos de escribir. Escribir puede ser una terapia estupenda, un modo de desahogo estupendo y una herramienta para ordenar emociones y pensamientos. Sin embargo, en este artículo yo os voy a proponer lo contrario: no utilicéis escribir solo para vuestra gestión emocional. Utilizad lo que os ha pasado y ponedlo al servicio de vuestras historias. Así, cuando menos, de cada mala experiencia sacaréis un relato, un poema o, incluso, una buena novela.

Un escritor debe ser empático, capaz de ponerse en el lugar del otro, sobre todo en el de su personaje. Pero hay cosas que solo podemos imaginar, y otras que podemos contar de lujo, porque las hemos vivido. O, al menos, de modo similar.

Así que hoy os traigo una recopilación de momentos duros que harán vuestras historias mucho más auténticas. Como seguro que habéis vivido más de una, nunca olvidéis que, a pesar de todo, estos momentos os han hecho más humanos y os han dado la posibilidad de emocionar y conectar con los lectores. Que es de lo que va esta comunicación literaria.

1. Una situación de peligro. En las películas de acción nos presentan a los personajes como grandes héroes con una enorme capacidad de reacción. Pero algo me dice que la mayoría de nosotros, antes situaciones duras y que requieren una respuesta rápida, podríamos no saber cómo reaccionar. Piensa en esa vez que te atracaron, o cuando tuviste un accidente… seguro que desde entonces transmites mucho mejor la adrenalina, la sensación de desorientación, de «verlo todo como en una película» —tu cerebro amortigua el recuerdo para hacerlo más soportable—, la diferencia de ritmo entre tu mente y lo que sucede fuera, la sensación de indefensión y la necesidad de reaccionar y no saber cómo. Escríbelo.

2.Un caso de acoso. Puede que te haya pasado. En el instituto, en el colegio, en el trabajo, incluso con un familiar. Entenderás de una forma diferente esa sensación de incertidumbre y temor flotante, a la espera de que suceda algo cuya causa no comprendes, el «no sé qué te pasa conmigo» y el «lo único que quiero es que me dejen en paz». El no saber qué tontería ha comenzado el problema y cómo puede llegar a adquirir proporciones exageradas. Las ganas de esconderte y de no saber pedir ayuda. Escríbelo.

3.Una traición. Una persona que es un pilar en tu vida resulta no serlo. No era tan incondicional, o ya no lo es. Lo niegas, te planteas si la relación ha sido auténtica. ¿Qué demonios ha pasado para que alguien a quien sentías cerca parezca odiarte o, lo que es peor, despreciarte? ¿Cómo se lucha entre la incredulidad y el dolor? ¿Cómo se da uno por vencido y acepta algo así? ¿Se vuelve a confiar igual? Escríbelo.

4.Una ruptura. No enumeraré aquí todas las fases por las que se pasan, ni todos los tipos de ruptura que puede haber. Pero, claramente, esta es una de las situaciones que, de un modo u otro, comprenderá mucha gente. Desde la sensación de que el mundo se ha acabado hasta salir fortalecido o no conseguir salir de ello, y pensando en que el amor es un asunto tan potente y tan fuerte que ni la fuerza de la gravedad lo iguala —o eso decía Merlín el Encantador—, todas sus facetas dan para invertir —nunca derrochar— ríos de tinta. Escríbelo.

5.Una pérdida. Seguro que ya tienes en tu mente a esa persona que perdiste. Y cómo fue: tal vez tan repentino que no pudiste prepararte. Tal vez largo y angustioso, un proceso aciago en el que solo sabes que el final va a ser terrible. Que te niegas y luego no puedes creer. Te despiertas y piensas que es mentira. Luchas por buscarle algún sentido. Te preguntas si pudiste hacer algo para que no pasara y debes aceptar que no tenías ningún poder en ello. Es triste, pero funciona y te conecta con todos. Absolutamente con todo el mundo. Escríbelo. Y llora mucho si te hace falta.

6.Una enfermedad. Ya sea la más terrible y dolorosa o la más difícil de explicar. La sensación de impotencia, el malestar físico y anímico que genera la debilidad y el excesivo ejercicio de paciencia que puede llevarnos a la desesperación. El miedo a la muerte o el miedo a no recuperarse. Aprender a superarlo o a vivir con ello. La sensación de soledad, la alegría de quien apareció para ayudarte y la de abandono de aquellos que te fallaron. Aún estás vivo. Escríbelo.

7.Ser el malo. Nadie es cien por cien supervillano. Eso selo dejamos a los cómics de los sesenta. Bueno… y ni a esos. Si has hecho algo malo, francamente egoísta, explora tus razones, tus miedos y qué te llevó a ello: a hacer daño a los que quieres, a quedarte con lo de otros, a menospreciar las consecuencias desagradables de tus actos. Qué sentiste y por qué a pesar de todo, seguiste adelante con ello. Si hubo culpa o justificación. Si hubo miedo, abandono… puede que no seas la mejor persona del mundo o que no lo fueras en aquel momento, pero no se trata de esto. Se trata de que todos cometemos errores y de que muchas veces no nos atrevemos a cometerlos. Y por eso los «malos» a veces tienen tanto gancho. Escríbelo.

Covadonga González-Pola

www.talleresliterariosonline.com

@CovaTLO

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2 respuestas a 7 experiencias duras que te hacen mejor escritor

  1. Gracias Cova.
    Ahora estoy en una de esas fases: la enfermedad. Me está saliendo una novela, (la primera). Uno de los mayores dolores ha sido el abandono de algunos que consideraba “amigos”, y la satisfacción de que han aparecido otros que no creía que lo fueran tanto. Han quedado poco pero los “auténticos”, como yo escribo en mi futura novela.
    También hay más cuestiones dolorosas que reflejo en el relato como lo duro que es la quimioterapia y el que algunos familiares no están a la altura del apoyo emocional haciendo daños incalculables.
    De nuevo, gracias por aconsejarnos y animarnos a escribir.
    Un beso.

    Tana
    9 diciembre 2015 at 13:29 pm

  2. Gracias por tu comentario, Tana. Te deseo una pronta recuperación y que esto no solo te ayude a escribir, sino a hacer limpieza de gente que no quiere o no sabe estar a la altura. Un abrazo y muchas fuerzas. ¡No pares de escribir!

    Covadonga González-Pola
    9 diciembre 2015 at 14:12 pm

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