Cómo honrar a Poe en su aniversario. Escribiendo, por supuesto

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Doscientos siete años no son ninguna tontería para ser el gran maestro del terror. A estas alturas del día seguramente todos sabemos que hoy habría sido el cumpleaños del gran Edgar Allan Poe, ese hombre de mirada atormentada que tan bien jugaba con el miedo y la obsesión de la mente humana.

Si habéis leído nada de su obra, hoy puede ser un buen día para hacerlo. Y también para dejar volar la imaginación y atrevernos con un género tan complicado como es el terror.

Así que voy a reproducir aquí un ejercicio de escritura creativa que propuse hace tiempo en un café literario y que creo que puede servirnos para dedicar un rato hoy a pensar en esta genial figura de la literatura.

Aquí, un pequeño texto de Poe que es, además, muy especial:

1 de enero de 1796. Hoy, mi primer día en el faro, anoto esta entrada en mi Diario, tal como acordé con De Grät. Mantendré el diario tan regularmente como pueda, aunque nunca se sabe lo que pueda sucederle a un hombre solo como yo; podría enfermar, o algo peor… ¡Hasta ahora todo va bien! El velero se salvó por poco, pero ¿por qué detenerme en eso, ya que estoy aquí, a salvo? Mi ánimo empieza a revivir, ante la sola idea de hallarme, por primera vez en mi vida, totalmente a solas; ya que, desde luego, Neptuno, pese a su tamaño, no debe ser considerado “sociedad”. ¡El cielo no quiso que yo encontrase en la “sociedad” solo la mitad de lealtad que hay en este pobre perro! Pues en tal caso la “sociedad” y yo no tendríamos por qué habernos separado, por todo un año… Lo que más me sorprende, es la dificultad que tuvo De Grät en obtener para mí este destino, ¡siendo yo un noble del reino! El Consistorio no tendría duda de mi capacidad para manejar el fanal. Un hombre solo había cuidado de él hasta ahora, y lo hacía tan bien como los tres que se ocuparon antes que él. Mis obligaciones son sencillas, y las instrucciones impresas no podían estar más claras. Nunca lo habría hecho de dejar que Orndoff me acompañase. Nunca hubiera podido dedicarme a mi libro estando cerca de él, con sus chismes intolerables, por no hablar de su eterna pipa de espuma de mar. Además, deseo estar solo… Es extraño, nunca, hasta este momento, me había percatado de cuán lúgubre sonido tiene esta palabra: ¡”Solo”! Deben de ser fantasías mías que haya creído notar un extraño eco tras estos muros circulares, pero ¡oh, no! Esto son tonterías mías. Acabaré perdiendo la tranquilidad con tanto aislamiento. Pero eso nunca va a suceder. Aunque no he olvidado el vaticinio de De Grät. Ahora, voy a comprobar la linterna y luego echaré un vistazo a los alrededores, a ver «qué se ofrece a mis ojos»… A ver qué puedo encontrarme de hecho… No mucho… El oleaje está amainando un poco, creo; el cúter hallará una dura travesía de vuelta a casa. Seguro que no tendrá a la vista las costas de Norland antes del mediodía de mañana, y no estarán a más de 190 o 200 millas.

2 de enero. He pasado el día de hoy en una especie de éxtasis que me parece imposible describir. Mi pasión por la soledad difícilmente podría haber sido mejor satisfecha. No debiera decir satisfecha, aunque creo que nunca experimentaré un placer semejante al que he experimentado hoy… El viento se calmó hacia el amanecer, y por la tarde la marea estaba muy baja… Nada que observar con el telescopio, nada más que mar y cielo, y alguna gaviota ocasional.

3 de enero. Calma chicha durante todo el día. Hacia el atardecer, el mar parecía un espejo. Algunas algas marinas se ofrecieron a la vista, pero, aparte de eso, absolutamente nada en todo el día, ni siquiera la más mínima traza de nube… Ahora me ocupo de explorar el faro… Es altísimo, me cuesta trabajo subir sus interminables escaleras, unos 160 pies, diría yo, desde la línea de bajamar hasta lo alto del fanal. Desde lo más profundo en el interior del eje, sin embargo, la distancia hasta la cúspide es de 180 pies por lo menos, por lo tanto el piso se adentra 20 pies bajo la superficie del mar, incluso estando la marea baja… Opino que el interior hueco de la parte inferior debería haber sido rellenado con mampostería maciza. De este modo, sin duda el conjunto hubiese quedado más sólido. Pero ¿qué estoy pensando? Una estructura de este tipo ya es lo suficientemente segura en cualquier circunstancia. Debería sentirme a salvo en su interior, incluso si la azotase el más feroz de los huracanes, y sin embargo, he oído decir a los marineros que de vez en cuando, con el viento del suroeste, el mar en este sitio se ha sabido que ha restallado más alto que en cualquier otro lugar, con la única excepción de la boca occidental del Estrecho de Magallanes. Ningún mar, sin embargo, podría oponerse a este muro de sólido hierro remachado que, a 50 pies de la línea de pleamar, tiene cuatro pies de espesor, si esto es una pulgada… La base sobre la que descansa la estructura parece ser de roca caliza…

4 de enero

Y aquí termina el texto. Si bien no tiene título, normalmente se hace referencia a él como El faro. ¿Que por qué no está terminado? Porque nuestro querido maestro murió poco después de comenzarlo. No queda muy claro si en un delirium tremens, si de un ataque al corazón, de epilepsia… dejad volar vuestra imaginación como lo haría él.

Pero voy al grano. Tenemos un ambiente que invita al terror. Tenemos un relato inconcluso del maestro. Y tenemos nuestra mente con una interminable lista de miedos —y, si con esos no son suficientes, os dejo aquí una lista interesante—.

¿Y si nos atrevemos a concluir este relato? ¿Qué sucedió el 4 de enero? ¿Y más adelante?

Para continuar esta historia es importante que tengamos en cuenta algunas claves para escribir terror:

1.Escoge el miedo. No es necesario que sea raro o sobrenatural, tú eliges. Recuerda que si es un miedo que conoces bien, será más fácil transmitirlo y te dará más posibilidades de empatizar con el lector de tu relato porque podrás hacer razonable ese miedo y lograr que él lo sienta con mayor intensidad.

  1. Pon la ambientación al servicio del miedo. En esto ya te ha ayudado el maestro Poe. Escoge muy bien lo que vas a dejar ver, lo que vas a ocultar deliberadamente y lo que irás mostrando más adelante, además de cómo lo harás. Juega con la sensación de inseguridad y suspense.
  2. Crea personajes fuertes, pero con debilidades. Si son demasiado asustadizos diluirás el terror. Si son demasiado fuertes no será fácil que el lector empatice con ellos. Por eso es mejor que tengan pocos temores o miedos escondidos. La inseguridad que estos les genere será, entonces, una vía única y eficaz para incrementar la sensación de indefensión hasta destruirlos —si así lo deseas—. Por supuesto, en este caso, ya tenemos al narrador de la historia, que se encuentra en el faro. Analicemos su forma de expresarse para pensar en qué miedos ocultos podemos atribuirle.
  3. Haz crecer el suspense hasta llegar al terror. Aprovecha la situación tranquila y de soledad que ha creado Poe en su texto. Busca un pequeño desencadenante del que partir. Y, a partir de ahí, incrementa la sensación de incertidumbre jugando con pequeños y chocantes descubrimientos. Prepara bien el descubrimiento final para que genere auténtico pavor.
  4. Busca un final a la altura. Vale, a la altura de este autor puede que sea difícil, pero al menos vamos a intentarlo. En cualquier caso, recuerda que las historias de terror no suelen acabar bien o, al menos, no del todo. El trauma puede haber concluido, pero el miedo y la amenaza pueden haber sobrevivido.
  5. Comparte tu relato. Déjalo en forma de comentario al final de este artículo. Si lo deseas, muévelo también por tus redes y hagamos del día de hoy un escalofriante #homenajeaPoe.

Covadonga González-Pola

www.talleresliterariosonline.com

@CovaTLO

 

 

 

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