Recomiénda(me) un libro

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Por: Inés Sánchez de la Viña Rodríguez

-Oye, María. Imagínate que estás en una librería y ves a un completo desconocido rebuscando entre las estanterías de la tienda, apartando ejemplares y examinándolos uno por uno pero sin decidirse a comprar uno.

-¿En qué tipo de librería estoy? -No sé… Pues en la típica de barrio, esa en la que todo hijo de vecino ha entrado alguna vez, aunque sea por equivocación. Ya sabes, del tipo decrépita pero encantadora. Con montones de libros apilados en el suelo y muchas estanterías barrocas medio descompuestas. Todo así muy manga por hombro, muy desordenado.

-Vale. Del rollo segunda mano, ”tirao”.

-Exacto. Bueno, imagina ahora que ves a este ”joven” desconocido, absorto en lo que parece la búsqueda del Santo Grial. Resoplando molesto porque parece no encontrar lo que busca.

-¿Y qué aspecto tiene el chico?

-Eso da igual. Es un chico desconocido del aspecto que se te antoje, deambulando de un lado para otro entre los angostos pasillitos tan característicos de estas librerías. Lleva ya un buen rato ensimismado, contrariado y descontento ante lo que parece una pesquisa sin final feliz. Si tuvieras que recomendarle un libro, ¿cuál sería y por qué?

Pongámonos en situación: imaginemos que usted es ese desconocido (o desconocida en su defecto) y se encuentra en esa decrépita –y no por ello menos encantadora– librería antigua de su barrio. ¡Malditas estanterías! Exquisitamente desordenadas, ¿acaso alguien logra encontrar algún ejemplar decente entre este torbellino de autores y títulos inconexos? Mierda. No sé lo que busco. En primer lugar, yo entré en la librería por pura coincidencia y, oye, la actitud de ‘‘a ver qué encuentro’’ muchas veces funciona. Pues no en esta ocasión. Nada. No veo absolutamente nada que llame mi atención. S.O.S. Bien podría ocurrir que alguien tuviera la bondad de ayudarme y sugerirme algún título. Pero prefiero que no sea el dependiente de la tienda, eso me hace sentir incómodo. No tengo muy claro si es por pura timidez o porque intuyo que el dependiente se limitará a recomendarme un ejemplar del que se quiere deshacer (seamos realistas, lo hacen muchos).

No sé si el lector estará de acuerdo conmigo en que esta escena resulta absolutamente encantadora, casi poética. A mí personalmente me encantaría que un perfecto desconocido me abordara sugiriéndome un título al azar. Confieso incluso que se trata de una especie de imagen recurrente bastante singular con la que me sorprendo fantaseando de cuando en cuando. Pero esa es otra historia.

La cuestión es, invirtiendo ahora la situación; ¿qué tipo de recomendación se le puede a hacer a alguien que uno no conoce en absoluto? ¿Basamos nuestra recomendación en el aspecto de la persona? ¿O lo hacemos pensando en nosotros mismos?

Personalmente, y para mi tipo desconocido en cuestión, yo tengo claro mi título: Things the Grandchildren Should Know, o su traducción Cosas que los nietos deberían saber. El autor, Mark Oliver Everett, más conocido por ser el líder y vocalista del grupo Eels. ¿Y por qué este libro en concreto y no otro? Ciertamente no es el mejor libro que he leído, ni tampoco mi favorito. No es el libro con el que más he disfrutado leyendo, ni mucho menos. Es tan solo un libro con su historia de principio a fin, aunque algo definitivamente tiene, desde luego; ese ‘‘no sé qué’’ por el que me inclino a recomendár(te)lo.978849373621

En lo que respecta al libro en cuestión, se trata de una rara y preciosa autobiografía musical (y no tanto) del cantante norteamericano. Como nota previa he de mencionar que no soy especial fan de las autobiografías; y de hecho las pocas que he logrado terminar han sido más bien por imposición que por gusto. La excepción que confirma la regla es Winter Journal (Diario de Invierno) de Paul Auster. Un relato autobiográfico que también aprovecho para recomendar.

En lo que respecta a Everett, su narración es bastante más simple que la de su compatriota. El cantante hace un repaso de sus memorias de infancia y juventud. La historia de su vida, peculiar pero al mismo tiempo universal, es la constatación de lo que son las circunstancias humanas, o sea, de lo que todo ser humano llega a experimentar de una u otra forma durante los años de infancia y juventud. Everett describe, entre otras cosas, su recorrido por una infancia algo atípica, reflexiona también sobre las cicatrices emocionales que nos va dejando la vida, la confusión tras la pérdida de un ser querido (en su caso, las pérdidas de su padre, madre y hermana), y también, en su caso particular, la fascinación por el mundo de la música.

De momento sigo vivo, y he acabado por entender que alguno de los peores momentos de mi vida han desembocado en alguno de los mejores, así que no soy de los que devora con avidez el melodrama ajeno. Cada día es cada día, y punto.

Cosas que los nietos deberían saber es la clase de libro que empiezas por mera casualidad, pero también la clase de libro con el que comienzas a sonreír y a marcar páginas con reflexiones que te apropias. Tras el tono un tanto humorístico y diáfano del autor se esconde un trasfondo trascendental que al principio pasa desapercibido, pero que va ganando importancia a medida que se suceden las anécdotas que conforman los recuerdos del artista. Es un libro precioso porque es verdad, porque despierta emociones encontradas y porque conmueve incluso al que no sabe quién es este hombre. En definitiva, una autobiografía de gran valor por su sencillez además de una buena lectura en aquellos momentos en los que nos acecha la incógnita del vivir.

 

Cosas que los nietos deberían saber. Autor: Mark Oliver Everett (2009).Editorial: Blackie Books. 2009.

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